Opinión | De aquella memorable jornada de 1838 a la Cincomarzada de 2026; por Daniel Aquillué

Muchas personas siguen celebrando sin saber qué se celebra o en el mejor de los casos repiten los tópicos. En otros casos se confunde con los dramáticos Sitios de 1808-1809 frente a las tropas enviadas por Napoleón.

Hoy es fiesta en la ciudad de Zaragoza, la Cincomarzada. En los medios locales, en redes sociales y en la cuenta de algún influencer maño se hablará del ataque carlista, la resistencia zaragozana que le valió el título de “Siempre Heroica” y, por supuesto, el mítico chocolate que nunca que tomó Cabañero aquel día. También aparecerá en prensa la ya tradicional esquela por los “300 carlistas fusilados”, la cual se suma a algunas absurdas polémicas más recientes. 

El 5 de marzo de 1838 en Zaragoza no fue fusilado nadie. En los combates en las calles hubo muertos (217 carlistas y 11 liberales), heridos y prisioneros por ambos bandos, carlistas y liberales. El día 6 sí que se asesinó mediante un cruel linchamiento a la máxima autoridad militar en ausencia del capitán general: Juan Bautista Esteller.

Este oficial isabelino fue acusado por la efervescente multitud de traición, ineptitud y/o cobardía. Fue el chivo expiatorio de una ciudad atenazada por el miedo a las tropas carlistas de Ramón Cabrera “el Tigre del Maestrazgo”. Él había autorizado al brigadier Juan Cabañero para que asaltara por sorpresa Zaragoza, con la complicidad de unos pocos vecinos que abrieron la Puerta del Carmen. Fracasó por la resistencia del resto del vecindario, unos 4.000 de los cuales estaban inscritos en la institución cívico-constitucional de la Milicia Nacional.

Aquellos hechos se enmarcaban en la Primera Guerra Carlista (1833-1840) que partió Aragón y España en dos. La sociedad quedó dividida transversalmente. Era una guerra, dinástica en inicio, entre los partidarios de Isabel II y los de su tío don Carlos. Sin embargo, fue mucho más. Años de movilización y politización de grandes capas de la población, de encarnizada lucha entre revolucionarios (liberales) y contrarrevolucionarios (carlistas). Era una de tantas guerras civiles que, por motivos similares, se dieron en la Europa y América del siglo XIX. En aquella época romántica y utópica, todo era posible. Las Guerras Liberais en Portugal (1826-1834) o la anterior guerra de La Vendée en Francia (1793-1796) habían sido muy parecidas. 

La perspectiva histórica nos ayuda a comprender lo que pasó, por qué y cuáles fueron sus consecuencias. La Siempre Heroica Zaragoza se afianzó como símbolo del liberalismo y del constitucionalismo, victorioso en 1840. No habría retrocesos en ese sentido hasta 1923 y 1936. En 1839 surgió la fiesta del Cinco de Marzo, para recordar la defensa zaragozana. Pronto adquirió un cariz popular que a determinadas autoridades nunca agradó. Por dicha razón, la dictadura franquista, antiliberal y anticonstitucional, la prohibió. La fiesta sería recuperada como Cincomarzada en la transición a la democracia, con un fuerte componente reivindicativo de los barrios y gran impronta festiva. 

Muchas personas siguen celebrando sin saber qué se celebra o en el mejor de los casos repiten los tópicos. En otros casos se confunde con los dramáticos Sitios de 1808-1809 frente a las tropas enviadas por Napoleón. Aunque una línea los une: hubo quienes defendieron la ciudad frente a los soldados franceses y quienes treinta años después lo hicieron contra los carlistas. También en 1838 se extendió la idea de que la lucha era la misma que en 1808: contra la tiranía, fuera la extranjera de Bonaparte o la interna de don Carlos. 

Quien quiera saber más sobre aquella historia puede leer el libro alusivo de Raúl Mayoral, disponible gratuitamente en la web de la Institución Fernando el Católico, o asistir a la ruta que cada año, desde 2017, organizamos desde la asociación cultural de recreación histórica “Voluntarios de Aragón”. 

Daniel Aquillué Domínguez es Doctor en Historia Contemporánea por la Universidad de Zaragoza. Ha trabajado e investigado sobre la revolución liberal, la guerra carlista, la historia local, la historia pública y las guerras napoleónicas.

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