Teresa Tolosana: "La enfermera del futuro tendrá que estar más implicada en la macro gestión"

En el Día Internacional de la Enfermería, la presidenta del Colegio de Enfermería de Zaragoza hace balance de su mandato y del estado de la profesión.
Teresa Tolosana, expresidenta del Colegio Oficial de Enfermería de Zaragoza.
Teresa Tolosana, presidenta del Colegio Oficial de Enfermería de Zaragoza.

Este lunes, 12 de mayo, se celebra el Día Internacional de la Enfermería. Con motivo de esta efeméride, la presidenta del Colegio Oficial de Enfermería de Zaragoza, Teresa Tolosana, hace balance del estado de la profesión y de sus cinco años de mandato.

PREGUNTA. Este 2025 puede ser un año clave para la Enfermería, el Ministerio está en proceso de reforma del Estatuto Marco de las profesiones sanitarias, ¿qué va a suponer esto para las enfermeras?

RESPUESTA. Si como esperamos en este nuevo Estatuto Marco se nos reconoce como al resto de las profesiones nuestro nivel de estudios (o créditos) sería un salto cualitativo muy importante porque nos permitiría acceder a puestos donde ahora o podemos acceder, sobre todo a nivel de gestión y de investigación.

Curiosamente, a nivel formativo ya se reconoce, me consta en la Universidad de Zaragoza. Ahí, una enfermera tiene el mismo nivel que sus compañeros de otras profesiones, pero cuando sales de ese ámbito y entras en las asistencias esa misma enfermera con los mismos conocimientos ocupará un nivel inferior. En este caso, la universidad aplica los acuerdos de Bolonia que deberían ser asumidos por todas las entidades, pero no es así.

Cuando se habla del grupo A muchas personas, incluidos compañeros, visibilizan el cambio con aumentos de sueldo. Pero otros estamos, más que esperando una mejora retributiva, esperando poder hacer nuestro trabajo de forma más autónoma; tomando decisiones sobre nuestras competencias sin tener que recibir órdenes sobre cosas de las que ya tenemos conocimientos suficientes para poder decidir. Otra cosa es que si la enfermera consigue un sistema de salud más eficaz se pelee una retribución que reconozca esa labor.

Otra cuestión importante de la que se está hablando mucho a nivel ministerial es la reforma de la Ley del Medicamento. ¿Este cambio legislativo permitirá ver por fin la prescripción enfermera plenamente implantada?

O por lo menos debería eliminar la esquizofrenia que se produce en estos momentos. Aragón es una región con la mayor implantación de las guías de indicación. No así en otras Comunidades. Quiero decir que si cojo el coche y trabajo en otra autonomía no podré utilizar medicamentos que sí que puedo utilizar aquí.

No hablo de indicar, ni siquiera recetar, hablo simplemente de utilizar, sin permiso médico, por ejemplo, cambiar de apósito de una cura, porque considero que en esa etapa de evolución puede ir mejor. Esto es una auténtica esquizofrenia, tampoco sustentada en nada objetivo, ni por la formación, ya que existen horas de formación para ello, ni en la realidad asistencial, ya que esto se produce de manera alegal miles de veces todos los días.

¿Qué otras novedades o deseos están esperando las enfermeras que lleguen desde la capital española?

Por mi parte creo que no debemos esperar de Madrid lo que desde las autonomías hemos conseguido convencer a nuestros propios políticos, y en ello estamos.

A nivel autonómico, el presente año ha estado marcado por la situación de la Atención Primaria y el consiguiente desencuentro entre el Departamento de Sanidad y parte de los sindicatos. Ahora con las aguas más tranquilas, ¿cómo valora lo ocurrido?

Mi valoración en este tema es como en el resto de los problemas de salud. Hemos centrado los cambios de salud en unas mesas sectoriales donde los organismos oficiales negocian con los sindicatos y hablan de temas laborales.

