La nota de un problemático preso de la cárcel de Zuera que se ha puesto en huelga de hambre: "Me dio su palabra"
Un preso que ha vivido más tiempo de su vida dentro de prisión que fuera de ella y que sigue dando que hablar incluso entre rejas. La última que ha protagonizado Pablo Miguel Canales en Zuera ha sido la de protagonizar una huelga de hambre.
El motivo, según ha podido saber HOY ARAGÓN, la imposibilidad de un cambio de destino dentro del Centro Penitenciario de Zaragoza. "No me han asignado el destino recomendado pese a haberme dado su palabra", sentenciaba Canales en una breve nota a la dirección del centro con fecha de 3 de abril.
Este conflictivo preso, que cumple una condena de algo más de siete años de prisión por malos tratos a su padre, amenazas, lesiones a policías y otros tantos delitos en su haber, llevaría siete días sin probar bocado. Una negativa a comer que tiene que ver con su deseo de acceder a un trabajo mejor pagado dentro del penal.
Este periódico digital, tras consultar a fuentes cercanas a este centro penitenciario, ha conocido el verdadero propósito de la huelga de Canales. Se trata de la necesidad que tiene este preso de ganar más dinero trabajando en un módulo donde las labores que se realicen estén mejor pagadas. Algo que estarían valorando en la prisión de Zuera, pero que no se habría producido todavía ya que, al parecer, hay más oferta que demanda.
El empecinamiento de Canales y su deseo que tener ese trabajo ya sin esperas, le habría llevado a tomar esta decisión que podría ir mermando su capacidad física, al ingerir solo agua y apenas alimento para poder mantenerse en una huelga de hambre que, de momento, es indefinida o hasta que, según el preso, se le conceda lo que busca.
El hombre que se libró de una condena por asesinato
La historia de Pablo Miguel Canales y el crimen de Eduardo Montori fue uno de los casos más sonados que se han llevado a cabo en la Audiencia Provincial de Zaragoza. Montori, conocido como 'Falconeti', y vinculado al menudeo de droga en Ejea de los Caballeros, fue la víctima de un brutal crimen en 1996.
Su cuerpo fue encontrado con 17 puñaladas y, el detalle más macabro, decapitado. La investigación inicial no pudo aportar pruebas suficientes para condenar a Pablo Miguel Canales, quien también era conocido por su actividad delictiva relacionada con el tráfico de drogas.
Sin embargo, la reapertura del caso en 2017, gracias a una huella palmar ensangrentada, permitió a la Benemérita acusar a Canales de asesinato. Muchos recuerdan la frase del preso en mitad del juicio, insistiendo en que no sabía donde estaba "la cabecica de Eduardo". Se libró entonces de una condena mayor, ya que se demostró que estuvo en el lugar de los hechos pero no su implicación directa con la muerte de Montori.

