El misterioso templo a 1 hora de Zaragoza que fue faro de peregrinos y hoy se conserva intacto
A apenas tres kilómetros de Sádaba, en pleno corazón de las Cinco Villas, emerge una de las construcciones románicas más elegantes de Aragón: la Ermita de Puilampa. Un pequeño templo del siglo XII que, aislado en un paisaje agrícola junto al río Riguel, conserva intacta su esencia medieval y una historia ligada al cuidado de peregrinos y viajeros.
Su nombre original, Podium Lampadii, ya advertía de su función: “lugar donde en alto se prendía fuego”, una referencia a ese faro simbólico que guiaba a quienes atravesaban esta ruta secundaria del Camino de Santiago. Hoy, la ermita sigue siendo un punto luminoso, pero para los amantes del patrimonio y la fotografía.
Un exterior ligero y armónico que sorprende al visitante
La ermita presenta una sola nave rematada por un ábside semicircular orientado al este, pero lo que realmente llama la atención es el sistema de columnas-contrafuerte que articulan todo el perímetro. Estas columnas, dispuestas en haces, sustituyen a los habituales contrafuertes.
Una imposta decorada recorre el exterior, mientras que la cornisa descansa en pequeños canes tallados con elegancia. Todo el edificio parece construido con una intención: resultar ligero, vertical, perfectamente proporcionado.
Pero el elemento que conquista a cualquier visitante es su portada occidental, considerada una de las más bellas del románico local. Con seis arquivoltas abocinadas, decoradas con dientes de sierra, entrelazos y motivos vegetales, guarda dos secretos. El primero, una inscripción: “BERNARDUS ME FECIT”, que desvela el nombre del maestro escultor. El segundo, su extraordinario tímpano, presidido por un crismón trinitario flanqueado por el sol, la luna, palmeras y vides cargadas de frutos. En su base, otra frase guía al peregrino: “Por esta puerta el Cielo se abre a cualquier fiel”.
Un interior de gran riqueza arquitectónica
Si el exterior resulta armonioso, el interior sorprende por su dinamismo. La nave se divide en dos tramos separados por un arco fajón y cubiertos con bóvedas de crucería simple, algo poco frecuente en templos rurales del XII. Los nervios descansan en columnas adosadas que crean un juego vertical único.
El ábside, ligeramente elevado, se cubre con una bóveda de cuarto de esfera reforzada por potentes nervaduras que convergen en la clave del arco triunfal. Tres ventanales absidiales permiten la entrada de luz, cada uno con su doble arquivolta y pares de columnillas.
Los capiteles del interior —vegetales y geométricos— revelan la influencia cisterciense, en consonancia con la tradición hospitalaria de Puilampa, vinculada al monasterio de Santa Cristina de Somport.
Un enclave histórico ligado al Camino de Santiago
Los documentos conservados ayudan a trazar la historia del cenobio. Desde 1132, Alfonso I impulsó la repoblación del lugar. En 1151, Ramón Berenguer IV cedió Puilampa a Santa Cristina de Somport para establecer allí una casa hospitalaria para atender a los peregrinos jacobeos.
Una inscripción en el interior del templo permite fechar su consagración en 1181, mientras que otra, en el exterior, recuerda al sacerdote Gil Gastón en 1222, demostrando que el hospital funcionaba a pleno rendimiento.
La iglesia, sorprendentemente, ha llegado a nuestros días casi intacta, incluso tras la Desamortización de Mendizábal. Su restauración reciente la ha devuelto al esplendor original y la ha convertido en una de las estampas románicas más fotogénicas de Aragón.
Cómo visitar Puilampa y qué ver alrededor
El acceso se realiza por pistas rurales desde la carretera de Sádaba a Pinsoro. Aunque es una propiedad privada, los trabajadores de la explotación agrícola facilitan las llaves a quienes desean entrar.
La visita puede completarse con un recorrido románico por la comarca: San Miguel de Biota, Layana, Uncastillo y Castiliscar, además del monumental Sos del Rey Católico a pocos kilómetros.