Editorial | La concertación del bachillerato: una oportunidad para ampliar la libertad educativa en Aragón
La extensión de la concertación educativa al bachillerato en Aragón merece un debate sereno, alejado de las trincheras ideológicas en las que con demasiada frecuencia se instala la política educativa española. Ampliar la concertación al bachillerato es una decisión correcta, oportuna y coherente con un modelo educativo que lleva décadas funcionando en España con resultados contrastados.
El argumento más sólido a favor de la concertación del bachillerato es también el más sencillo: la libertad de elección de las familias. En la etapa obligatoria miles de familias aragonesas han elegido para sus hijos centros concertados.
Han construido una relación de confianza con esos centros, con sus proyectos educativos, con sus valores y con sus comunidades. Que esos mismos centros no puedan ofrecer el bachillerato en las mejores condiciones económicas es una ruptura artificial de ese itinerario educativo que perjudica especialmente a las familias con menos recursos.
La concertación no es un privilegio de las familias acomodadas. Es exactamente lo contrario. Las familias con más recursos pueden pagar el bachillerato en un centro privado sin ayuda pública. Las que no pueden hacerlo son las que se ven obligadas a cambiar de centro al llegar al bachillerato no porque quieran sino porque no pueden permitirse otra opción. Extender la concertación al bachillerato es en ese sentido una medida de equidad tanto como de libertad.
España lleva décadas con un modelo educativo mixto que combina la red pública con la concertada. Ese modelo ha dado resultados. Los centros concertados aragoneses han demostrado su capacidad para ofrecer una educación de calidad complementaria y no competitiva con la red pública. Negarles la posibilidad de extender su proyecto educativo al bachillerato no tiene ningún fundamento pedagógico sólido. Tiene únicamente un fundamento ideológico.
La escuela pública aragonesa es un activo fundamental de la comunidad. Defenderla no exige atacar la concertada. Son dos redes que pueden y deben coexistir en beneficio de toda la sociedad aragonesa. La una no resta a la otra. La complementan.
La concertación del bachillerato va a ser uno de los debates más intensos de esta legislatura en las Cortes de Aragón. La oposición tiene argumentos legítimos que deben ser escuchados y respondidos con datos y con rigor. El Gobierno de Jorge Azcón tiene la responsabilidad de explicar con claridad el modelo que propone, sus costes, sus plazos y sus garantías para la red pública.
El debate merece altura. Sin el argumento fácil de que ampliar la concertación es "privatizar la educación" —no lo es— ni el argumento igualmente fácil de que quien se opone a ella es "enemigo de la libertad" —no lo es tampoco—.
Aragón tiene una oportunidad real para ampliar las opciones educativas de sus familias sin renunciar a la calidad ni a la equidad del sistema. Un debate que merece estar a la altura de lo que está en juego para miles de familias aragonesas.