Opinión | Entre el destello del festival y el apagón político; por Jorge Herrero
Zaragoza inaugura este jueves una nueva edición de su festival de arte lumínico, el ya consolidado Zaragoza Luce. Durante cuatro días, el Casco Histórico se vestirá de vanguardia para proyectar la imagen de una ciudad que mira de tú a tú a las grandes capitales europeas.
Es un evento de indudable impacto visual, pero que este año nace con un regusto amargo. Mientras los técnicos ajustan los últimos focos en la Plaza del Pilar, en el Ayuntamiento se ha producido un apagón político de calado: la alianza de Vox, PSOE y ZeC para tumbar los presupuestos de 2026.
Resulta casi una ironía que la ciudad se prepare para brillar hacia afuera mientras su gestión presupuestaria se queda a oscuras. Lo vivido este 18 de febrero no ha sido un debate técnico, sino el certificado de una "pinza" que Zaragoza tardará en olvidar. Ver al portavoz de Vox votando en bloque con la izquierda de Lola Ranera y ZeC obliga a una reflexión profunda: ¿cómo explica Vox a sus votantes que, con tal de doblegar a Natalia Chueca, se ha convertido en el aliado necesario de quienes defienden modelos de ciudad radicalmente opuestos al suyo?
Los argumentos del bloqueo
La oposición ha desplegado su arsenal para justificar el "no". El PSOE denuncia un "grave desequilibrio financiero" y una política fiscal "injusta", cuestionando la venta de suelo y tildando de "cacicada" el trámite aprovechando la dimisión del anterior portavoz de Vox. Por su parte, ZeC habla de un "presupuesto escaparate" que ignora los barrios e "infla la burbuja de la vivienda".
Son argumentos que, al rascar la superficie, carecen de coherencia. Criticar el "escaparate" mientras se bloquean 155 millones en inversiones directas para esos mismos barrios es, cuanto menos, contradictorio. La izquierda denuncia falta de vivienda, pero tumba las cuentas para gestionar suelo municipal. Es el triunfo de la narrativa sobre la gestión, prefieren tener la razón en el titular que el asfalto en la calle.
Que Vox se sume a esta estrategia por su batalla contra la ZBE denota una preocupante falta de altura de miras. Los hechos en otras plazas son reveladores: en Sevilla y Valencia, Vox acabó pactando presupuestos o normas de bajas emisiones con el PP cuando le interesó políticamente. En Zaragoza, sencillamente, han decidido que el acuerdo no es una opción.
La paradoja del brillo y la parálisis
El contraste es obsceno, luces de modernidad frente a un bloqueo que frena en seco inversiones vitales. Se pone en jaque un presupuesto récord de 1039 millones de euros. ¿Qué pasará ahora con la regeneración del Huerva o las reformas integrales en San José, Las Fuentes y el Arrabal? Pero, sobre todo, planea la sombra sobre la Nueva Romareda. En un momento crítico para asegurar financiación y plazos, la oposición ha preferido jugar a la ruleta rusa con nuestro patrimonio.
La última trinchera: el 26 de febrero
La alcaldesa ya lo ha advertido. Si el Pleno confirma este bloqueo, se activará la cuestión de confianza. Es el camino inevitable cuando la oposición antepone el interés electoral a la estabilidad de su ciudad. Natalia Chueca ha optado por la firmeza ante lo que considera un chantaje, abocándonos a una legislatura de máxima tensión donde la gestión se verá sustituida por el ruido.
El domingo, cuando las luces de Zaragoza Luce se apaguen, nos despertaremos con la realidad de unas cuentas prorrogadas. Zaragoza no necesita solo colores para atraer turistas, sino luces largas en sus despachos. El 26 de febrero sabremos si impera la cordura o si la pinza del caos nos deja en penumbra. Al final, la luz más cara no es la del festival, sino el precio que pagaremos por una oposición que ha decidido que, si no mandan ellos, la ciudad no avanza.