Opinión | Reindustrializar no es un lema: es decidir qué queremos producir… y a qué estamos dispuestos a renunciar
Hoy quiero compartir con vosotros no una sensación, sino una realidad que vivo a menudo y que cada vez es más acuciante.
Cada vez veo más polígonos con más almacenes que fábricas y más talleres sin relevo generacional. Y me preocupa porque si perdemos capacidad de fabricar, perdemos autonomía, margen y futuro.
Y no, creerme que no es fatalismo, es economía pura: sin producción, no hay aprendizaje; sin aprendizaje, no hay innovación; sin innovación, los empleos pierden calidad; sin empleos de calidad, perdemos autonomía y proyecto de territorio. Cuando decidimos que “ya no merece la pena fabricar aquí”, lo que de verdad estamos aceptando son plazos eternos, costes logísticos disparados y clientes que sufren cuando la cadena se rompe afectando notablemente a nuestra cuenta de resultados y a nuestra propia supervivencia como empresa.
El otro día en un evento de ESADE Executive Education y Cámara de Comercio de Zaragoza sobre Geopolítica y Liderazgo Directivo, Angel Pascual-Ramsey Profesor de Geopolítica y Geoeconomía en ESADE, comentaba que la situación geopolítica afecta y está en el día a día de los consejos de administración.
¿Por qué? Según el profesor estamos llegando al fin de una era de paz, el fin de las vacaciones de la historia con el retorno de competencia entre las grandes potencias y el consiguiente riesgo del conflicto. Antes, la seguridad estaba asegurada y los gobiernos podían centrarse en el bienestar, pero si ahora ya no la tenemos, lo económico pasará a un segundo lugar y los gobiernos tomarán medidas no en beneficio de las propias empresas muchas veces.
Según el profesor estamos asistiendo una fragmentación geopolítica que va a tener consecuencias económicas, ¿cuales?
● El incremento de conflictos y su efecto en el negocio internacional.
● Incremento de nacionalismos y fuertes proteccionismos ( America First y aranceles).
● La necesidad de gestionar presencia en mercados heterogéneos y de poseer una conciencia geopolítica para mitigar riesgos y aprovechar oportunidades.
● Un acuciante riesgo de la desglobalización. Competencia geopolítica y globalización económica son cada vez menos sostenibles.
Por tanto, y ante esta circunstancia, quizás sea el momento de centrarnos en lo importante ¿no creéis que el debate no va de “intentar competir con China en volumen y sí de elegir bien dónde ponemos el esfuerzo.?
Y aquí recojo una idea que comparto al 100% con varias voces del sector: reindustrializar es una decisión estratégica, no un deseo. Eso sí, necesita tres cosas coordinadas: tecnología aplicada, talento cualificado y cadenas de suministro más cortas y predecibles. Esa es la liga. Ahí es dónde tenemos que poner los esfuerzos.
En ARAGÓN lo tenemos claro: componentes para movilidad (con toda la cadena alrededor), agroalimentario avanzado (procesos y envase), eólica y mantenimiento industrial, automatización y digitalización de plantas, logística con valor añadido.
En el Ebro sabemos fabricar. Falta decidir en qué vamos a ser imprescindibles y alinear formación, inversión y comercial alrededor de ese foco. Si dentro de unos años paseamos por nuestros polígonos y vemos más máquinas funcionando que palets esperando, sabremos que elegimos bien. Porque el problema nunca fue China. Fue la falta de estrategia. Y eso, por suerte, depende de nosotros.