El Abrazo al Ebro: la ruta que une Zaragoza con la naturaleza sin salir de la ciudad
Un recorrido de casi 19 km permite descubrir la ribera del Ebro entre historia, sotos y puentes, combinando paisaje natural y patrimonio urbano en pleno corazón de Zaragoza.
Zaragoza ofrece a sus habitantes y visitantes una forma diferente de acercarse al río que da nombre a la ciudad. La ruta periurbana conocida como “El Abrazo al Ebro” (Ruta 22 del programa ZaragozAnda) recorre cerca de 19 kilómetros en un itinerario circular que combina paisaje natural, patrimonio histórico y vida urbana.
El punto de partida se sitúa en las Murallas Romanas, uno de los símbolos de la Zaragoza más antigua. Desde allí, el recorrido atraviesa el Puente de Piedra, bordea la Plaza del Pilar y se adentra en la ribera del Ebro. El camino conduce hasta el Azud, donde se cruza hacia la margen izquierda, y continúa entre sotos, meandros y bosques de ribera que permiten contemplar de cerca la biodiversidad característica del valle medio del río. El regreso se realiza por el Parque del Agua y bajo el Puente del Tercer Milenio, cerrando un circuito que une lo histórico y lo moderno.
Con un desnivel acumulado de unos 90 metros y una duración estimada de entre tres y cuatro horas, la ruta está clasificada como de dificultad moderada. Su trazado combina pistas de tierra, pasarelas inundables y tramos asfaltados, lo que exige calzado adecuado y precaución, especialmente en días de lluvia o de crecida del Ebro.
Más allá de su carácter deportivo, la senda aporta un valor cultural y educativo. A lo largo del recorrido, paneles informativos explican la historia de Zaragoza, el papel de las crecidas en la configuración del cauce y la riqueza de la flora y fauna que habita en la ribera. El contraste es constante: a un lado, los tamarices y chopos del sotobosque; al otro, la silueta de la Basílica del Pilar o la arquitectura contemporánea del Tercer Milenio.
Los usuarios destacan la sensación de desconexión que genera el sendero, pese a encontrarse a escasos metros de la ciudad. Muchos lo califican como una ruta ideal para pasear en familia, correr o incluso recorrer en bicicleta, aunque en algunos tramos el terreno puede resultar menos accesible. El recorrido, disponible durante todo el año, también se beneficia de la cercanía del transporte público, lo que permite adaptar la caminata a distintos niveles de exigencia.
El Abrazo al Ebro es una de las joyas de los senderos periurbanos de Zaragoza. Es una oportunidad para mirar la ciudad desde otro ángulo: el que ofrece el propio río, convertido en eje de historia, paisaje y vida cotidiana. Un itinerario que recuerda que, en plena urbe, aún es posible encontrar silencio, naturaleza y horizonte abierto.

