La quedada sexual y el "regalito" de Navidad que llevaba un asesino serial en Zaragoza

Se conoció como 'el crimen de la maleta' porque el asesino metió el cadáver de su víctima en una maleta precintándola con cinta de embalaje
Imagen del condenado años antes al ser detenido en su país de origen por un crimen similar/Redes Sociales
Imagen del condenado años antes al ser detenido en su país de origen por un crimen similar/Redes Sociales

¿Quién iba a sospechar que el joven de 26 años y origen guatemalteco que alquiló una habitación en el número uno de la calle Vía Verde en El Oliver iba a ser un cruel asesino? Se acercaba la navidad de 2018; el 22 de diciembre el número 03347 dejaba 124 millones de euros en la ciudad de Huesca. Se repartía en doce administraciones de Huesca, Zaragoza, Fraga, Teruel y Tarazona, dejando en Aragón una lluvia de millones.

Muchos descorchaban champán y disfrutaban de una mañana de alegría desbordada. Mientras esto sucedía, la sala CIMACC 091 de la Policía Nacional recibía una llamada inquietanteUn hombre explicaba a un agente de policía que se había encontrado en el bloque de viviendas en el que vivía un "regalito" dentro de una maleta.

Aquí comenzaron las incoherencias de Jonathan W.B.N. antes los agentes que acudieron a su llamada. Que se la había encontrado, que había otra persona cuyo nombre llegó a inventar, que el no sabía nada de esto...

Al final acabó siendo detenido y los investigadores del Grupo de Homicidios de La Jefatura Superior de Policía Nacional de Zaragoza encajaron las piezas del rompecabezas y desmontaron una a una las coartadas de un joven que ya tenía experiencia en evadir a la justicia con montajes. Lo hizo en su país, algo de lo que después hablaremos, pero no lo consiguió en Zaragoza.

Fue directo a prisión al existir un claro riesgo de fuga y comenzaba así la historia de un crimen que terminó con la víctima, un transportista de 48 años con el que había quedado en redes sociales, descuartizado y metido en una maleta de viaje.

Una quedad de índole sexual que se producía el 14 de diciembre de aquel año, exactamente nueve días antes del hallazgo del cadáver. El acusado relató en el juicio, frente a un jurado popular en la Audiencia Provincial de Zaragoza, que eran las cinco de la tarde cuando la víctima subió las escaleras hasta su cuarto piso y llamó a su timbre.

El contacto era sexual y previamente negociado, así que le pagó cien euros que acordaron y entró en la habitación del joven guatemalteco. "Me tiró sobre la cama y me empezó a darme bofetadas llamándome zorra", dijo el encausado en el juicio. "Cuando me penetró,  yo grité y le di dos patadas para intentar quitármelo de encima. Mario - la víctima-, cayó al suelo y se golpeó con la mesilla, pero se volvió a levantar y se colocó otra vez encima de mí", seguía contando el verdugo ejerciendo de víctima.

A partir de aquí aparece la figura de Emilio 'El cordobés', una tercera persona que según el encausado estaba también  en la habitación y fue quien mató a Mario. Las explicaciones, de los más variadas, se sucedieron hasta que, en un momento dado, se dirigió a los nueve del jurado y les dijo: "Les voy a contar lo que en verdad pasó".

 "Le golpeé en la cabeza, dándose contra la mesilla, teniendo la sensación de que lo estaba matando por dentro, así que le di una patada en la cabeza y me marché de la habitación, dejándolo allí en la habitación. Cuando volví, observé que había fallecido y decidí deshacerme del cuerpo".

Lo metió en una maleta y la sacó a la terraza para que no oliese, aprovechando las bajas temperaturas. Tuvo nueve días para pensar como lo iba a hacer para no ser descubierto. Llegó incluso a inventarse una conversación con su víctima.

Entregó una serie de pantallazos de conversaciones telefónicas con un hombre a quien le habría alquilado una habitación por una semana. Llegó a responsabilizar a esa persona como el dueño de la maleta y lo que había en su interior. 

También utilizó el teléfono del fallecido para simular dicho intercambio de mensajes pero se equivocó al poner en boca del madrileño expresiones propias de su país de origen, Guatemala. No era en absoluto creíble.

La Sala II del Tribunal Supremo confirmó la sentencia emitida inicialmente tras el recurso del abogado de J.W.B.N. Veinte años de prisión por asesinar a Mario propinándole hasta 21 martillazos en la cara y la cabeza.

En la sentencia, ponencia del magistrado Julián Sánchez Melgar, se subrayó que “no sólo puede concretarse la inexistencia de una tercera persona cuando ocurren los hechos en la tarde del catorce de diciembre de 2018 por lo previamente expuesto y que la Policía concluye de manera racional y exhaustiva, sino también por las conclusiones de la pericia forense y el informe detallado que al respecto realizan en el Plenario”. 

Otro crimen anterior sin resolver

Lo que no le sirvió en la Audiencia Provincial de Zaragoza si que le fue muy útil tras ser detenido en su país tres años antes, En marzo de 2015, la policía de Guatemala encontraba un cuerpo en una localidad del departamento de Quiché, pueblo natal de J.W.B.N.

La víctima moría de un golpe en la cabeza y le cortaron los genitales. Los acusados, él y su padre, acabaron saliendo absueltos por falta de pruebas. Al reabrir Fiscalía el caso, el joven huyó de su país.

La víctima de aquel asesinato, Jonathan Witmar y otro hombre iban en una furgoneta y después los dos primeros se quedaron solos. Le había convencido de que le tenía que contar un secreto. Le llevó hasta un camino en el que le esperaban su padre y otros cómplices, y allí le atacó por la espalda con un objeto contundente, provocándole una fractura en la nuca que le causó la muerte. En el barrio de El Oliver, su destino fue otro. Actualmente sigue cumpliendo condena de la que todavía le quedan 17 años.

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