Adiós al "farol de siempre" en Alfonso I: el cambio que abre la polémica sobre las farolas de Averly
La intervención, visible desde primera hora de este miércoles, cambia la parte superior de las farolas “alfonsinas” del centro. El Consistorio asegura que no son piezas patrimoniales, sino réplicas instaladas en 2001, y la vincula al proyecto Reluzes de renovación a LED.
El Ayuntamiento de Zaragoza está sustituyendo este miércoles por la mañana la parte superior de las farolas tradicionales de las calles Alfonso I y Don Jaime, dos de las vías más reconocibles del Casco Histórico. Las luminarias, inspiradas en un diseño alfonsino y decimonónico asociado a la histórica fundición Averly, están siendo reemplazadas por otras nuevas, de estética similar pero con diferencias visibles: al menos en Alfonso I, el color de los elementos instalados no coincide con el de los anteriores y el material ha despertado dudas entre vecinos y transeúntes, que señalan que podría tratarse de piezas de aspecto plástico.
Fuentes municipales han precisado que los faroles que se están cambiando no son los originales de hierro fundido, sino una réplica colocada en 2001, realizada en aluminio. El Ayuntamiento explica, además, que aunque estas réplicas fueron suministradas en su día por Averly, no puede asegurar si las fabricó la propia fundición o si procedían de otra empresa.
Una estética muy arraigada en el imaginario de Zaragoza
La sustitución afecta, por ahora, únicamente a la parte superior de las farolas, un elemento que forma parte del paisaje sentimental del centro de Zaragoza y que se identifica con una época en la que el mobiliario urbano tenía un sello artesanal y reconocible.
La propia referencia a Averly amplifica el debate: la fundición fue durante décadas el mayor taller de Aragón y uno de los más relevantes de España en fundición industrial y artística en hierro y bronce, con encargos para industria, agricultura, sanidad, transporte y también para obra ornamental y mobiliario urbano. Averly cerró su actividad hace casi dos décadas y vendió sus terrenos en 2013. Dos tercios de su superficie fueron demolidos en 2016.
El Ayuntamiento defiende que “el concepto se mantiene”
Desde el Consistorio insisten en que el cambio no supone una ruptura estética. “El concepto de la farola se mantiene, no ha cambiado”, apuntan. Según su versión, lo que se coloca ahora es “igual o similar” a lo existente, con mejoras técnicas orientadas a seguridad y mantenimiento: “evita electrocuciones y tiene un mejor mantenimiento”, añaden.
La explicación municipal apunta a que el relevo responde a criterios operativos: piezas más seguras, menos sensibles a incidencias y con una vida útil más fácil de gestionar en una ciudad con un número muy elevado de puntos de luz.
La intervención se enmarca dentro del proyecto Reluzes, un plan municipal que busca “un modelo de iluminación más uniforme”, con reducción de luz innecesaria y un descenso del consumo gracias a la tecnología LED. El Ayuntamiento comenzó hace solo unos días la renovación de casi 10.000 puntos de luz en toda la ciudad, una operación apoyada en un crédito de 10 millones de euros a coste cero con fondos del IDAE (Instituto para la Diversificación y Ahorro de la Energía).
Según los cálculos municipales, esa inversión permitirá ahorrar 2,1 millones de euros anuales en la factura eléctrica. En la actualidad, Zaragoza cuenta con unos 87.000 puntos de luz, de los cuales 17.000 funcionan ya con tecnología LED.
Un cambio pequeño, una discusión polémica
Más allá del alcance técnico, el cambio en Alfonso I y Don Jaime toca una fibra sensible: el centro histórico es un escaparate urbano donde cada modificación se percibe con lupa. Y aunque el Ayuntamiento subraya que las piezas retiradas no son originales, el debate se instala en el terreno de lo simbólico: qué se considera “patrimonio”, cuánto pesa la continuidad estética y hasta qué punto la modernización energética puede (o debe) convivir con la identidad visual de la ciudad.
Por ahora, el relevo parece limitado a la parte superior de las farolas, pero la intervención ya ha dejado una sensación clara en la calle: cuando se toca el paisaje cotidiano del centro de Zaragoza, incluso los cambios “similares” se notan.