El asfalto hecho con huesos de aceituna que podría revolucionar las calles que están en obras de Zaragoza
El suelo que pisamos cuando caminamos por la ciudad puede convertirse en aliado contra el cambio climático. Barcelona acaba de aprobar dos proyectos pioneros que sustituyen el asfalto tradicional por materiales obtenidos de residuos agrícolas y componentes reciclados, con el objetivo de reducir hasta un 76% las emisiones de CO2 asociadas a la pavimentación urbana.
Una iniciativa que, si supera las pruebas piloto previstas para 2027, podría transformar la forma en que se construyen y mantienen las calles de cualquier ciudad española —Zaragoza incluida— y que llega en un momento en que los ayuntamientos buscan fórmulas concretas para reducir su huella de carbono sin disparar el presupuesto de obras.
La propuesta parte del Ayuntamiento de Barcelona, en colaboración con la empresa pública BIMSA, BIT Habitat y la Diputación de Barcelona.
El reto era claro: encontrar alternativas reales al asfalto convencional que redujeran la huella de carbono sin encarecer las obras ni comprometer la resistencia del firme. Dos de las seis propuestas finalistas de la convocatoria "La sección de calle del siglo XXI" han sido las seleccionadas, y cada equipo ganador recibirá 90.000 euros —el 80% del coste total— para cubrir el diseño, las pruebas y el seguimiento de los materiales.
Biochar: el asfalto que se hace con huesos de aceituna y pino
El proyecto más ambicioso de los dos se llama Biochar y es el que logra la reducción más llamativa: hasta un 76% menos de emisiones de CO2 respecto al asfalto convencional. El secreto está en el material que lo compone: carbón vegetal obtenido a partir de huesos de aceituna y biomasa de pino, que sustituye al filler calcáreo tradicional en la mezcla asfáltica.
El proyecto fue desarrollado por ELSAN, AMSA y la Universitat Politècnica de Catalunya, con la tecnología de Carboliva para transformar esos residuos orgánicos en un componente capaz de almacenar carbono dentro del propio pavimento.
Los ensayos técnicos apuntan a que el resultado no solo iguala la resistencia del asfalto convencional, sino que la supera en algunos aspectos: mejor respuesta ante el agua, mayor tolerancia a los cambios de temperatura y menor tendencia a fisurarse.
Que el material se fabrique con residuos de aceituna tiene una lógica clara en el contexto español. España es el mayor productor mundial de aceite de oliva, lo que genera enormes cantidades de huesos y restos del proceso de molturación que habitualmente se queman o se desechan.
Convertirlos en un componente de pavimento urbano cierra un ciclo que, de generalizarse, tendría impacto tanto medioambiental como económico para el sector oleícola aragonés y español.
RePavimenta: componentes reciclados para reducir a la mitad las emisiones
La segunda propuesta seleccionada, RePavimenta, apuesta por una vía diferente pero igualmente efectiva: incorporar componentes reciclados a la mezcla asfáltica para lograr una reducción del 50% en las emisiones de CO2. Aunque el porcentaje de reducción es menor que el del Biochar, sigue siendo un avance significativo respecto a los estándares actuales y tiene la ventaja de trabajar con materiales cuya cadena de suministro ya está establecida.
Ambos proyectos forman parte de una estrategia municipal más amplia que en Barcelona viene de lejos. En 2022, la ciudad ya había lanzado una convocatoria para renovar el panot barcelonés —la baldosa icónica de sus aceras— incorporando materiales reutilizados. Ahora el foco se desplaza hacia las capas interiores del asfalto y las calzadas, cerrando el círculo de la sostenibilidad urbana desde el suelo hacia arriba.
Cuándo y cómo se pondrá a prueba
La fase de investigación y prototipado se mantendrá abierta hasta septiembre de 2026. A partir de ahí, las pruebas piloto se trasladarán a distintas obras del espacio público de Barcelona durante un año, bajo la gestión de BIMSA, para comprobar en condiciones reales la resistencia, la durabilidad y la viabilidad de extender estos sistemas. Las primeras calles con asfalto ecológico comenzarán a instalarse en 2027.
El seguimiento técnico será riguroso: el objetivo no es solo que el material funcione en laboratorio, sino que aguante el tráfico, las lluvias, el frío y el calor de una ciudad real durante años. Si los resultados son positivos, Barcelona tendría argumentos sólidos para extender el modelo a más calles y para exportarlo a otras ciudades españolas. Zaragoza, con su apuesta por la sostenibilidad urbana y sus planes de renovación del espacio público, podría ser una candidata natural a adoptar esta tecnología en cuanto esté validada.
La oportunidad para cientos de ciudades
Si el Biochar demuestra su viabilidad en Barcelona, los residuos de aceituna generados en la provincia de Teruel y en las comarcas del Matarraña, el Bajo Martín o el Mezquín -con la fortaleza del olivo y el aceite- podrían convertirse en materia prima para el pavimento de las calles de cientos de ciudades y municipios.
Una oportunidad que merecerá seguir de cerca cuando lleguen los resultados de las pruebas piloto en 2027.

