Todos conocen esta plaza en Zaragoza y nadie se ha fijado en lo que esconde: una huella de la Guerra Civil

En lo alto de un edificio recuerdan la Zaragoza de la Guerra Civil y sorprenden a quienes levantan la vista en pleno centro de la ciudad.
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Todos conocen esta plaza en Zaragoza y nadie se ha fijado en lo que esconde: una huella de la Guerra Civil

Quien pasea hoy por la Plaza Salamero de Zaragoza difícilmente imagina que, sobre uno de sus edificios más singulares, se conserva un pedazo de la historia más oscura del siglo XX. Se trata de una antigua sirena de siete bocinas metálicas, visibles aún desde la calle, que durante la Guerra Civil Española se utilizó para alertar a la población de los bombardeos que sufría la ciudad.

La instalación se encuentra en la azotea del inmueble situado en el número 5 de la calle Teniente Coronel Valenzuela, junto a la plaza. Sus trompetas, de casi dos metros de longitud, conformaban un sistema acústico capaz de inundar el centro de Zaragoza con un estruendo imposible de ignorar. Su objetivo era claro: dar tiempo a los vecinos para buscar refugio ante la inminencia de los ataques aéreos.

Un sonido que marcaba el mediodía

Lo curioso es que, antes de su uso bélico, la sirena ya formaba parte de la vida cotidiana de los zaragozanos. Desde principios del siglo XX se utilizaba para marcar las doce del mediodía, una referencia horaria imprescindible en una época en la que no todo el mundo tenía reloj. El rugido metálico de la sirena servía como señal comunitaria y pronto se convirtió en una costumbre arraigada en la ciudad.

El inmueble que aloja la sirena fue reformado en 1944 por encargo del Banco de Aragón. El arquitecto Julián Laguna Serrano diseñó una ampliación moderna, que incluía la peculiar instalación en su cubierta. Con el paso del tiempo, el edificio cambió de usos, pero las bocinas permanecieron como mudos testigos de una etapa convulsa y del desarrollo urbano de la Plaza Salamero, también conocida como la Plaza del Carbón.

La plaza en sí ha vivido una transformación constante: de espacio comercial a zona de tránsito, de aparcamiento a lugar de encuentro ciudadano. Pero entre tanta reforma, las trompetas metálicas permanecieron, visibles para quien tenga la curiosidad de levantar la vista y detenerse a contemplarlas.

Un vestigio poco conocido

Hoy, la antigua sirena ya no funciona, pero sigue siendo un elemento patrimonial cargado de simbolismo. Para muchos zaragozanos pasa desapercibida, pese a que se trata de uno de los pocos recuerdos físicos que quedan en la ciudad de aquellos años. No hay cartel que la identifique ni visita guiada que la ponga en valor, aunque su sola presencia convierte al edificio en un pequeño museo al aire libre de la memoria histórica.

La historia de la sirena también ha llegado a las redes sociales, donde ha despertado la curiosidad de nuevas generaciones. El creador de contenido aragonés @charlyplanas la compartió recientemente con su comunidad, dándolo a conocer ante miles de personas.

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