¿Cómo es por dentro este mítico edificio de Paseo Sagasta? El interior del nº19 de Zaragoza

Un viaje al interior de la Casa Corsin, una joya modernista de 1904 que conserva la esencia de la Zaragoza que comenzó a transformarse en el siglo XX
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Imágenes: Archivo Municipal del Ayuntamiento de Zaragoza

¿Alguna vez te has preguntado cómo era por dentro ese edificio imponente de Paseo Sagasta nº 19? Seguro que has pasado mil veces por delante, quizá sin saber que te encontrabas ante una de las piezas clave del modernismo zaragozano.

La conocida Casa Corsin, levantada en 1904, es hoy un testimonio privilegiado de la transformación que vivió esta zona de Zaragoza a principios del siglo XX, cuando la antigua huerta de Santa Engracia dio paso a un nuevo barrio residencial lleno de aspiraciones burguesas.

La construcción fue promovida por Carlos Corsini y proyectada por el maestro de obras Juan Francisco Gómez Pulido, aunque durante décadas se atribuyó también a Ricardo Magdalena, uno de los grandes nombres de la arquitectura aragonesa. Lo cierto es que su diseño, de líneas fluidas y rica ornamentación modernista, encaja perfectamente con la estética de aquellos años en los que Zaragoza empezaba a mirar hacia la modernidad.

Una fachada que engaña: por dentro era aún más espectacular

El edificio se levanta sobre una amplia parcela con doble fachada —a Sagasta y a la calle de la Paz— y un elegante chaflán curvo que actúa como nexo entre ambas. Las cinco plantas, más un sótano visible desde el exterior por sus lumbreras, muestran una composición diferente en cada frente.

Los miradores acristalados, protagonistas absolutos del edificio, recorren gran parte de las fachadas. En el chaflán y en el eje central hacia Sagasta se extienden en continuidad vertical, marcando el ritmo de la fachada. En cambio, la parte que da a la calle de la Paz opta por balcones individuales, menos monumentales pero igualmente cuidados en su ornamentación.

La decoración exterior es uno de sus grandes tesoros: tallas florales de estética modernista, rejas con motivos vegetales y un maravilloso trabajo en las impostas y dinteles de cada balcón. La planta calle, concebida como “entresuelo”, simula un despiece de sillares que da sensación de robustez y elegancia.

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Imágenes: Archivo Municipal del Ayuntamiento de Zaragoza

Un interior para quedarse mirando

Si la fachada ya sorprende, el interior debía dejar sin palabras a cualquier visitante de la época. El zaguán —hoy ya transformado pero documentado en archivos municipales y estudios sobre la arquitectura modernista de Zaragoza— era un auténtico espectáculo: escayolas de exuberante temática floral, juegos de volúmenes y molduras que convertían la entrada en una especie de pequeño salón aristocrático.

Pero lo que más llamaba la atención eran las puertas: una de ellas, de madera tallada y de estilo plenamente modernista, y la otra inspirada en la Secession vienesa, corriente artística hermana del modernismo catalán.

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Imágenes: Archivo Municipal del Ayuntamiento de Zaragoza

Un pedazo de la Zaragoza original que aún resiste

A principios del siglo XX, la urbanización de Sagasta cambió por completo la fisonomía de la ciudad. Sin embargo, no todos los edificios de aquel primer impulso arquitectónico han llegado a nuestros días tal y como fueron concebidos. Por eso, el número 19, junto con su vecino el número 21 —también de 1904—, tiene un valor añadido: son de los pocos accesos laterales al paseo que conservan su aspecto original.

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Imágenes: Archivo Municipal del Ayuntamiento de Zaragoza

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