Opinión | Democracia militante; por Julio Calvo
Conforme pasan los años me convenzo más de que tenemos una democracia extremadamente débil. Por el contrario, hay países que disponen de lo que se llama una “democracia militante”, un concepto clásico de la teoría constitucional (streitbare Demokratie o democracia combativa), como respuesta a la amarga experiencia de las “democracias suicidas” de entreguerras que permitieron que se usara su propia legalidad para acabar con ellas.
Son países cuyas constituciones están dotadas de principios indisponibles, que se mantienen por encima de la regla de la mayoría y del poder de reforma constitucional, que no se pueden derogar o suspender sin que deje de ser una democracia y que contemplan incluso la inconstitucionalidad o ilegalización de los partidos que lo propongan. Las constituciones de Alemania, Francia o Portugal serían los ejemplos más próximos, y la unidad nacional, indiscutible, o el propio régimen democrático, irrenunciable, serían algunos de esos principios indisponibles. Pero no es nuestro caso.
La doctrina del Tribunal Constitucional ha resultado ser ambigua e incluso contradictoria, permitiendo la existencia legal de Batasuna en su momento, precisamente porque no puede exigirse la adhesión a la Constitución, ni puede ser proscrito un partido que pretenda romper el orden constitucional o la unidad nacional, pero ante Ley de transitoriedad jurídica de Cataluña reconoció unos límites implícitos como la soberanía nacional o la unidad misma de la Nación.
Estos principios, decía entonces, actúan como límite implícito frente a leyes que pretendan ignorarlos. Como se ve, una doctrina diferente en dos momentos distintos. El Tribunal Constitucional con sus ambiguas y a menudo erráticas interpretaciones no ha contribuido a fortalecer nuestra democracia.
Pero las democracias no mueren únicamente como consecuencia de un golpe de Estado, que ni siquiera ha de ser necesariamente violento. También pueden morir cuando dejan de cumplirse la Constitución o las leyes, y especialmente cuando es el poder quien lo hace. Es famosa la frase de Kennedy: “que en una democracia de leyes y no de hombres, ningún hombre, por poderoso o prominente que sea, pueda desafiar largamente la Constitución o las sentencias de los tribunales”.
¿Podemos afirmar que hoy, en España, ese desafío se está produciendo? La falta de presentación del proyecto de Presupuestos por tercer año consecutivo sería uno de esos desafíos a los que se refería Kennedy. O la negativa del presidente del Gobierno a comparecer ante el Senado a pesar de haber sido expresamente requerido para ello para dar explicaciones sobre el accidente de Adamuz.
En España, creo, estamos asistiendo a un desmantelamiento lento pero tenaz de nuestra democracia. Recurriré a la paradoja clásica: un montón de granos de arena es un montón. Si le quitas un grano, sigue siendo un montón. Si le quitas otro, y otro… ¿en qué momento exacto deja de ser un montón? Retirando granos de uno en uno, nunca parece haber un punto preciso en que deje de serlo, pero al final ya no lo es.
Una democracia es un conjunto de normas, convenciones, contrapesos, instituciones, derechos y deberes… Cuando dejas de cumplir una norma, cuando invades o colonizas de forma partidista o clientelar una institución, cuando dejas de respetar un derecho, y otro, y otro… ¿en qué momento exacto deja de ser una democracia? Quizás cuando nos demos cuenta ya no lo sea.
Son muestras de la debilidad de nuestra democracia el hecho evidente de que el presidente del Gobierno viene incumpliendo sistemáticamente el mandato constitucional que prometió de cumplir y hacer cumplir la Constitución y las leyes, y que la propia Constitución no haya previsto mecanismos coercitivos ni consecuencias políticas o penales para esos incumplimientos; que los partidos nacionalistas desobedezcan también de manera sistemática las sentencias judiciales; que el Tribunal Constitucional se haya arrogado el papel de poder constituyente, reinterpretando y retorciendo la Constitución hasta hacerle decir lo que no dice (¿frente a la prohibición expresa de los indultos generales, la amnistía sí ha resultado ser constitucional?), o el de tribunal de casación del Supremo, anulando o modificando sus sentencias, a pesar de que no forma parte del Poder Judicial; o el hecho reciente de enorme carga simbólica de que pueda pitarse el himno nacional en la final de la Copa del Rey sin que haya ninguna consecuencia tangible, tal como la suspensión del encuentro o su celebración a puerta cerrada.
La experiencia de todos estos años de democracia, pero especialmente la de las dos últimas legislaturas, ha dejado claras todas esas debilidades y la necesidad de articular reformas legales e incluso constitucionales que permitan enfrentar todos los incumplimientos que estamos viendo y que nadie previó que pudieran llegar a producirse. Frente a esa debilidad, que al final puede resultar suicida, necesitamos articular una democracia militante. Hay modelos en el mundo y nadie discute ni cuestiona la legitimidad democrática de los países donde se han implantado.
Pero esa será tarea de los próximos gobiernos. A éste de ahora no le interesa una democracia fuerte y dotada de recursos para defenderse frente a los abusos y desobediencias.
Julio Calvo Iglesias
Exconcejal del Ayuntamiento de Zaragoza