Opinión | El pasado es un lugar extraño; por Daniel Aquillué
El pasado es un lugar extraño. El choque si pudiéramos viajar a cualquier siglo precedente sería brutal. Probablemente ni nos entenderíamos. Podríamos ser pasto de enfermedades, hambre y violencias.
Desde las investigaciones históricas se intenta desentrañar la complejidad de ese pasado, comprender los factores que determinaron que los procesos se desarrollaran de una forma u otra, analizar las motivaciones de los sujetos individuales y colectivos que forjaron la historia.
Para ello acudimos a las fuentes primarias, a la bibliografía posterior sobre el tema, realizamos comparativas, aplicamos categorías, cuantificamos e interpretamos. Luego, hay que publicar los resultados y divulgarlos.
Eso nos puede servir para comprender el pasado y claves del presente, cómo se ha forjado nuestro mundo, nuestras tradiciones, países, identidades y memorias. También los relatos sobre ese pasado histórico.
Sin embargo, en esa rica y fascinante complejidad, hay quien prefiere mirar sesgadamente. Hay quien lo hace por ignorancia y hay quien lo hace con malicia. O algo intermedio, con intereses partidistas presentistas de cara a un público al que exaltar apelando a sentimientos viscerales con relatos simplistas.
Estos abusos los vemos con muchos temas de la historia. Uno asiduo es la conquista de América. Políticos y políticas de distintos lugares, de uno u otro color político, se han enzarzado recientemente en reproches pseudohistóricos con base en una leyenda negra o una leyenda rosa. Mientras eso sucede, Clío, la musa clásica de la Historia, llora desconsolada.
No es este el lugar para analizar detalladamente los sucesos que condujeron a que Hernán Cortés acabase gobernando México, aunque quizás podamos dar algunas claves.
Quien quiera saber más, puede encontrar abundante bibliografía. No se puede mirar con ojos del presente sucesos del siglo XVI, ni para encumbrar a Cortés como un héroe cortés nacional, ni para defenestrarlo como un genocida despiadado.
Aquel extremeño fue un aventurero, un rebelde frente al gobernador de Cuba, un hábil líder en el campo de la diplomacia y la política casi más que en el militar, un oportunista que supo hacerse de oro invocando a un poderoso emperador, Carlos V, que tardó siquiera en saber de su existencia y empresas.
A comienzos del siglo XVI la sociedad europea y, en concreto, los reinos de España que había heredado Carlos V, vivían en un régimen tardofeudal, tanto en lo político, como en lo militar, como en la mentalidad.
En el año 1519 un contingente conformado por mesoamericanos y europeos marchaba hacia el valle de México. Les unía la ambición, la venganza, sus concepciones de la gloria y el honor.
Su camino les llevaba a un choque brutal que en muchos momentos podría haber sucedido de otra forma. El azar, la astucia, la diplomacia, la estrategia y táctica militar decantarían la victoria por el lado de la variopinta hueste de Hernán Cortes, representante de un emperador a miles de kilómetros de allí, Carlos V, en nombre del cual sometería a otro emperador, Moctezuma, a cuyo encuentro marchaba.
En esos momentos todavía no había una guerra abierta y declarada, aunque aquel reducido grupo de conquistadores, castellanos en su mayoría, invadía un territoriodesconocido.
Más numerosos eran quienes les acompañaban: los tlaxcaltecas, guerreros de república militar resistente frente a los mexicas de la Triple Alianza. Junto aquellos un tercer contingente, un numeroso grupo de nativos que se habían rebelado contra su señor Moctezuma, arriesgándose a su castigo y represión si fracasaban en su apuesta por aquellos extranjeros.
La suerte estaba echada. El cronista Bernal Díaz del Castillo, soldado de Cortés, describiría en su crónica las campañas de 1519 a 1521 así: “A tan excesivos riesgos de muerte y heridas y mil cuentos de miserias pusimos y aventuremos nuestras vidas”.
El 8 de noviembre de 1519 Hernán Cortés entró en Tenochtitlan encabezando de un contingente de unos 400 castellanos y 6.000 americanos.
El historiador Darío Testi describe en su tesis doctoral sobre la conquista de México: “El ejército ibérico había apoyado el levantamiento de los totonacas, se había coaligado con los tlaxcaltecas y había exterminado a la nobleza filo-azteca de Cholula, ignorando todas las prohibiciones del emperador y sus embajadores.
A pesar de todo, Moctezuma le dio su acogida lo que, según las distintas interpretaciones, pudo representar un acto de cobardía o de maquiavelismo”.
A partir de ese momento hubo un auténtico juego de tronos, conspiraciones, asesinatos y batallas hasta que en el verano de 1521 la mesnada cortesiana se hizo con el control definitivo de Tenochtitlan.
Aún restaban asuntos políticos que resolver, mucho territorio que someter y controlar, en lo que se conformaría como el reino de Nueva España. En aquellas guerras hubo muerte, destrucción, cayó un mundo y se creó otro.
Los mesoamericanos aliados de los españoles mantuvieron estatus y lograron privilegios, los que se opusieron fueron sometidos, viviendo con abusos, a pesar de las leyes que la Monarquía legislaba a miles de kilómetros de allí. Para todos hubo una terrible debacle demográfica, provocada en su mayor parte por enfermedades.
Se puede debatir sobre las causas, consecuencias y actores de esa historia, pero por favor, no caigamos en simplificaciones, ni en usos partidistas para atizar al vecino. Todo es más complejo y fascinante en la realidad histórica que cualquier leyenda.
*Daniel Aquillué es Doctor en Historia, especialista en siglo XIX, y miembro de varias asociaciones culturales, entre ellas la Asociación Cultural “Voluntarios de Aragón".
*Es escritor y ha publicado varios libros. 'Soldados', donde se aborda la conquista de México: https://www.despertaferro-ediciones.com/revistas/numero/soldados-jordi-bru/
*Y su último libro, sobre la historia de la ciudad de Zaragoza a lo largo de sus dos mil años: https://www.esferalibros.com/libros/zaragoza-ciudad-inmortal/