Blanca Solans, consejera de Hacienda: "Zaragoza está muy alejada del riesgo financiero y en una situación saneada"
La consejera de Hacienda y Fondos Europeos del Ayuntamiento de Zaragoza, Blanca Solans, defiende que la ciudad ha dejado atrás su etapa de mayor endeudamiento tras reducir la deuda en casi 300 millones desde 2019. En esta entrevista con HOY ARAGÓN, asegura que Zaragoza está "fuera de riesgo financiero", sitúa la deuda real en torno a los 400 millones y destaca que este saneamiento ha permitido aumentar la inversión sin subir impuestos.
PREGUNTA. Consejera, el Ayuntamiento ha reducido la deuda en casi 300 millones desde 2019. ¿Estamos ante el mayor saneamiento económico de Zaragoza en décadas?
RESPUESTA. Rotundamente sí, y es un buen titular para empezar. Zaragoza era una de las ciudades más endeudadas de España. Hablamos de endeudamiento en dos variables: en términos absolutos, con más de 1.000 millones de euros de deuda, y en términos relativos, en relación con los ingresos corrientes municipales.
Ese nivel de endeudamiento limitaba la capacidad de acceder a nueva financiación y, por tanto, de acometer inversiones estratégicas. Además, suponía un lastre importante en el presupuesto, ya que una parte relevante se destinaba al pago de intereses y a la amortización.
Reducir la deuda ha tenido una gran trascendencia económico-financiera. Ha permitido rebajar el gasto en intereses, liberar recursos para gasto corriente e inversión, y salir de una situación en la que era necesaria la tutela de otras administraciones para poder acudir al endeudamiento.
También mejora la imagen del Ayuntamiento ante otras administraciones y agentes privados. Es, en términos económicos, como una empresa que mejora su situación financiera y genera confianza para atraer inversión.
Han cerrado con 532 millones de deuda, aunque sin el efecto contable del tranvía se situaría en torno a los 408 millones. ¿Cuál es la cifra que refleja mejor la situación real del Ayuntamiento?
Los datos que se utilizan habitualmente son los del Banco de España. Este organismo no solo tiene en cuenta la deuda bancaria en sentido estricto, sino también la deuda con otras administraciones públicas y determinados riesgos asociados a entidades participadas, como es el caso de la sociedad del tranvía.
Se trata de una imputación contable que ofrece una fotografía más completa del endeudamiento. En ese cálculo se incorpora también el posible riesgo futuro que determinadas operaciones podrían trasladar al Ayuntamiento.
No obstante, si se atiende únicamente a la deuda bancaria, el saldo estaría en torno a los 408 millones. Parte de esta deuda procede de mecanismos como el pago a proveedores, que en su día sirvieron para dar salida a facturas pendientes y que actualmente tienen un peso ya muy residual.
"Zaragoza era una de las ciudades más endeudadas de España y hoy está en una situación financiera saneada"
Entonces, ¿la deuda de Zaragoza está más cerca de los 500 millones o de los 400?
El saldo real está en torno a los 408 millones, por lo que está más cerca de los 400 que de los 500.
¿Zaragoza está realmente fuera de riesgo financiero o aún queda camino por recorrer?
La Ley de Haciendas Locales establece un límite claro: por encima del 110% hay riesgo, y la línea roja está en el 75%. Nosotros partíamos de cifras muy por encima de ese límite y ahora estamos por debajo, en torno al 67%. Esto significa que estamos en una posición muy alejada del riesgo y con una situación financiera saneada.
Han reducido la deuda, pero al mismo tiempo han disparado la inversión. ¿Cómo se logra ese equilibrio sin comprometer el futuro?
Ha sido clave la apuesta por maximizar los fondos europeos. Se creó una estructura específica para captar estos recursos y adaptarlos a los proyectos de ciudad, especialmente con los fondos Next Generation. Esto ha permitido aumentar la inversión hasta cifras históricas. En 2025 se han ejecutado 120 millones de euros, casi el triple que en etapas anteriores.
Además, hemos mejorado la capacidad de ejecución, agilizando la contratación y priorizando proyectos vinculados a financiación europea. Y, por supuesto, la reducción de deuda e intereses también ha liberado recursos para invertir.
¿En qué se están notando más esos 120 millones de inversión para los ciudadanos?
Se está notando en múltiples ámbitos. Desde la renovación de avenidas hasta mejoras en infraestructuras hidráulicas o la recuperación del patrimonio natural, como el río Huerva.
También hay inversiones en biodiversidad, nuevos parques, sistemas de riego o sostenibilidad ambiental. Y no solo hablamos de obra pública: el presupuesto también refuerza las políticas sociales para garantizar que nadie se quede atrás y mantener una ciudad equilibrada y con baja desigualdad.
Defienden que hay menor carga fiscal y menos deuda. ¿Es el momento de bajar más impuestos o ya no hay margen real?
Es un debate interesante, pero hay que recordar que, en el ámbito de la autonomía local, hay categorías impositivas en las que las principales magnitudes que determinan cuánto pagan los ciudadanos vienen fijadas por leyes estatales, lo que limita nuestras competencias.
Por ejemplo, el IBI, que es el que los contribuyentes identifican más fácilmente con el recibo de la contribución, está en el tipo mínimo al que se puede llegar precisamente por esas limitaciones legales. Es, además, un impuesto de carácter estructural y muy importante para la financiación municipal, y actualmente se sitúa en el mínimo permitido.
En el impuesto de construcciones, estamos prácticamente en el mínimo posible. En el de plusvalías, se ha hecho un esfuerzo importante por reducir los tipos impositivos y permitir exoneraciones en la primera vivienda heredada, con determinados límites en la base catastral. También en el impuesto de vehículos se han reducido tipos y se han introducido bonificaciones para fomentar el uso de vehículos híbridos o energías limpias.
