La vez que Zaragoza estuvo a punto de hacer historia con la NASA
Pocos aragoneses lo saben, pero durante años, Zaragoza estuvo incluida en los planes de contingencia de la NASA.
No se trataba de una anécdota menor: la Base Aérea de Zaragoza, que comparte pista con el actual aeropuerto, fue considerada entre 1983 y 2011 uno de los tres puntos estratégicos fuera de Estados Unidos en los que el Space Shuttle podría haber tomado tierra en caso de fallo durante el lanzamiento.
Una pista casi perfecta para el espacio
El motivo principal estaba en su larga pista de aterrizaje, de más de 3.700 metros, capaz de recibir a un avión del tamaño del transbordador, una nave que medía más de 37 metros de largo y pesaba unas 70 toneladas.
Además, Zaragoza ofrecía un clima generalmente estable, baja densidad de tráfico aéreo y una infraestructura militar sólida, fruto de su uso conjunto con la Fuerza Aérea de Estados Unidos durante la Guerra Fría.
A eso se sumaba su posición geográfica ideal. Los lanzamientos del transbordador espacial se realizaban desde Florida, y su trayectoria inicial pasaba sobre el Atlántico. En caso de que una misión tuviera que abortarse tras el despegue, la NASA necesitaba lugares seguros a ambos lados del océano donde la tripulación pudiera aterrizar sin riesgo.
Zaragoza, junto a Morón de la Frontera (Sevilla) y Ben Guerir (Marruecos), formaba parte de ese triángulo de emergencia conocido como Transoceanic Abort Landing sites (TAL).
Preparada, pero nunca utilizada
Durante los años activos del programa del Space Shuttle, técnicos estadounidenses visitaban periódicamente la base zaragozana para verificar que todo estaba en orden: sistemas de radar, equipos de comunicación, iluminación de pista y servicios de emergencia. Todo debía estar listo por si alguna de las misiones —como las del Discovery, Atlantis o Columbia— necesitaba interrumpir su vuelo y buscar refugio en suelo aragonés.
Por fortuna, nunca fue necesario. Ninguna misión del transbordador tuvo que desviarse a Zaragoza. Sin embargo, la posibilidad existió, y durante más de 25 años, la capital de Aragón permaneció discretamente integrada en el engranaje de la exploración espacial estadounidense.
Una conexión aragonesa con el espacio
El papel de Zaragoza como “plan B” de la NASA no fue casual. Desde los años 50, la base aérea había mantenido una intensa colaboración con la Fuerza Aérea de Estados Unidos. A lo largo de décadas, cientos de militares norteamericanos vivieron en la ciudad.
Esa herencia, sumada a la calidad de sus instalaciones, convirtió a la base zaragozana en una aliada natural de la agencia espacial. En los archivos de la NASA aún figuran informes que mencionan la pista aragonesa como una de las más seguras de Europa para operaciones de emergencia.
Aunque la historia nunca llegó a materializarse con un aterrizaje real, el hecho de que Zaragoza formara parte del mapa de la NASA es motivo de orgullo para Aragón. Durante décadas, la ciudad estuvo preparada para acoger una misión espacial que habría pasado a los libros de historia y que, de haberse producido, habría convertido a la capital del Ebro en epicentro mundial de la atención mediática.
