El día que el Papa Francisco rezó a la Virgen del Pilar en Zaragoza
La ciudad de Zaragoza también forma parte de la historia personal del Papa Francisco. En estos días de homenaje tras su fallecimiento a los 88 años, se han recordado numerosas anécdotas y curiosidades sobre la vida del argentino Jorge Mario Bergoglio, entre ellas su especial vínculo con la capital aragonesa.
En Cadena COPE, el sacerdote Jesús Alemany, miembro de la Compañía de Jesús en Zaragoza y quien conoció personalmente al futuro Papa a principios de los años 70, ha compartido un recuerdo que pone a Zaragoza en el mapa de la biografía del pontífice.
Alemany recordó que convivió con él durante unos ejercicios espirituales en Alcalá de Henares, en los que participaron una docena de jesuitas españoles y latinoamericanos. En ese contexto, Bergoglio, entonces un joven sacerdote recién nombrado Maestro de Novicios de la Compañía de Jesús en Argentina, viajó también a Zaragoza para visitar el pequeño noviciado que los jesuitas habían instalado en un piso del número 7 del paseo de Sagasta, antiguo General Mola.
El Papa Francisco estuvo una semana en Zaragoza, donde convivió con los novicios y ofició una misa para ellos. Aunque Alemany ya no se encontraba en la ciudad —se hallaba en Alemania finalizando su doctorado—, supo del paso de Bergoglio por el noviciado y su breve pero intensa estancia. "No sé cuántos días estuvo aquí, pero eso es cierto", confirma Alemany, quien también relata que el futuro Papa aprovechó para visitar y rezar a la Virgen del Pilar, uno de los templos más emblemáticos de la devoción mariana.
La relación entre ambos, que surgió en aquellos años de formación, se mantuvo a lo largo de los años pese a la distancia. Alemany recuerda con emoción cómo Francisco, incluso ya siendo Papa, continuaba felicitándole cada 31 de diciembre, su cumpleaños. "Para mí es imposible que ninguno de los compañeros de entonces recuerde esa fecha, pero él sí. Y cuando alguien de Zaragoza iba a visitarle al Vaticano, les decía: dígale al Padre Alemany que todos los 31 de diciembre me acuerdo de él y rezo por él", cuenta el jesuita aragonés.
Sobre su carácter, Alemany destaca que Bergoglio era un hombre muy trabajador, estudioso, deportista y, sobre todo, profundamente preocupado por los más débiles. "Era muy empático y fácil de trato. También era muy lector, deportista —jugaba al fútbol y subía a la montaña— y tenía un acento argentino muy gracioso junto a un sentido del humor importante. Sí, yo creo que eso lo hacía especial", recuerda.
La visita de Bergoglio a Zaragoza en 1971 queda como una anécdota que, en estos días de homenaje, adquiere un cariz aún más emotivo. Fue un paso discreto, como tantas otras cosas en su vida antes de llegar al papado, pero que hoy ilustra la cercanía, la sencillez y la profundidad humana de quien, décadas después, se convertiría en un referente espiritual para millones de personas en todo el mundo.
Aunque fuera brevemente, Zaragoza ha sido parte del camino vital de un hombre que supo hacer de la humildad, la empatía y el amor por los más necesitados el centro de su pontificado.


