El paracaidista que trajo la bandera de España a la plaza del Pilar de Zaragoza saltando desde 1.500 metros de altura

El sargento primero Pablo García Matanza portó 35 metros cuadrados de tela y casi 10 kilos de peso en su salto sobre el Pilar ante varios miles de espectadores.
El sargento primero Pablo García Matanza / Ceuta TV

Nadie sabe exactamente en qué momento lo vieron. Las miradas llevaban minutos recorriendo el cielo azul sobre la plaza del Pilar sin encontrar nada, hasta que alguien lo gritó. A 1.500 metros de altura, casi invisible contra el sol de justicia de esta mañana de mayo, el avión T-12 Bravo ya había soltado a sus dos ocupantes.

El subteniente Alberto Vidal Moreira salió primero, como saltador guía. Detrás, el sargento primero Pablo García Matanza, con 35 metros cuadrados de bandera de España —casi 10 kilogramos de tela— atados al cuerpo. Lo que vino después duró apenas unos minutos, pero dejó a varios miles de zaragozanos con la vista clavada en el cielo y los aplausos preparados.

El acto del Día de las Fuerzas Armadas en la plaza del Pilar tuvo muchos momentos. El izado solemne, el desfile terrestre, el sobrevuelo de los F-18 del Ala 15 de la Base Aérea de Zaragoza. Pero el instante que nadie olvidará fue ese: la bandera nacional descendiendo lentamente sobre la Basílica, con el Ebro al fondo y la plaza llena hasta los bordes.

Quién es Pablo García Matanza

El sargento primero Pablo García Matanza no es un paracaidista cualquiera. Forma parte de la Patrulla Acrobática de Paracaidismo del Ejército del Aire y del Espacio —la PAPEA—, con sede en la Base Aérea de Alcantarilla, en Murcia, y considerada uno de los mejores equipos de paracaidismo del mundo.

Sus 19 componentes actuales —18 hombres y una mujer— acumulan más de 200.000 lanzamientos en total, con una media de unos 500 saltos al año por miembro. Algunos de los más veteranos superan los 12.000 lanzamientos a lo largo de su carrera.

García Matanza recibió este sábado el honor de portar la Enseña Nacional en el salto sobre el Pilar. No es un encargo menor: llevar una bandera de 35 metros cuadrados y casi 10 kilos en caída libre y maniobrar para aterrizar con precisión en un espacio urbano rodeado de miles de espectadores requiere una destreza que solo se consigue con años de entrenamiento y centenares de saltos.

El salto, explicado desde dentro

Antes de que los paracaidistas aparecieran en el cielo, el teniente Adrián París, segundo jefe de la PAPEA, explicó al público los detalles técnicos de lo que estaba a punto de presenciar.

Un detalle que pasó desapercibido para muchos pero que forma parte del protocolo: antes del salto se lanzó un derivómetro, un instrumento que mide la deriva —la desviación de la trayectoria por efecto del viento— para orientar la maniobra de los saltadores y garantizar que aterrizan exactamente donde deben.

Vidal salió primero para identificar el mejor punto de entrada a la zona de aterrizaje. García Matanza lo siguió con la bandera. Desde tierra, el descenso parecía pausado, casi tranquilo.

En realidad, cada cabriola que hicieron en el aire servía para testar el comportamiento del viento y ajustar la trayectoria. Cuando los dos paracaidistas se orientaron hacia la plaza y comenzaron la entrada final, el silencio de la multitud se rompió en aplausos.

Un honor que se repetirá en Vigo

El aterrizaje de García Matanza en la plaza del Pilar no fue solo el acto central del Día de las Fuerzas Armadas en Zaragoza. Fue también un ensayo para algo mayor. El sargento primero y el subteniente Vidal Moreira son los mismos saltadores que el próximo 30 de mayo realizarán el salto paracaidista en el acto principal de celebración del Día de las Fuerzas Armadas en Vigo, el que presidirá el Rey Felipe VI. Lo que hoy vieron los zaragozanos en el Pilar, lo verá dentro de una semana toda España.

Una vez en tierra, la bandera fue conducida hasta el pie del mástil por seis militares del Ejército del Aire, el Ejército de Tierra, la Guardia Civil y la Unidad Militar de Emergencias, escoltados por Aarón Rocatín Simón y Rubén Gómez Lafuente, ganador y finalista de la fase provincial del concurso 'Carta a un militar español'.

La enseña quedó izada sobre el mástil, aunque sin apenas vuelo: no corría ni una brizna de aire esta mañana en la plaza del Pilar. Un detalle menor que no restó un ápice de emoción a un acto que reunió a varios miles de zaragozanos desde primera hora de la mañana, muchos de los cuales se habían colocado en las primeras filas más de dos horas antes del inicio.

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