En definitiva, se ha realizado un esfuerzo no solo por bajar impuestos, sino por adaptar los incentivos fiscales a los nuevos estándares de cada tributo. En el caso de plusvalías, por ejemplo, se busca evitar la doble imposición en la vivienda heredada, y en el de construcciones, que no suponga un freno a la actividad económica.
Por tanto, el margen que existe es limitado, tanto por la falta de plena autonomía local como por las restricciones en aquellos elementos que más influyen en el resultado final del impuesto.
"Los fondos europeos no han saneado las cuentas: han permitido invertir más sin subir impuestos"
¿Qué papel han jugado los fondos europeos en este saneamiento económico?
Más que en el saneamiento, los fondos europeos han actuado como una financiación complementaria. El saneamiento, fundamentalmente, ha venido por la reducción de deuda, la amortización de capital y el hecho de contar con una deuda menos gravosa.
Los fondos han permitido compensar el hecho de tener una fiscalidad competitiva y baja, aportando recursos adicionales sin necesidad de incrementar impuestos. En ese sentido, su papel está más vinculado a complementar la financiación municipal que al propio saneamiento.
Además, han servido para dar continuidad a proyectos de inversión que tienen un ciclo superior al año. Por ejemplo, se han incorporado al presupuesto más de 40 millones de euros procedentes de financiación recibida en ejercicios anteriores para seguir desarrollando esas actuaciones.
Por otro lado, la mejora de la situación financiera también ha permitido acceder a financiación en mejores condiciones, como préstamos con otras administraciones —por ejemplo, a través del IDAE—, algo que antes no era posible al superar los límites de endeudamiento.
En conjunto, los fondos europeos han sido una herramienta clave para reforzar la inversión sin subir impuestos, mientras que el saneamiento responde a la reducción y mejora de la deuda.
¿Qué proyectos clave dependen ahora mismo de financiación europea?
El proyecto del río Huerva es uno de los principales. También el de Giesa, que transforma patrimonio industrial en un espacio vinculado al sector audiovisual, regenerando además su entorno urbano.
La movilidad sostenible es otro ámbito clave, con proyectos como la renovación de autobuses o la ampliación de carriles bici. Y también hay margen en el ámbito energético.
¿Se están aprovechando al máximo estos fondos o se están perdiendo oportunidades?
En 2024 teníamos un ratio de ejecución por encima del 90%. Por lo tanto, se ha hecho un gran esfuerzo y creo que somos una ciudad que ha sabido entender la oportunidad que tenía y acogerse a este mecanismo como financiación complementaria.
Más allá del apoyo que hemos tenido de la comunidad autónoma para proyectos importantes para la ciudad, como la Romareda o el proyecto del río Huerva, esta iniciativa europea era la oportunidad que teníamos.
Y, como suele ocurrir, hemos tenido que valernos de nuestra propia capacidad, porque no siempre contamos con ventajas como otros territorios. En las convocatorias hemos sido disciplinados, muy trabajadores, y eso pone de manifiesto la especialización de los equipos técnicos del Ayuntamiento de Zaragoza.
Me refiero a todos los empleados públicos que trabajan día a día para adaptar nuestros proyectos al lenguaje de las convocatorias y a la filosofía europea que inspira el plan de recuperación.
¿Cuál es el objetivo real para el final de mandato en términos de deuda?
En términos de deuda, el objetivo es consolidar esta independencia financiera. Como decíamos, esto permite mejorar la capacidad de financiación, destinar más margen presupuestario a otros recursos en lugar de al pago de intereses, y mejorar la imagen reputacional del Ayuntamiento, lo que lo convierte en un atractivo inversor para otras administraciones y para el sector privado.
Además, es un ejemplo de política pública. La Administración General del Estado no puede decir que su deuda sea menor, porque cada vez es mayor. De hecho, mientras el Ayuntamiento la ha reducido en torno a un 39%, la del Estado ha aumentado en torno a un 34%.
Es cierto que, al ponerlo en relación con otras magnitudes como el PIB, puede parecer que la deuda disminuye si el PIB crece, pero en términos absolutos lo cierto es que el Estado tiene más deuda y el Ayuntamiento tiene menos.
Por lo tanto, es un ejemplo de cómo, en el ámbito de la gestión pública, una administración puede actuar de una manera u otra en función de su liderazgo político. Y en el Ayuntamiento de Zaragoza, con el liderazgo de la alcaldesa, se ha seguido una línea que consideramos más favorable para los zaragozanos.
Si tuviera que resumir en una frase el momento económico de Zaragoza, ¿cuál sería?
Zaragoza es una ciudad de oportunidades, como ha señalado en muchas ocasiones la alcaldesa. De hecho, lo pude comprobar recientemente en un viaje a Bruselas, donde distintas instituciones y direcciones de la Comisión Europea mostraron interés por lo que está ocurriendo en Zaragoza, por la inversión extranjera que está llegando y por el dinamismo de los proyectos que se están impulsando. Esto demuestra que cuando se aplican políticas abiertas, que no establecen muros y que buscan el interés general, se es capaz de atraer y no de separar.
En ese sentido, la alcaldesa plantea un proyecto de ciudad para todos, recogido en su programa electoral, y el presupuesto y su ejecución contribuyen a consolidar ese objetivo y a trasladar que la ciudad está mejorando. Y cuando una ciudad mejora, progresa: se vuelve más atractiva, puede compartir ese crecimiento con la sociedad y generar un proyecto ilusionante de futuro. Ese es, además, el mejor legado que puede dejar un proyecto político: no algo que se agote, sino que permita seguir avanzando y apostar por la ciudad con un balance positivo.


