El día que la zona del Tubo de Zaragoza estuvo cerca de ser destruida

A lo largo de más de un siglo, diversos proyectos intentaron abrir una gran avenida en el corazón de la ciudad partiendo por dos lo que hoy se conoce como el Tubo de Zaragoza.
El Tubo de Zaragoza, en una imagen de archivo / HOY ARAGÓN

El más que conocido 'Tubo de Zaragoza', esta idílica escena del centro de Zaragoza donde cientos de personas cada día departen entre tapas, cañas y vinos, pudo haber sido muy diferente si se hubieran llevado a cabo los planes para prolongar el Paseo de la Independencia hasta la Plaza del Pilar.

A lo largo de más de un siglo, diversos proyectos intentaron abrir una gran avenida en el corazón de la ciudad, una idea que, de haberse concretado, habría transformado para siempre el entramado histórico y social de Zaragoza.

El deseo de esponjar los centros urbanos para sanear y modernizar las ciudades fue una tendencia en Europa durante los siglos XIX y XX. Inspirados en el modelo parisino de amplias avenidas, políticos y arquitectos de Zaragoza soñaron con transformar el casco histórico, eliminando viviendas insalubres y abriendo nuevas vías comerciales.

Así surgieron proyectos como las calles Alfonso I, Don Jaime, o San Vicente de Paúl, que rompieron con el entramado medieval para adaptarse a las necesidades de la modernidad.

La idea de prolongar el Paseo de la Independencia, la principal arteria de la ciudad, hasta la Plaza del Pilar nació bajo esta misma filosofía, pero nunca logró materializarse, a pesar de los numerosos intentos.

Los primeros proyectos

El primer intento serio data de 1861, cuando el arquitecto José de Yarza propuso abrir dos grandes ejes este-oeste y dos norte-sur, siendo uno de estos la prolongación de Independencia. La falta de recursos económicos frustró esta iniciativa.

A principios del siglo XX, Zaragoza vivía un momento de transformación gracias a la Exposición Hispano-Francesa de 1908. En este contexto, el alcalde Antonio Fleta convocó en 1909 un concurso de ideas para extender el paseo hacia la calle Mártires. Sin embargo, la falta de propuestas adecuadas llevó a declarar desierto el concurso.

El proyecto arquitectónico para unir el Paseo de Independencia con la plaza del Pilar / AZ
El proyecto arquitectónico para unir el Paseo de Independencia con la plaza del Pilar / AZ

La propuesta de los años 30: La Guerra Civil lo cambia todo

En los años 30, el arquitecto Secundino Zuazo presentó un nuevo plan para la prolongación del paseo, que incluiría una avenida de 25 metros de ancho denominada "Avenida del 12 de Octubre". La Guerra Civil Española truncó este proyecto, aunque llegó a generar encuestas en los periódicos de la época, demostrando el interés de la ciudadanía en el tema.

En plena guerra, en 1936, Regino Borobio firmó el "anteproyecto de avenida de Nuestra Señora del Pilar o avenida de las Catedrales", que sentó las bases para la actual Plaza del Pilar. En 1949, se construyó el edificio de la Delegación del Gobierno, con una fachada orientada hacia lo que se suponía sería la prolongación de Independencia, marcando el único avance físico de este proyecto.

Los planes del siglo XX: cambios de perspectiva

El Plan General de Ordenación Urbana de 1943, redactado por José de Yarza, retomó la idea, y en 1952 se elaboró un proyecto definitivo con una avenida de 45 metros de ancho. Sin embargo, la ejecución seguía encontrando obstáculos, entre ellos la necesidad de demoler edificios históricos como la iglesia de Santa Cruz y la Casa Moliner.

En 1965, un nuevo proyecto intentó mantener los porches característicos del Paseo de la Independencia y preservar algunos edificios históricos. Sin embargo, las dudas crecían entre urbanistas y políticos, mientras Zaragoza vivía una expansión hacia las periferias.

El concurso de ideas de 1969: la Salvación del Casco Histórico

El punto de inflexión llegó con el concurso de ideas convocado en 1969 por el Ayuntamiento de Zaragoza para renovar el casco antiguo. Algunos proyectos seguían contemplando la prolongación del Paseo de la Independencia, pero el jurado apostó por preservar el entramado histórico y rechazar la destrucción masiva que implicaría la obra.

En 1970, los debates en el pleno municipal terminaron por desechar definitivamente la idea, marcando el inicio de una nueva etapa en la planificación urbana de Zaragoza, con un enfoque en la conservación del patrimonio.

En 1978, el Casco Histórico de Zaragoza fue declarado conjunto histórico, lo que protegió sus calles y edificios de cualquier intervención agresiva. Esta decisión marcó el fin oficial de los planes para prolongar el Paseo de la Independencia.

Un legado de fracasos que benefició a Zaragoza

Aunque la prolongación del Paseo de la Independencia nunca se llevó a cabo, los múltiples intentos dejaron un legado que ayudó a moldear la Zaragoza moderna. Por un lado, impulsaron debates sobre la conservación del patrimonio frente al desarrollo urbano. Por otro, dejaron como testimonio el edificio de la Delegación del Gobierno, orientado hacia una avenida que nunca existió, como un recordatorio simbólico de los sueños urbanísticos que quedaron en el papel.

Hoy, los zaragozanos disfrutan de un Casco Histórico que mantiene su esencia, con calles llenas de vida y espacios emblemáticos como el Tubo, la calle Alfonso y la Plaza del Pilar. Los fracasos de aquellos proyectos visionarios resultaron ser una bendición para la Zaragoza que conocemos.

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