Pinganillos de 2 milímetros y bolígrafos con cámara: así frenará la Universidad de Zaragoza el fraude en la PAU
Si te examinas de la PAU este junio en Zaragoza, Huesca o Teruel, conviene que sepas una cosa: los profesores van a llevar un aparato encima. No es un detector de metales ni nada que se vea a simple vista. Es un cacharro pequeño, parecido a una linterna, que avisa cuando capta una señal electrónica en el aula. Y si pita, te toca enseñar lo que lleves puesto.
La Universidad de Zaragoza ha comprado estos detectores de radiofrecuencia y campo magnético para usarlos por primera vez en la Selectividad de 2026. Aragón se une así a Galicia, Murcia y Cataluña, las únicas comunidades que han confirmado hasta ahora que rastrearán las aulas durante los exámenes. Otras ocho lo están estudiando.
El pinganillo de toda la vida ya no existe
Lo de copiar con un auricular gordo y una voz dictando respuestas desde el coche del primo aparcado en la puerta —eso se ha quedado para las películas—. Los tribunales universitarios llevan meses avisando de que la cosa ha cambiado bastante.
Ahora se habla de nanopinganillos. Miden dos milímetros. Se meten al fondo del oído y hace falta un imán para sacarlos. Hay quien los ha confundido con una mota de polvo cuando los ha visto en la mesa.
A eso súmale gafas con cámara, bolígrafos con cámara, relojes que reciben mensajes y calculadoras que parecen una Casio normal pero que por dentro tienen conexión a internet. Todo legal de comprar, todo barato, todo a un par de clics en cualquier web.
La IA lo ha puesto del revés
Aquí está el cambio gordo. Antes hacía falta a alguien fuera del aula. Alguien que tuviera el examen, lo leyera y te dictara. Ya no.
Hoy el estudiante hace una foto al enunciado con sus gafas o lo lee con el bolígrafo-cámara. Una inteligencia artificial le devuelve la respuesta en unos segundos. Y se la cuela en el oído, o se la pinta en la pantalla del reloj. En las calculadoras trucadas, encima, ya viene incorporada: pulsas una tecla y te resuelve la integral.
Es lo que ha hecho saltar las alarmas en Galicia, que lleva con estos detectores desde 2019 y ha servido de modelo para todos los demás.
Cómo funcionan los detectores (y por qué son legales)
Lo primero que hay que decir es que no son inhibidores. No bloquean nada. Tampoco leen el contenido de las comunicaciones —eso vulneraría la privacidad del alumno y sería ilegal—. Lo único que hacen es medir.
Miden si en el aula hay emisiones de wifi, bluetooth, radiofrecuencia o alteraciones magnéticas. Cuando algo emite, se enteran. El profesor recorre los pasillos entre filas de pupitres, aleatoriamente, y si el aparato salta, mira a ver de dónde viene.
A partir de ahí, le pide al alumno que enseñe lo que lleva encima. Si aparece el dispositivo, se confirma el fraude.
El castigo no es un cero en el examen. Es un cero en toda la PAU
Aquí viene lo serio. La sanción no afecta solo al examen donde te pillan. Se anula la PAU entera. Todas las asignaturas, todos los días, todo a la basura. El alumno queda con un cero o un "No Apto" y se queda fuera de la convocatoria de junio. Tendría que esperar a la extraordinaria de julio —si la sanción lo permite— o directamente al año que viene.
Las universidades quieren que la medida asuste. Y por lo que se está viendo en las redes sociales de estudiantes estos días, lo está consiguiendo.
Lo que no podrás llevar al examen
Al margen de los detectores, hay una serie de normas generales que afectan a toda España. Aragón también las aplica:
- Móviles: apagados del todo. No vale el modo avión ni el silencio. Y dentro de la mochila, no encima del pupitre.
- Relojes inteligentes y pulseras de actividad: prohibidos. Da igual la marca.
- Botellas con etiquetas: prohibidas también. Algunos estudiantes llevaban chuletas impresas pegadas por debajo del plástico.
- Gafas: si son normales, sin problema. Si tienen cualquier cosa rara o luces, te las hacen quitar.
Murcia, Cataluña y las otras ocho que vienen
Murcia generalizará el sistema en sus doce sedes este año, para más de ocho mil estudiantes. Cataluña ha decidido combinar los rastreos con restricciones todavía más duras sobre la posesión de electrónica en el aula.
Y luego está el grupo de comunidades que han abierto el melón y están estudiando hacer lo mismo el curso que viene: Andalucía, Asturias, Baleares, Castilla-La Mancha, Castilla y León, Comunidad Valenciana, Navarra y Euskadi. Si todas se suman, el rastreo electrónico será la norma en la Selectividad española dentro de dos cursos como mucho.
Para los estudiantes aragoneses que se examinan en junio, el mensaje es bastante claro. El pinganillo de dos milímetros se queda en casa.
