El misterioso asesinato de Carmen Broto, la oscense que se codeó con la 'yet set' de Barcelona en la postguerra
Hasta tres escritores se han interesado por su historia. Su asesinato llegó incluso a la gran pantalla de la mano del malogrado director de cine Pedro Costa. Antiguo cronista de sucesos de medios escritos como El Caso, Cambio 16 o Interviú, Costa contó en 'El caso de Carmen Broto', el macabro asesinato de una belleza oscense que cautivó a la alta alcurnia catalana y acabó sobre un gran charco de sangre en un callejón de la Ciudad Condal.
De su historia se habló mucho a finales del siglo pasado, y se vuelve a hablar ahora por el halo de misterio que rodeó su muerte. La vida de una joven de Guasa, una pequeña aldea oscense de la Jacetania, perteneciente a la localidad de Jaca, que quiso volar y salir de su pueblo en plena postguerra.
Su verdadero nombre era Carmen Brotons Buil, pero no tardaría en cambiárselo por el de Carmen Broto, que ya figuraba en su cartilla de racionamiento. Como tantas otras chicas de entonces, se marchó a Barcelona para buscar una vida más próspera trabajando como lo que se conocía como 'chica de servicio'.
Carmen empezó a darse cuenta que sus cualidades físicas, con un atractivo espectacular y una melena rubia por la que le apodaban la 'Marilyn Monroe' de Barcelona, podían serle muy útiles. Por eso abandonó la limpieza en domicilios y comenzó a frecuentar entorno sociales propios de la alta sociedad catalana.
Convertida en prostituta de lujo, comenzó a hacerse un hueco en la ciudad y su nombre ya sonaba en muchos círculos incluso cercanos al entonces gobierno franquista. Siempre se le veía junto a Juan Martínez Penas, dueño del conocido por aquel entonces teatro Tívoli. Aparentaba ser su amante pero, en realidad, era una tapadera con la que el empresario ocultaba su homosexualidad, perseguida entonces.
La explosiva chica de Huesca si que fue amante de otro conocido empresario de la Ciudad Condal, Julio Muñoz Ramonet, dueño de unos grandes almacenes que, a su vez, estaba casado con la hija del presidente entonces del Banco Popular.
Fue él quien le puso un piso a Carmen en una de las calles más lujosas de la ciudad. A 'Cascabelitos', como también le llamaban entonces, le gustaba esta vida. Lucir joyas, pasear por los locales de moda con impresionantes abrigos de piel y sobre todo dejarse ver en público.
Semi enterrada en un huerto sobre un gran charco de sangre
La noche del 10 de enero de 1949, 'Cascabelitos' murió asesinada a golpes. Su cadáver apareció semienterrado en un huerto privado de la calle Legalidad. Tenía tan solo 26 años y su tractivo contorno estaba envuelto en uno de sus abrigos de piel. La policía descubrió entonces que le faltaban sus joyas y tenía un golpe en la cabeza que desdibujaba su melena rubia platino.
La sociedad catalana se despertó un día después conmocionada al leer los titulares de las crónicas de sucesos. En todos salía la noticia del crimen de la joven oscense y en dichas crónicas se abrían interrogantes sobre su misteriosa muerte.
Testigos de los hechos por aquel entonces, contaron que tenía el rostro y la cabeza desfigurados por los golpes que le propinaron con una maza de madera. Su abrigo de astracán estaba manchado de sangre, y vestía en su lecho de muerte un vestido de terciopelo y una combinación con volantes de encaje.
La policía resolvió el caso en pocas horas. Carmen fue asesinada a golpes por tres hombres que le robaron las joyas mientras volvían de una juerga nocturna. Lo tenían planeado ya que habían quedado en emborracharla para robarle y, al ver que se resistía, acabaron matándola. El Ford Sedán en el que se produjo el crimen apareció lleno de la sangre de la joven aragonesa.
No tardaron también en aparecer los cuerpos de dos de los implicados en el homicidio, que al parecer se suicidaron días después ingiriendo cianuro. De hecho, el cadáver de uno de ellos apareció a pocos metros de donde se encontraba el cuerpo sin vida de 'Cascabelitos'.
El móvil estaba claro: las joyas que llevaba puestas Carmen. Sus asesinos, Jaime Viñas, Jesús Navarro Gurrea y su hijo Jesús Navarro Manau, amante de la joven, que declaró haber colaborado en el crimen contra su propia voluntad.
El padre era un conocido delincuente y, según las crónicas del momento, fue el que convenció a su hijo, prostituto, de robar a Broto y así tener un dinero para casarse con su novia de toda la vida, una chica de buena familia a la que había dejado embarazada.
Para ello contaron con la ayuda de Jaime Viñas, quien al parecer estaba enamorado de Jesús Navarro Manau. Jaime Viñas y Jesús Navarro Gurrea se suicidaron con cianuro pocas horas después del asesinato. A Manau lo condenaron a muerte pero después conmutaron su pena por 30 años de cárcel.
Después de cumplir 15 años entre rejas, fue puesto en libertad por su buena conducta. Manau, el único acusado que no murió tras el crimen, escribió durante su estancia en la cárcel un relato de los hechos lleno de suposiciones e implicando a gente poderosa en la muerte de 'Cascabelitos'. De hecho, amenazó con sacarlo todo a la luz en publicaciones de la época como Interviú o La Vanguardia.
La policía justificó haberlo resuelto tan pronto por el poco cuidado de los asesinos en ocultar pruebas, no solo en el coche donde la mataron, sino en el lugar donde fue hallado el cuerpo de Carmen.
Pero el halo misterioso que rodeaba uno de los más significativos crímenes de la crónica negra barcelonesa no dejó de flotar en el ambiente. Las hipótesis de uno de los asesinos confesos hicieron crecer las especulaciones. A pesar de todo, ya no hubo ninguna investigación más sobre la muerte de Carmen.
El caso nunca fue aclarado del todo; ¿Celos?¿Política?¿Tráfico de drogas? Carmen Broto sabía muchas cosas de gente muy poderosa en aquella época. De hecho, días antes de morir asesinada, acudió a una comisaría de policía para denunciar algo, que nunca llegó a saberse. La niña rubia de una aldea de Huesca que se marchó a la gran ciudad para buscar fortuna y una vida de ensueño acabó de la peor manera posible.

