Editorial | CHA ante su oportunidad histórica
Hay relevos que son simples sustituciones y hay relevos que son puntos de inflexión. Lo que ocurrió este sábado en Alcañiz tiene más de lo segundo que de lo primero. Chunta Aragonesista no solo ha elegido un nuevo presidente tras la muerte de Joaquín Palacín. Ha apostado por una forma diferente de entender el aragonesismo de izquierdas: más joven, más conectada a los nuevos lenguajes políticos y más dispuesta a romper con las inercias familiares que durante años han condicionado la renovación del partido.
Jorge Pueyo llega al frente de CHA con un perfil que genera expectativa genuina. No es el candidato del aparato heredado sino la apuesta por un liderazgo despierto, con capacidad de conectar con una ciudadanía que consume política de otra manera y que exige a sus referentes algo más que coherencia ideológica: les exige presencia, cercanía y la capacidad de hablar con claridad en los espacios donde hoy se construye la opinión pública. Las redes sociales no son un adorno en la política contemporánea. Son el territorio donde se ganan o se pierden las batallas de la relevancia. Y CHA, con Pueyo, parece entenderlo.
Pero la expectativa tiene su prueba de fuego en las municipales de 2027. Es ahí donde se consolidará o se diluirá el proyecto que nace hoy. Las elecciones locales son el terreno natural del aragonesismo: el municipio, el territorio, la vida concreta de los pueblos y las ciudades de Aragón. Si CHA es capaz de traducir su renovación en candidaturas fuertes, en propuestas que aterricen en los problemas reales de los aragoneses y en una presencia que supere sus feudos tradicionales, el paso dado en Alcañiz habrá valido algo más que un congreso.
La pregunta que define todo lo demás
Con seis diputados en las Cortes de Aragón, CHA tiene fuerza parlamentaria suficiente para trazar un discurso propio. Y ahí está la pregunta que definirá el perfil político de la nueva etapa: ¿qué CHA quiere ser Pueyo?
El camino fácil es el de siempre: orbitar alrededor del PSOE de Pilar Alegría en Aragón o sumarse al espacio difuso de Sumar sin marcar distancias claras. Es el camino que lleva al partido a ser una voz subsidiaria, útil en los pactos pero invisible en el relato. No es un camino que atestigue los seis diputados que la ciudadanía le ha dado ni el legado que otros aragonesistas de CHA cultivaron durante años.
El camino difícil, pero el único que puede convertir a CHA en una referencia duradera, es el de Compromís en Valencia o el del BNG en Galicia. Fuerzas de izquierda con identidad territorial fuerte, capaces de mantener alianzas sin perder su voz, de criticar al PSOE cuando toca y de construir un espacio propio que no dependa de la tutela de ningún partido estatal. Ese modelo existe, funciona y tiene recorrido. Trasladarlo a Aragón exige audacia, claridad ideológica y la disposición a incomodar a quienes preferirían tener a CHA como compañero de viaje silencioso.
Un hueco que nadie más puede ocupar
El contexto político aragonés añade urgencia a esa tarea. Con la desaparición parlamentaria del PAR, Aragón ha perdido una de las pocas voces que, desde posiciones distintas, articulaba un discurso centrado en los intereses específicos de la comunidad frente al centralismo. Que esa voz haya sido la de un partido de centro-derecha no cambia el diagnóstico: el aragonesismo como proyecto político necesita representación en todo el espectro y la ausencia del PAR deja un vacío que CHA, desde la izquierda, puede y debe intentar llenar parcialmente.
No es una tarea sencilla. El contexto general es de derechización del electorado, de polarización que aplasta los espacios intermedios y de un potencial gobierno de PP y Vox en el Pignatelli que marcará la agenda política aragonesa durante los próximos años. En ese entorno, mantener un discurso aragonesista de izquierdas que sea a la vez crítico con el gobierno autonómico, distinto del PSOE y relevante para la ciudadanía es una ecuación complicada.
Pero está en manos de Pueyo y de su equipo intentarlo. La materia prima existe: seis diputados, una militancia que ha demostrado madurez, una identidad política reconocible y un momento de renovación que genera atención.
