"Vendido aquí": Alejandro Aznar reparte 2 millones en Zaragoza con el 06703 de El Niño
La administración El Rosario, en la calle Don Jaime, vive un 6 de enero inolvidable: Alejandro Aznar vende una serie del 06703 y reparte 2 millones en Zaragoza.
A las doce en punto del mediodía, mientras en muchas casas aún se recogen papeles de regalo y los niños prueban sus juguetes nuevos, los adultos miran a otro escenario cargado de ilusión. En el Salón de Loterías de la Organización Nacional de Loterías y Apuestas del Estado, el bombo del Sorteo del Niño empieza a girar. Es el primer gran sorteo del año y, para muchos, el último cartucho de la Navidad.
Media hora después, la suerte ya tiene nombre y apellidos. Y también dirección. Zaragoza vuelve a aparecer en el mapa de la fortuna.
El sorteo que no se canta, pero se espera
A diferencia del maratón del Sorteo de Navidad, el de El Niño es rápido y preciso. Apenas 26 extracciones: premios por terminaciones, los tres grandes del día y los reintegros especiales que permiten recuperar los 20 euros del décimo. Sin largas canciones, sin horas de espera, pero con la misma tensión en cada número.
Este año, el primer premio, dotado con 200.000 euros al décimo, ha recaído en el 06703. Un número muy repartido que ha llevado la alegría a las tres provincias aragonesas. Y una parte muy especial de esa felicidad se ha quedado en pleno corazón de Zaragoza.
“Vendido aquí”: el cartel que lo dice todo
En la calle Don Jaime, uno de los ejes históricos de la ciudad, la Administración de Loterías El Rosario vuelve a escribir una página más en su larga relación con la suerte. Al frente está Alejandro Aznar, que este 6 de enero ha vivido una de esas mañanas que justifican todo un año detrás del mostrador.
El cartel de “El Gordo del Niño vendido aquí” cuelga orgulloso. El champán salta. Las sonrisas se multiplican. El Rosario ha vendido una serie completa del primer premio, diez décimos que suponen dos millones de euros repartidos.
“Es una alegría inmensa”, repiten quienes pasan por la administración. No solo por el premio, sino por saber que ha caído cerca, en manos conocidas, quizá en algún vecino habitual, en alguien que compró su número casi por tradición.
El lotero que reparte ilusión
Para Alejandro Aznar, la imagen es la de siempre y, a la vez, nunca se repite igual: abrazos improvisados, teléfonos que no paran de sonar, cámaras buscando la instantánea perfecta. Pero detrás del champán hay algo más que una foto.
Hay orgullo profesional. El de quien vende números durante meses sin saber a quién cambiarán la vida. El de quien entiende que su trabajo no es solo despachar décimos, sino custodiar la esperanza de cada cliente que cruza la puerta.
En Zaragoza, donde la lotería se vive con cercanía y tradición, ese papel cobra un significado especial.
Un premio que recorre Aragón
El 06703 no se ha quedado quieto. Ha viajado por las tres provincias aragonesas, confirmando una vez más el carácter repartido del Sorteo del Niño. No ha habido un único epicentro de celebración, sino muchos brindis discretos, llamadas emocionadas y comprobaciones repetidas del número, “por si acaso”.
Mientras tanto, medios como Heraldo.es han seguido el desarrollo del sorteo, poniendo rostro local a una alegría que, aunque nacional, siempre se vive mejor cuando toca cerca.
El regalo que llega cuando ya no se espera
La Lotería del Niño tiene algo especial: llega cuando la Navidad parece terminar. Cuando los regalos ya están abiertos y el calendario empieza a exigir rutina, aparece este sorteo para recordar que la ilusión adulta también tiene su día.
En Zaragoza, ese recordatorio ha tenido forma de número, de cartel colgado en una puerta histórica y de un lotero, Alejandro Aznar, que este 6 de enero ha vuelto a hacer lo que mejor sabe: repartir felicidad.
Porque hay regalos que no vienen envueltos. Y hay mañanas, como esta, en las que la ciudad entera sonríe un poco más.