542.000 personas sufren exceso de ruido en Zaragoza: "Donde no se puede dormir no se puede vivir"
Más de 542.000 personas —el 83,2% de la población de Zaragoza— sufren exceso de ruido por el tráfico durante el día, según los indicadores de la Unión Europea. Por la noche, el número baja solo ligeramente: 488.447 personas, el 68,8% de la ciudad. Son cifras que el propio Ayuntamiento de Zaragoza reconoce. Y aun así, según las asociaciones vecinales, no se hace nada.
La Confederación Estatal de Asociaciones Vecinales (CEAV), su rama aragonesa CAV Aragón, la Federación de Asociaciones de Barrios de Zaragoza y Stop Ruido han alzado la voz con motivo del Día contra el Ruido para exigir al consistorio zaragozano que deje de mirar hacia otro lado. Su mensaje es directo: "Donde no se puede dormir no se puede vivir."
El movimiento vecinal lleva años ganando sentencias judiciales contra el exceso de ruido en las ciudades españolas. También el Justicia de Aragón ha emitido recomendaciones en ese sentido. Nada de eso, denuncian, ha bastado para mover al Ayuntamiento de Zaragoza a actuar con contundencia.
"Los ayuntamientos continúan sordos, no aplican las leyes, no respetan ni hacen respetar los derechos de la ciudadanía", señalan desde las organizaciones firmantes. Una crítica que apunta directamente a la falta de voluntad política, no a la falta de herramientas legales. Las competencias para actuar, recuerdan, están en manos de los ayuntamientos. El problema no es jurídico: es político.
El caso de El Tubo
Las asociaciones ponen sobre la mesa un ejemplo concreto y reciente que, a su juicio, ilustra perfectamente la doble vara de medir del Ayuntamiento de Zaragoza. Las protestas de la hostelería de El Tubo por la caída de clientes en el entorno pusieron en marcha una respuesta municipal rápida. Sin embargo, cuando son los vecinos del entorno quienes denuncian el ruido y el gamberrismo generado por esos mismos locales, la respuesta municipal brilla por su ausencia.
"El ruido es ignorado, tolerado y fomentado tanto por el Ayuntamiento como por los bares cuando les genera beneficios. Pero si espanta su clientela, entonces reclaman la intervención municipal, que raudo y veloz va en su ayuda", denuncian. Una asimetría que las asociaciones consideran inaceptable y que resume, en su opinión, el problema de fondo: los intereses económicos de unos pocos se imponen sobre el derecho a la salud de miles de vecinos.
Otro de los blancos de la crítica vecinal es el mapa del ruido del tráfico de Zaragoza. Este instrumento, obligatorio por ley, existe sobre el papel. Pero su Plan de Acción, denuncian las asociaciones, no incluye ninguna propuesta concreta de mejora ni contempla la participación de la ciudadanía afectada. Además, el ruido del ocio diurno y nocturno —el que más impacto tiene sobre la salud de una gran parte de la ciudad— ni siquiera ha sido medido, y no hay fecha prevista para hacerlo.
Para las asociaciones, esto es un ejemplo claro de cómo se puede cumplir una ley dejándola vacía de contenido. "Las leyes del ruido son leyes muertas, o matadas", afirman.
Un minuto de silencio para que les escuche
La petición concreta de las asociaciones para este Día contra el Ruido es simbólica pero cargada de intención: un minuto de silencio ciudadano, un día al año, para visibilizar un problema que consideran una pandemia silenciosa. "No hay duda de que el ruido nos crea problemas graves de salud, viola y arruina nuestros domicilios, expulsa a la ciudadanía de sus casas y cierra el comercio tradicional de cercanía", argumentan.
El Tribunal Constitucional ya sentenció en 2004 que la protección contra el exceso de ruido es un derecho fundamental, al afectar directamente a la salud, la intimidad y la inviolabilidad del domicilio.

