Nuevo debate por la reforma de La Lonja: el PSOE pide su paralización y el PP defiende su uso expositivo
La Lonja de Zaragoza, joya del Renacimiento aragonés y espacio expositivo de referencia en la ciudad, vuelve al centro del debate político. Esta vez, a raíz del proyecto de reforma impulsado por el Ayuntamiento, que ha despertado la oposición del Grupo Municipal del PSOE, que considera que puede comprometer la integridad del monumento.
La portavoz socialista, Lola Ranera, ha anunciado que su grupo presentará una moción en el próximo pleno municipal para exigir la paralización inmediata del proyecto. Además, proponen la elaboración de un Plan Director del Patrimonio Histórico de la ciudad, en colaboración con expertos de la Universidad de Zaragoza y representantes de la sociedad civil.
“Nuestro patrimonio forma parte de la seña de identidad de la ciudad”, ha defendido Ranera, recordando que el Ayuntamiento cuenta este año con un presupuesto récord de más de 1.300 millones de euros, por lo que es el momento de priorizar la conservación patrimonial.
Desde el Gobierno municipal, la concejala del PP Sara Fernández ha salido al paso de las críticas. Ha defendido que el proyecto que se ha presentado es “inicial”, y que aún debe ser analizado y validado por la Comisión de Patrimonio, en colaboración con el Servicio de Arquitectura del Ayuntamiento. “No se toca ni el techo, ni las columnas, ni ninguna parte original del monumento”, ha asegurado Fernández, insistiendo en que la intervención solo afecta al suelo y a elementos colocados en los años 90, muchos de los cuales actualmente no funcionan.
Fernández ha subrayado también que La Lonja debe continuar siendo un espacio cultural y expositivo, y ha lamentado que “otros partidos pongan ahora en cuestión ese uso que atrae a más de 200.000 visitantes cada año”. A su juicio, algunos ejemplos citados de otras ciudades, como Barcelona, “no son acertados” y ha rechazado dar a La Lonja un uso “social” que el PP no comparte.
Por su parte, el Grupo Municipal del PP ha presentado una moción para su debate en el pleno del 29 de mayo, en la que se reafirma la importancia de La Lonja como espacio expositivo estable y su valor como símbolo del patrimonio histórico-artístico de Zaragoza. La propuesta destaca su trayectoria desde principios del siglo XX, con hitos como la Exposición Hispano-Francesa de 1919, pasando por el Salón Aragonés de Pintura Moderna o las recientes muestras dedicadas a Francisco Pradilla y Hermógenes Pardos.
En ella, el PP insta al Gobierno municipal a preservar y promocionar La Lonja, asegurando su continuidad como sala de exposiciones para artistas locales, nacionales e internacionales.
Más allá del debate institucional, la reforma también ha levantado un amplio rechazo ciudadano. El pasado 3 de mayo, cientos de personas se concentraron frente al edificio bajo el lema "¡La Lonja no se toca!". Durante la protesta, los asistentes realizaron un abrazo simbólico al monumento y lanzaron proclamas como "¡Chueca, escucha, la Lonja no se toca!" o "¡Vamos a llevarlos a los tribunales!".
Los manifestantes expresaron su rotunda oposición al modelo proyectado, que contempla la reorientación de la puerta de acceso principal hacia la calle Don Jaime I y la instalación de cuatro grandes bloques interiores, de casi tres metros de altura, destinados a acoger los sistemas de climatización, baños, vestuarios y la recepción del espacio. Una actuación que muchos consideran invasiva y lesiva para el valor patrimonial del edificio.
La protesta fue convocada por asociaciones vecinales y colectivos culturales que defienden una intervención menos agresiva y reclaman transparencia y participación en las decisiones sobre el futuro de este icono del Renacimiento aragonés.
PRÓXIMA CITA
El próximo pleno municipal, previsto para el 29 de mayo, será clave para el futuro de este proyecto. PSOE y PP medirán fuerzas en torno a dos visiones distintas del patrimonio: una que reclama cautela, participación y un enfoque patrimonial más amplio, y otra que defiende modernizar el espacio para garantizar su viabilidad cultural, respetando –según afirman– los elementos originales del edificio.

