Opinión | Del centralismo urbano al equilibrio regional: el reto del transporte en Aragón
Zaragoza, cuarta ciudad de España en población y uno de los principales polos logísticos e industriales de España, adolece sin embargo de una estructura de transporte público regional y metropolitano que no está a la altura de su posición estratégica. La falta de una red de cercanías potente, un metro ligero o tranvías interurbanos que conecten eficazmente la capital con sus municipios colindantes y otras ciudades aragonesas cercanas como Huesca o Teruel, es un freno claro al desarrollo territorial equilibrado de Aragón. Un asunto que hay que abordar ya si queremos que Zaragoza y Aragón mantenga la pujanza que hoy ostentan.
UN ÁREA METROPOLITANA INFRAUTILIZADA
Zaragoza cuenta con un área metropolitana con núcleos tan dinámicos como Utebo, Cuarte de Huerva, Villanueva de Gállego o La Muela, todos ellos con crecimientos demográficos notables en los últimos años. Sin embargo, la ausencia de una red ferroviaria de cercanías operativa limita enormemente las posibilidades de cohesión territorial y social. El modelo de transporte sigue centrado en el uso del coche particular, lo que no solo colapsa los accesos a la capital sino que fomenta la dependencia de la residencia en Zaragoza, al no haber opciones eficientes para desplazarse a diario desde las localidades periféricas.
Actualmente, solo hay un tren de cercanías en funcionamiento —la línea C1 entre Casetas y Miraflores—, con frecuencias escasas y una demanda contenida precisamente por la falta de ambición del servicio. Este esquema, lejos de facilitar una expansión territorial armónica, concentra la presión urbanística y económica en Zaragoza capital, dejando desatendida la posibilidad de generar polos residenciales y empresariales sostenibles en su entorno inmediato.
COMPARACIONES QUE DUELEN: OTRAS CIUDADES MEJOR CONECTADAS
Lo más preocupante es que otras ciudades europeas de menor tamaño ya han resuelto esta problemática con propuestas de transporte público moderno, sostenible y descentralizador. Ciudades como Friburgo (Alemania), con poco más de 230.000 habitantes, dispone de un sistema de tranvías que conecta no solo barrios dentro de la ciudad, sino también poblaciones de su entorno. Linz (Austria), con alrededor de 200.000 habitantes, ha desarrollado un metro ligero y trenes de cercanías altamente eficientes que fomentan una estructura de desarrollo metropolitano descentralizada. En Francia, Rennes, con unos 220.000 habitantes, cuenta desde 2002 con una línea de metro automatizado y ha inaugurado una segunda en 2022.
Estos modelos demuestran que no hace falta tener una población de millones para implementar soluciones ferroviarias ambiciosas. Lo que se requiere es voluntad política y visión territorial. Mientras tanto, Zaragoza, con más de 765.000 habitantes en su área metropolitana y un papel clave en el corredor logístico mediterráneo y atlántico, sigue sin una verdadera red ferroviaria metropolitana que vertebre su territorio y atraiga población más allá de la propia capital.
La crítica no debe quedarse solo en los alrededores de Zaragoza. También es urgente establecer conexiones rápidas y frecuentes con otras localidades de peso en Aragón: Huesca, Teruel, Fraga, Calatayud, Cariñena, Alagón o Zuera. Todas ellas podrían estar conectadas por trenes de media distancia o cercanías de alta frecuencia, promoviendo una red de movilidad eficiente que incentive la descentralización residencial y empresarial.
Con una red potente, vivir en pueblos a 80 kilómetros de Zaragoza y trabajar en la capital aragonesa no tendría por qué ser una utopía. O montar una empresa logística en Zuera podría ser tan competitivo como hacerlo en la Plataforma Logística de Zaragoza (PLAZA), si existieran infraestructuras de transporte público modernas que conectaran estas áreas con fluidez.
Descongestionar Zaragoza, reequilibrar Aragón
El verdadero reto es aprovechar la oportunidad de potenciar un Aragón más equilibrado. Zaragoza no puede seguir siendo el único motor poblacional y económico de la comunidad. Necesita abrir su periferia, ampliar su influencia real más allá de sus límites administrativos y apostar por una metrópolis de escala regional basada en la interconexión y la movilidad sostenible.
Una red de cercanías que funcione con frecuencias de 15-20 minutos, tranvías interurbanos y una mejor y más ambiciosa red de bus metropolitano que conecten municipios colindantes sin necesidad de entrar al centro y trenes regionales que crucen Aragón en ejes norte-sur y este-oeste serían el núcleo de esta transformación. Así, la decisión de residir en pequeños municipios no dependería de la posesión de un coche ni de sacrificios en calidad de vida, sino de una verdadera libertad de elección apoyada en servicios públicos sólidos.
Del mismo modo, las empresas podrían distribuir mejor sus instalaciones, fomentar el teletrabajo combinado con accesos cómodos a la capital, y evitar los efectos negativos de la hiperconcentración urbana como el encarecimiento de la vivienda, la saturación de servicios y la contaminación.
Una apuesta por el futuro de Aragón
La vertebración territorial de Aragón pasa inevitablemente por Zaragoza aunque no sólo por ella ya que debe tener un enfoque norte - sur (mirando a Francia y al Mediterráneo) y este – oeste (mirando a los focos industriales de País Vasco y Cataluña a lo largo del eje del Ebro). Pero está claro que Zaragoza debe dejar de actuar como una capital aislada y convertirse en el núcleo de una red amplia, accesible y moderna de transporte público. Solo así se logrará que el desarrollo económico, demográfico y social se distribuya con mayor equidad por el territorio aragonés.
No se trata de competir con Madrid o Barcelona, sino de aprender de tantos ejemplos europeos como Friburgo, Linz, Rennes o tantas otras ciudades que, con menos habitantes, han entendido que el transporte público vertebrado es la clave para un futuro más equilibrado, habitable y sostenible.
Es hora de que Aragón apueste por una red ferroviaria metropolitana que conecte y no aísle, que distribuya y no concentre, y que sea la columna vertebral de una comunidad moderna y cohesionada. Porque sin transporte, no hay territorio. Sin conexiones, no hay futuro.