Opinión | El fin de la legislatura; por Julio Calvo
A poco más de un año de que acabe la legislatura, Pedro Sánchez quiere agotar los plazos y aún ha expresado su deseo de “otros ocho años de gobierno progresista” (cabe aventurar que con él al frente).
Ante ello, cualquier ciudadano de otro país europeo, con costumbres democráticas más arraigadas o más estrictas que las nuestras, se sorprendería. ¿Cómo piensa agotarla? Y sobre todo, ¿para qué? Si su investidura tuvo que comprarla, literalmente, porque ni siquiera ganó las elecciones; si no ha sido capaz de presentar el proyecto de Presupuestos en tres años.
Apenas puede aprobar ninguna ley por falta de mayoría en el Parlamento; si sólo puede gobernar a base de decretos-ley y aún éstos son con frecuencia tumbados en el trámite de convalidación por falta de apoyos; si tiene que negociar, mendigar, comprar realmente, los apoyos a cualquier iniciativa que pretenda sacar adelante; si tiene a los que durante años fueron sus colaboradores más cercanos y a su familia imputados o procesados por delitos de corrupción…
Y por si faltara poco, en pocos meses acaba la llegada de dinero de los fondos europeos que le han permitido sortear la situación económica y de los que parece haber echado mano, de forma improcedente, para disimular el agujero de la Seguridad Social. ¿Cómo lo hará a partir de ahora? Es verdad que hay unas favorables cifras de empleo, pero que no consiguen disimular una realidad incómoda, que el poder adquisitivo de los españoles no ha hecho sino disminuir en los casi ocho años de mandato de Sánchez y que hoy somos más pobres que cuando él entró a gobernar.
El final de la legislatura, si pretende agotarla, va a ser agónico, si los casos de corrupción no acaban por llevárselo por delante o la crisis económica no acaba siendo demasiado evidente antes de que pueda disolver las Cortes y convocarnos a las urnas, en mucha peor situación que ahora. El recuerdo del final de la legislatura de Zapatero, su comparecencia en la tribuna del Congreso para anunciar con voz entrecortada los mayores recortes económicos habidos nunca en muchos años, debería estar presente en la mente de Sánchez.
Quizás lo esté. Y si lo está y creyera los sondeos de Tezanos, mañana mismo convocaría elecciones. Pero no los cree. Aunque hay algo que es evidente: ni siquiera Sánchez, el resistente, puede luchar contra la ley de la gravedad, tarde o temprano se te acaba el combustible, o te agotas, y el presidente tiene ya mucho lastre en las alas. Los resultados de Andalucía, el final de los fondos europeos, los casos de corrupción… ¿Aguantará hasta el final? No lo creo, aunque reconozco que hacer pronósticos con Sánchez es muy aventurado.
Que Sánchez esté intentando mantener esta legislatura estéril hasta 2027 sólo tiene dos explicaciones: que necesite el poder como blindaje frente a la Justicia por los casos que afectan a su familia y poder culminar el proceso de nacionalización masiva de nietos de inmigrantes que se incorporen al censo electoral y consiga así volcar el voto a su favor de manera ya irreversible por muchos años. Porque no hay que olvidar que la regularización de los inmigrantes, que tanto preocupa a la sociedad, no supone, por el momento, el derecho al voto, pero la nacionalidad de más de dos millones de nietos, sí. Éstos, que no han nacido en España ni la conocen, podrán votar y decidirán el gobierno de los españoles, pero no disfrutarán sus aciertos ni sufrirán sus errores. ¿Y a qué circunscripción electoral se les asignará? Ayuso, tiembla.
Ahora bien, conociendo su trayectoria, la herencia económica oculta que va a dejar va a ser peor que la de Zapatero, y la tensión social va a ser insoportable, con los sindicatos y los nacionalistas en pie de guerra. La derecha -imagino que PP y VOX en inevitable coalición- van a tener que hacer un esfuerzo de unidad y resistencia que va a poner a prueba su patriotismo (que se lo supongo a ambos), su determinación (especialmente la del PP) y su responsabilidad (especialmente la de VOX). Veremos.
Julio Calvo Iglesias
Exconcejal del Ayuntamiento de Zaragoza