El miedo a conducir tiene un nombre y lo sufren el 28% de los conductores: así es la amaxofobia

La amaxofobia afecta al 28% de los conductores en España. Ansiedad y miedos previos, más que los accidentes, son la causa principal de este trastorno que limita la vida diaria.

El miedo a conducir tiene un nombre y lo sufren el 28% de los conductores: así es la amaxofobia
El miedo a conducir tiene un nombre y lo sufren el 28% de los conductores: así es la amaxofobia

La amaxofobia, término que designa al miedo a conducir, se ha consolidado como uno de los problemas más frecuentes y menos visibles en las carreteras españolas. Según el último estudio elaborado por la Fundación CEA, más de un 28% de los conductores asegura sufrir este trastorno, con una distribución de género mucho más equilibrada de lo que se creía: el 55% son mujeres y el 45% hombres.

Un miedo que no siempre nace de un accidente

Tradicionalmente se pensaba que el miedo a conducir estaba directamente relacionado con haber sufrido un accidente de tráfico. Sin embargo, el informe revela que cada vez son más las personas que desarrollan este temor sin haber vivido un siniestro, siendo los trastornos de ansiedad el detonante más habitual.

Problemas como la claustrofobia, la agorafobia o la acrofobia pueden derivar en episodios de miedo intenso al ponerse al volante. La ansiedad genera una espiral de síntomas físicos —sudoración, taquicardias, falta de aire— y psicológicos —miedo anticipatorio, bloqueo— que limitan al conductor hasta convertir tareas sencillas, como incorporarse a una autovía o atravesar un túnel, en retos imposibles.

Diferencias entre hombres y mujeres

El estudio matiza que, aunque las mujeres suelen mostrar un mayor nivel de preocupación y autoexigencia al volante, lo que puede explicar su mayor presencia en los datos, el número de hombres afectados ha aumentado. Una de las razones es la dificultad cultural y social que tienen ellos para reconocer problemas emocionales vinculados a la conducción, lo que en anteriores encuestas reducía artificialmente su peso estadístico.

La importancia de la regulación emocional

Para los especialistas, la clave para superar la amaxofobia está en trabajar las emociones antes que la conducción en sí. El primer paso es identificar los síntomas de la ansiedad y desarrollar estrategias de control: respiración, gestión de pensamientos negativos y exposición gradual a las situaciones que generan miedo.

En paralelo, se recomienda reforzar la autoestima del conductor, especialmente en mujeres que aprendieron a conducir bajo la presión de instructores o familiares que incrementaron su inseguridad.

La Fundación CEA ofrece programas diseñados específicamente para quienes padecen amaxofobia. En ellos se combinan la atención psicológica con prácticas controladas al volante. Estas sesiones permiten que la persona afronte, de manera progresiva, escenarios reales de conducción, hasta recuperar la seguridad.

Un reto para la movilidad y la seguridad vial

El impacto de este problema va más allá del terreno personal. La amaxofobia limita la autonomía de miles de ciudadanos, condiciona su vida laboral y social, y contribuye a que aumente la dependencia del transporte público o de terceros. Para los expertos, su magnitud la convierte en un desafío de seguridad vial de primer nivel, ya que afecta al bienestar emocional y a la movilidad en general.

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