Opinión | Pensando en el futuro; por Javier Jiménez

Sería conveniente preguntarle al candidato del PP si tiene intención de secundar esas políticas de expulsión caso de necesitar el apoyo de VOX

En unos pocos días los aragoneses, entendiendo como tales a todos los censados en esta región, vamos a acudir a las urnas para elegir los miembros de las Cortes de esta Autonomía, y como consecuencia de los resultados al Presidente de la Comunidad. Sigo con mucho interés la campaña electoral y he visto los dos debates que hasta ahora nos han ofrecido los representantes de los partidos que optan a la elección. 

He de decir que, salvo algún caso particular, los candidatos se han mostrado bastante respetuosos. No obstante, el candidato del partido VOX ha realizado algunas propuestas contrarias al mínimo respeto a los derechos humanos y la libertad religiosa. Su programa incluye la expulsión de inmigrantes que su criterio considera merecedores de no vivir en España. Las justificaciones entran dentro del ideario ultraderechista de su principal modelo, que no es otro que el del actual Presidente de los Estados Unidos, el señor Trump.

En estos debates los candidatos democráticos han expuesto sus intenciones, sus proyectos y hasta sus logros. No voy a entrar en la veracidad de todos ellos porque entiendo que con la limitación del tiempo es difícil argumentar y documentar con precisión, cada candidato está en su derecho de defender su posición y solicitar nuestro voto. Sin embargo, como en el fútbol debería existir un VAR para que nos confirmara la veracidad de lo expuesto
Pero, aunque importante comprobar la veracidad de lo comunicado por los candidatos, me parece mucho más grave y que puede afectar a la seguridad humana las manifestaciones contrarias a la libertad y los derechos humanos. Ese debería ser el límite: “La Declaración Universal de los Derechos Humanos”.

Por eso al candidato del PP, señor Azcón, le hubiera instado a manifestarse claramente si en caso de no obtener mayoría absoluta va a pactar con VOX para formar gobierno, y si está dispuesto a sobrepasar el límite expresado anteriormente. No es ciencia ficción porque el modelo del señor Abascal es el de Mr. Trump, y del que ya hemos podido comprobar su trato a la inmigración. Recordemos que en sus campañas electorales Trump, también prometía expulsiones masivas, como ahora lo hace VOX.

Me preocupa que el PP, a nivel nacional, secunde algunos de estos postulados, tal y como hemos escuchado en boca del señor Feijóo y algunos de sus más estrechos colaboradores. Por hacer honor a lo que yo conozco, el señor Azcón no se ha manifestado al respecto. Por tanto, también sería conveniente preguntarle al candidato del PP si tiene intención de secundar esas políticas de expulsión caso de necesitar el apoyo de VOX.

Para lo que voy a comentar a continuación, vaya por delante que no soy un elector conservador, pero ante todo me considero un demócrata. Pensando en el futuro y a la vista de las encuestas en Aragón, es más que posible que gane el PP, pero que necesite lo votos de VOX para gobernar. Mi deseo es que hubiera una mayoría progresista lo cual, por ahora, parece improbable, a la vista de la desunión participativa de la izquierda aragonesa.

Mi propuesta, de soñador seguramente, es que si la izquierda no pudiera gobernar no impidiera al PP hacerlo para que no cayera en manos de la extrema derecha. Un pacto a la alemana, aunque no sería necesario que la izquierda participara en el gobierno. Sería un paréntesis de calma para apostar por el diálogo y la concordia. Sería abandonar la agresividad verbal y la descalificación del adversario político.

Un sueño, como el de los padres de la Unión Europea, que finalizada la II Guerra mundial decidieron apear sus conflictos ideológicos y nacionalistas en aras de una convivencia pacífica, sustituyendo el combate por la cooperación.  

Haría falta mucha magnanimidad por todas las partes, tomar conciencia que por el camino actual de tanta polarización provocada desde los extremos más reaccionarios solo lleva al desastre. Todos perderíamos de seguir por el camino del extremismo. Incluso la derecha conservadora tradicional se vería desbordada por el auge de la extrema derecha. Conviene recordar la historia.

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