Habla la víctima de un peligroso atracador de bancos de Zaragoza que acaba de morir en prisión
Dejó de respirar en la víspera de las últimas navidades y con 67 años recién cumplidos en noviembre. Solo vivió en libertad 25 años de su vida, que los dedicó a delinquir para acabar ingresando en diferentes prisiones de España. Hablamos de Benito Ortiz Perea, del clan de los Perea, tres hermanos atracadores que fueron casi leyenda por su intensa actividad entre los años 70 y 90.
La última de estas cárceles fue la de Zuera, donde desde hace días había sido trasladado al módulo de presos del Hospital Universitario Miguel Servet. Aquí murió unas horas después de concederle la libertad condicional anticipada por cáncer y una enfermedad hepática que arrastraba en los últimos años.
"Estaba fatal, esquelético, y permanentemente enfadado. Lo iban a trasladar antes pero fue imposible", explica una fuente consultada por este periódico digital. Pasó sus últimas horas con insuficiencia respiratoria.
"Se negaba a salir de su celda para ir al médico y el medico decía que no estaba tan malo como para ir a consulta. Esto pasó muchas veces antes de su último ingreso", explica la misma fuente a HOY ARAGÓN.
Al tener insuficiencia respiratoria optaron por ponerle una bombona de oxígeno pero, según explican los que lo conocían en prisión, suponía un riesgo enorme para todos porque fumaba. "Fue poco a poco hasta que al final todo se aceleró", añaden.
Benito era el pequeño de tres hermanos y, según fuentes cercanas a su historia, el más peligroso. "Bueno, el más temido, porque era el único que tenía delitos de sangre", explica Mariano Felipe, el responsable de PRIPALI, una asociación que ayuda a los presos cuando salen de prisión tras cumplir sus condenas.
Uno de los juicios más sonados contra los Ortiz Perea se celebró en noviembre de 2018 en la Audiencia Provincial de Huesca. En aquel banquillo de los acusados se sentaron Benito y su hermano Pedro, último de los tres hermanos vivos y que actualmente cumple condena en la prisión de Zuera.
Atada y amordazada donde nadie la habría encontrado
Aquel día de mayo de 2016, según concluyó el juez, Pedro y Benito secuestraron a una mujer en un gimnasio en Miraflores porque querían su coche para cometer un atraco en una armería de Huesca. Según ha podido saber HOY ARAGÓN, se la llevaron a una zona boscosa. No se trataba de un cruce de caminos ni un lugar por donde pudieran transitar coches o personas. Era un lugar inhóspito, por donde nunca pasaba nadie.
Allí la dejaron amordazada y atada a un árbol y se fueron a cometer el atraco. Dicen los que conocieron el caso que habría muerto allí, de inanición, si no llega a luchar por su vida. Se salvó porque consiguió soltarse de sus ataduras. Solo ella, explican, sabe lo que sufrió; si no llega a soltarse, añaden, habría sido una víctima mortal de los Perea.
La sentencia de aquel juicio en Huesca les consideró autores de sendos delitos de tentativa de asesinato a Benito y de homicidio a Pedro, además de robo con intimidación y uso de arma, detención ilegal, tenencia de armas prohibidas y otra tentativa de robo con intimidación y violencia. Benito Ortiz fue condenado a cumplir más de 25 años de cárcel, mientras que a Pedro le condenaron a 20 años.
La Audiencia Provincial de Huesca les condenó también a pagar una indemnización de 20.000 euros a la víctima del secuestro, y otros 59.000 euros al propietario de la armería, que resultó herido por un disparo que Benito efectuó con un arma.
"Era un genio y figura, teniendo en cuenta que era un delincuente y vivía de los único que sabía hacer, atracar. Desprendía una rabia inmensa, demasiado grande para un cuerpo tan pequeño", sentenciaba una persona que lo conoció en prisión.