No voy a discutir de la importancia de estas mesas, que las tienen y mucho, pero el tema de los acuerdos que se alcanzan y como casan estos acuerdos con nuestra realidad asistencial, necesita de otros foros. Foros profesionales donde se evalúen si esos acuerdos pueden empeorar la asistencia que se presta.

Más allá de las reivindicaciones estrictamente laborales, ¿qué cuestiones le quedan por abordar a la Consejería?

La Consejería ya ha incrementado los puestos de enfermeras en los sitios claves de gestión. Pero tiene que seguir apostando por ese camino, no solo porque la formación ya la tenemos. Tenemos, además, la “visión” de cómo abordar la asistencia de una población envejecida sin el coste de pruebas e intervenciones que no aportan calidad de vida, pero sí un gran coste al sistema.

¿Cree que hay predisposición por parte de Sanidad a seguir dando mayor protagonismo a las enfermeras en Aragón?

El gobierno de Aragón ha llegado a la conclusión que el actual sistema no tiene un futuro de más de 10 años, y esto es preocupante, no solo para la población si no para los propios profesionales y las enfermeras, que podemos ser un factor en ese cambio.

Cuál cree que es en la actualidad el mayor problema del colectivo en la Comunidad, ¿la falta de relevo generacional, quizá?

Más que falta de relevo generacional lo que observo es una pérdida de valores en la profesión. O dicho de otra manera parece que la humanización y la profesionalidad son cosas distintas, y no debemos, con todos los avances que nos permitan las nuevas leyes, utilizar unos minutos para hablar con un paciente, consolarle cuando lo necesita y hacer que su vida dentro de la salud y de la enfermedad se encuentre con un profesional experto y a la vez humano está en nuestro ADN.

Otro tema que sigue con gran interés la profesión es la lacra de las agresiones en el ámbito laboral, ¿cómo se está actuando desde el Colegio?

Esta gran lacra se sustenta principalmente por la ausencia de denuncias. Pero es que cuando se produce una denuncia es cuando el Colegio puede invertir todos los recursos de acompañamiento al agredido, de su defensa en un juicio, es entonces cuando podemos actuar, mientras la agresión quede en una mera notificación a Salud Laboral, poco podemos hacer.

A punto de finalizar su mandato de cinco años, ¿qué valoración hace de su paso por el cargo de presidenta de las enfermeras de Zaragoza?

Por mi parte una grandísima experiencia, la sensación de haber intentado muchas cosas, de que algunas han salido bien y otras, no. De haber estado rodeada de un maravilloso grupo de trabajo. De que cambiar maneras y hábitos de hacer después de muchos años de otras maneras de trabajar es difícil.

Me queda la tranquilidad de haber hecho todo lo que está en mi mano porque este colegio sea cada vez más visible y tenga una voz que se escuche. Pero la valoración más importante la tienen que hacer los colegiados. En estos momentos somos 7.300 y tener satisfecho al 100% es imposible.

¿Se arrepiente de alguna decisión tomada en estos últimos años en los que ha ostentado la máxima representación enfermera de la provincia?

No, a lo largo de vida de lo que he aprendido ha sido de los errores; otra cosa es que me pregunten ‘qué habrías hecho de forma diferente’, y por supuesto, a toro pasado, cambiaría cosas.

Antes de terminar, ¿cómo cree que será la enfermera del futuro? ¿Cómo trabajará? ¿Cómo cuidará a los usuarios y pacientes?

La enfermera del futuro claro que irá cuidando mejor a los pacientes, porque avanzará el conocimiento, y por lo tanto, los cuidados serán mejores. Pero lo importante es que tendrá que estar más implicada en la macro gestión y en la investigación y aportar su punto de vista en estos campos.

Y casi la veo como líder de humanizar, no dañar ‘por si acaso’, no poner años a la vida en vez de vida a los años y que diga “basta” cuando no haya nada que ganar. Por encima de los profesionales que solo ven una rodilla o un páncreas o un hígado, las enfermeras tienen que ver a una persona en su conjunto y totalidad.

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