Opinión | Las joyas del patrimonio invisible Aragonés

Las lenguas propias de Aragón son testimonio vivo de nuestra historia: protegerlas no es ideología, es cultura.
San Juan de la Peña, uno de los símbolos materiales de la historia milenaria de Aragón. (Cultura de Aragón)
San Juan de la Peña, uno de los símbolos materiales de la historia milenaria de Aragón. (Cultura de Aragón)

Por qué nos movilizamos para salvar un monasterio, una iglesia, un bosque o un castillo en ruinas, pero no cuando muere una lengua milenaria? En Aragón, donde el patrimonio material se venera con razón, seguimos ignorando una parte esencial de nuestra herencia: el patrimonio lingüístico de nuestra Comunidad.

En Aragón sabemos lo que vale el patrimonio. Hemos luchado por conservar iglesias románicas en Sobrarbe, por restaurar monasterios milenarios en la Ribagorza y por defender el arte sacro expoliado. Sentimos como propios cada alero mudéjar, cada caserón señorial y cada puente medieval. Porque entendemos, con razón, que el patrimonio material no es solo piedra: es memoria, identidad y futuro.

Y, sin embargo, permitimos que una parte esencial de ese legado se desmorone en silencio: nuestras lenguas. El aragonés y el catalán de Aragón que se habla en las comarcas orientales como el Matarraña, La Litera o el Bajo Cinca, son patrimonio cultural aragonés tan auténtico como San Juan de la Peña o las murallas de Albarracín. La UNESCO ha clasificado el aragonés como una lengua en “serio peligro de desaparición”. Tal como citaba Hoy Aragón hace unos días, haciéndose eco del informe de la Universidad de Zaragoza “Charrando aragonés: La lengua aragonesa en su zona de uso predominante”, se calcula que menos de 10.000 personas lo hablan hoy, la mayoría en edad avanzada, y con una transmisión intergeneracional prácticamente interrumpida.

El problema no es solo lingüístico, sino cultural. Hemos caído en el error de pensar que proteger nuestras lenguas es una postura política o ideológica. La lengua de pueblos del Pirineo, como Ansó, Chistau y tantos otros, o de La Franja como Mequinenza o Beceite no es una amenaza para nadie, es un testimonio histórico, un bien común.

Mapa con la distribución de las lenguas propias de Aragón. (Zaragoza Lingüística)
Mapa con la distribución de las lenguas propias de Aragón. (Zaragoza Lingüística)

No hay contradicción entre defender el castellano —nuestra lengua común— y proteger nuestras lenguas propias. El verdadero amor por Aragón pasa por querer todo lo que contiene, también su riqueza lingüística. José Antonio Labordeta fue un firme defensor del patrimonio lingüístico aragonés, tal como lo es Francho Nagore Laín. Gracias a figuras como estas y muchas otras, podemos afirmar que la cultura aragonesa —y también su lengua— no es un lujo, es una necesidad para entender lo que somos y lo que podemos ser. Destacan igualmente otras entidades como Nogará Religada, Consello d’a Fabla Aragonesa, Associació Cultural del Matarranya, Institut d’Estudis del Baix Cinca, asociaciones civiles que llevan décadas promoviendo la enseñanza, edición y visibilidad del aragonés y el catalán en Aragón.

“La única lengua mal charrada es la que no se charra”, dijo el actual diputado Jorge Pueyo, recordando una verdad tan simple como profunda. La visibilización de nuestras lenguas es una tarea urgente, colectiva, y necesaria para evitar su desaparición.

Mapa que muestra la regresión del aragonés en los últimos siglos. (Aragón 3L)
Mapa que muestra la regresión del aragonés en los últimos siglos. (Aragón 3L)

 
UNA LLAMADA URGENTE: TOCA ACTUAR

Gracias al trabajo sistemático del informe Charrando aragonés, sabemos que existen datos fiables sobre su uso en la vida cotidiana, pero que es necesario repetir las encuestas periódicamente y dotar a la DGPOL de más recursos (actualmente 700.000 €/año) para diseñar políticas lingüísticas eficientes.

De igual manera que preservamos y cuidamos maravillas naturales como Ordesa y Monte Perdido, debemos hacernos cargo de la necesidad de cuidad nuestro patrimonio inmaterial, nuestras lenguas. (Wikipedia)
De igual manera que preservamos y cuidamos maravillas naturales como Ordesa y Monte Perdido, debemos hacernos cargo de la necesidad de cuidad nuestro patrimonio inmaterial, nuestras lenguas. (Wikipedia)

El sistema educativo debe integrarlas de forma estable y digna, dejando de ser una opción testimonial. Se debe promover y potenciar la emisión de contenido en aragonés y catalán con normalidad. La cooficialidad, pendiente en Aragón pese a su reconocimiento en el Estatuto (art. 7), necesita desarrollo legal y derechos efectivos. Y deben impulsarse campañas de sensibilización para que la sociedad entienda que proteger estas lenguas no es un capricho, sino un compromiso compartido.

También hay que apoyar la creación cultural: literatura, música, cine, cómic y contenidos digitales. El éxito de obras en aragonés en la Feria del Libro de Huesca demuestra que existe público, talento y futuro.

Defender nuestras lenguas no es cuestión de ideología, sino de dignidad. No hace falta ser nacionalista para querer que sobreviva el aragonés; basta con ser aragonés. Porque amar Aragón es amar todo lo que lo hace único: sus montañas, sus ríos, sus dances, sus leyendas… y también, por supuesto, sus lenguas.

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