Opinión | Frenar el cambio climático: Una llamada a la acción individual para alcanzar el bienestar colectivo

El día 24 de octubre fue el día internacional contra el cambio climático, que sirve para visibilizar el grave conflicto que hemos generado entre nuestro planeta y nuestra especie

Efectos del cambio climático en pocos años | C.H
Efectos del cambio climático en pocos años | C.H

Las personas que tienen conocimientos en geología saben que durante los cientos de millones de años anteriores al ser humano nuestro planeta ha experimentado grandes cambios en su atmósfera y por extensión en su clima. Así mismo, el clima en La Tierra es un complicado sistema basado en múltiples variables que afectan de diferentes formas, amplificando, compensando o mitigando efectos producidos por otras variables.

El día internacional contra el cambio climático no pretende mostrar su oposición contra los procesos naturales de cambios en el clima de la Tierra (sería como oponerse a la fuerza de la gravedad) lo que se pretende es concienciar de lo grave e intenso que será el cambio y sus fatales consecuencias para la vida humana y de otras muchas especies.

Estamos viviendo la sexta extinción masiva conocida en la historia de nuestro planeta, miles de especies se extinguen al año y todo ello como consecuencia del impacto antropogénico, que, en palabras más llanas significa, por culpa del ser humano y su modelo de consumo de los recursos planetarios.

Para poder entender hasta qué punto nuestro modelo de consumo energético de mediados del siglo XX y principios del XXI está provocando el cambio climático es imprescindible comparar el máximo térmico del Paleoceno-Eoceno con el actual.

Este evento climático se produjo hace algo más de 55 millones de años y se considera como el más súbito y brusco cambio climático de la historia de la Tierra, donde la temperatura media del planeta aumentó en un rango de 6º-8º C en un breve periodo de tiempo, ¡de 5.000 a 20.000 años! Sí, 20.000 años es un breve periodo de tiempo en la escala geológica.

Según el último informe del panel de expertos contra el cambio climático (IPCC) AR6 publicado en 2023, el IPCC baraja un rango de incrementos de temperaturas para fin de este siglo de entre 1,5ºC a 4ºC en función de lo que hagamos durante los 75 años que tenemos por delante.

No obstante, es insultantemente evidente que tenemos un grave problema como especie si comparamos el cambio climático más intenso y rápido que ha tenido nuestro planeta, de 6ºC a 8ºC en un periodo de entre 5.000 y 20.000 años, con el que está provocando el ser humano con el consumo de combustibles fósiles especialmente intenso desde la segunda mitad del siglo XX, de 1,5ºC a 4ºC en apenas 150 años.

Ante la obviedad del impacto que está teniendo sobre el planeta la quema de combustibles fósiles y el modelo de consumo que hemos creado en los últimos 100 años, lamentablemente, se están tratando de generalizar dos discursos tremendamente dañinos para nuestro mundo y nuestra especie.

En primer lugar, está la negación de que el ser humano y el consumo de combustibles fósiles generan impacto en el cambio climático. El segundo es el rechazo al desarrollo urgente y a gran escala de proyectos de energía renovable y la descarbonización de la economía.

Aunque cada uno de estos rechazos tiene su motivación e intereses, debemos ser conscientes del grave coste que supone no actuar. No importan los patios traseros (NIMBY) de ciertos individuos, ni los intereses económicos que empujan a la no acción climática. Lo que de verdad importa es que la urgencia climática y el consenso generalizado en el cambio de paradigma energético, sigue contando con el respaldo mayoritario de la población.

Desde los años 70 y 80 del pasado siglo, los procesos de evaluación de impacto ambiental han mejorado con el paso de las décadas hasta convertirse en la mejor herramienta que tiene la sociedad para integrar actividad económica, mejora de la vida social de un entorno, la preservación de los valores ambientales y los servicios ecosistémicos de las zonas donde se desarrollan.

La toma de conciencia climática y la llamada a la acción, son decisiones eminentemente individuales, y como afirmaba Daniel Goleman en su libro Inteligencia Ecológica, “los dólares son los votos del Siglo XXI” he ahí donde reside el verdadero poder transformador de la sociedad, en movilizar sus tendencias de consumo hacia formas más sostenibles y menos contaminantes.

Estamos viviendo una década dominada por el individualismo y el egoísmo y para romper esta dinámica autodestructiva necesitamos más perspectiva del impacto que hemos generado como individuos, más determinación por empujar la construcción de proyectos generadores de energía renovable y ser más consecuentes con que la forma que tenemos de gastar dinero y comprar, es la herramienta más potente que tenemos las personas de mantener o crear tendencias.

En el día internacional contra el cambio climático solo nos queda reivindicar con el foco puesto en nuestra vida diaria, más determinación política, más confianza social y más responsabilidad individual en la difícil tarea de contener el incremento de las temperaturas y frenar la catástrofe global. De lo contrario, estamos abocados a dejar un mundo donde no quedará nada a preservar o proteger ni economía que incentivar para las generaciones futuras.

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