"Queremos descansar": la familia de Pablo Cebolla lleva dos meses buscándole en el río Ebro y no se rinde

Familiares y amigos rastrean los galachos de Pastriz y La Alfranca y quieren navegar el Ebro a motor, para lo que necesitan un permiso especial de la CHE.

Han pasado casi dos meses desde que Pablo Cebolla desapareció en la madrugada del 12 al 13 de febrero en el entorno urbano del Ebro en Zaragoza. Dos meses de crecidas, de dispositivos oficiales, de batidas ciudadanas y de espera. Y su familia sigue en el río. Este sábado pasado volvieron a los galachos de la zona entre Pastriz y La Alfranca, una franja de ribera que hasta hace poco permanecía cubierta por el agua y que ahora, con el Ebro más bajo, por fin puede rastrearse a pie.

"Es una zona que con las crecidas estaba cubierta por el agua y ahora ya podemos buscar aquí", explica un familiar del joven desaparecido. No es la primera batida. No será la última.

Desde el 13 de febrero, familiares y amigos de Pablo han organizado búsquedas de forma continuada, dividiéndose en grupos para recorrer ambas márgenes del Ebro tramo a tramo, sin rendirse ante las dificultades que el propio río ha ido poniendo en el camino.

El siguiente paso: lanchas a motor en el Ebro

El próximo fin de semana, la familia quiere ir más lejos. El plan es realizar batidas por el propio cauce del Ebro con embarcaciones a motor, aprovechando la ayuda de pescadores que han ofrecido voluntariamente sus lanchas y sondas para colaborar en la búsqueda. Pero para navegar a motor en el tramo urbano de Zaragoza hace falta un permiso especial de la Confederación Hidrográfica del Ebro (CHE), y ese permiso todavía no está concedido.

"Necesitamos el permiso para poder navegar a motor en Zaragoza", explica este familiar. "Confiamos en que se den cuenta de que no queremos ir a pescar. Queremos solucionar esto lo antes posible para que amigos y familiares podamos descansar", insiste.

La petición a la CHE es el siguiente obstáculo burocrático en una búsqueda que ha tenido que sortear, desde el principio, las dificultades que impone un río tan imprevisible como el Ebro. Las crecidas de febrero y marzo mantuvieron zonas enteras de ribera inaccesibles durante semanas. Ahora que el agua baja, la familia quiere aprovechar cada día.

Dos meses de búsqueda sin descanso

Pablo Cebolla tiene 20 años y raíces en Alhama de Aragón y Godojos, en la comarca de Calatayud. La última imagen confirmada lo sitúa descendiendo las escaleras del Club Náutico de Zaragoza hacia la ribera del Ebro en plena crecida. Desde esa madrugada, ninguna noticia.

La hipótesis principal de los investigadores apunta a una caída accidental al río. La corriente, con un caudal muy superior al habitual aquella noche, habría arrastrado el cuerpo aguas abajo, lo que desde el primer día obligó a ampliar el radio de búsqueda más allá de la capital, hasta el embalse de Mequinenza, a más de 130 kilómetro.

Durante semanas, el dispositivo oficial incluyó a la UME, la Policía Nacional, los Bomberos del Ayuntamiento de Zaragoza, los Bomberos de la DPZ y la Guardia Civil, organizados en tres tramos diferenciados del cauce.

A finales de marzo, con casi cuarenta días de operaciones y el río todavía alto, la Unidad Militar de Emergencias se retiró del dispositivo. La Policía Nacional ha confirmado que volverá a colaborar en la búsqueda cuando las condiciones sean más favorables. Mientras tanto, la familia no ha esperado. Ha seguido saliendo. Ha seguido buscando.

Una movilización que no decae

La desaparición de Pablo Cebolla generó desde el primer día una respuesta ciudadana poco habitual. Miles de personas se sumaron en redes sociales, se organizaron batidas con decenas de voluntarios y el caso mantuvo una presencia constante en los medios aragoneses durante semanas.

Dos meses después, esa energía no se ha apagado del todo. Los pescadores que ofrecen sus embarcaciones este fin de semana son un ejemplo de ello: gente que no conoce a Pablo pero que no quiere que su familia siga esperando más de lo necesario.

"Queremos solucionar esto lo antes posible para que amigos y familiares podamos descansar", insiste el familiar. La CHE tiene ahora en su mano facilitar ese siguiente paso. La familia espera que el permiso llegue a tiempo para el próximo fin de semana.

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