Javier Coronas recuerda su mili en Zaragoza: "Todos los partidos fuimos borrachos..."

El cómico contó entre risas cómo fue su servicio en el Ejército del Aire y su venganza años después a su sargento.
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Javier Coronas recuerda su mili en Zaragoza: "Todos los partidos fuimos borrachos..."

Javier Coronas, humorista y presentador español, ha vuelto a hacer lo que mejor sabe: convertir una anécdota cotidiana en una historia cómica. En una reciente entrevista, repasó cómo fue su paso por el servicio militar obligatorio, una experiencia que vivió en la capital aragonesa, concretamente en la Tercera Región Aérea de Zaragoza, al lado de la base aérea militar americana, donde estaban los F-18 y los F-16”.

Me tocó el servicio militar y lo ejecuté en Zaragoza. Y me tocó el ejército del aire. Yo estaba en la sección de automóviles. A tope”, contaba entre risas, asegurando que el mítico Top Gun aún no se había estrenado, “pero vino un pavo y dijo: ‘ostia, aquí hay tema’”.

Coronas aprovechó la conversación para desmontar algunos tópicos sobre la mili: “¿Qué os pensáis, que un soldado de tierra no tiene un conductor o un cocinero? Claro, un soldado de tierra, ¿qué pasa? ¿Está tirando la tierra todo el rato? Y los de aviación no estamos todo el día pilotando un F-18”.

El sargento gimnasta y las olimpiadas militares

Entre carcajadas del público, Coronas recordó la figura del “sargento primero”, responsable de la “doctrinación gimnasta”. “Era el que convocaba a los que hacíamos gimnasia deportiva porque había una especie de olimpiadas del servicio militar. Había baloncesto, fútbol y balonmano, y yo me apunté a balonmano”, explicó.

El equipo, formado por militares de distintas secciones aéreas, viajó a Noia (Galicia) para competir en el campeonato nacional. Pero la concentración deportiva acabó siendo más una fiesta que una competición. “Nos quedamos en un hostal y todos los partidos los jugamos borrachos. El portero vomitaba entre una parte y otra del partido. No ganamos ni un puto partido”, relató entre aplausos.

El humorista añadió que su momento más “glorioso” llegó cuando, en el tercer y último encuentro, el sargento le llamó aparte. “Yo pensaba que me diría: ‘Coronas, está todo perdido, pero confío en ti’. Y me dijo: ‘Coronas, cambia los chándales del banquillo’”.

De la mili a Makro y la venganza servida en frío

Después de cumplir el servicio, Javier Coronas decidió quedarse a vivir en Zaragoza, donde trabajó en distintos empleos antes de dedicarse por completo al humor. Uno de ellos fue en Makro, un centro comercial que —según él mismo— “no recomiendo y no quiero decir el nombre, pero se llamaba Makro”.

Y fue allí donde el destino le tenía preparada una escena digna de una de sus historias. “Un día me toca quedarme en recepción y entra por la puerta… el sargento primero”, contó con teatralidad. “Le pido la tarjeta de cliente y me dice: ‘Joder, nunca me habían pedido la tarjeta’. Me quedo mirando al ordenador dos minutos diciendo que la conexión iba mal y le bloqueo la tarjeta. Tuvo que hacer dos viajes de la caja a recepción. Que se joda”.

Las anécdotas de Javier Coronas no solo arrancan risas, sino que también reflejan una época y una ciudad.

 

 

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