¿Vives en Gómez Laguna de Zaragoza? Esta fue la vida de la persona que da nombre a tu calle

Aunque hoy su nombre se asocia sobre todo a tráfico, comercios y bloques de viviendas, detrás hay una etapa clave en la transformación de Zaragoza. Esta es la historia de Luis Gómez Laguna.

Si vives en la avenida Alcalde Gómez Laguna de Zaragoza, tu dirección esconde un trozo de la historia reciente de la ciudad. No es solo una gran vía que une el entorno de Universidad, Romareda, Valdespartera y Montecanal: lleva el nombre de un antiguo alcalde zaragozano, conocido popularmente como “el alcalde Gómez Laguna”, figura ligada al gran cambio urbano de la segunda mitad del siglo XX.

Aunque hoy su nombre se asocia sobre todo a tráfico, comercios y bloques de viviendas, detrás hay una etapa clave en la transformación de Zaragoza: el paso de una ciudad más compacta y tradicional a una capital que empezaba a expandirse hacia el sur y el oeste, con nuevos barrios, avenidas anchas y una movilidad pensada ya para el coche.

La avenida está dedicada a un alcalde entre 1954 y 1966, un regidor que formó parte de aquella generación de responsables municipales que gestionaron el gran crecimiento de Zaragoza en los años del desarrollismo. Su figura se encuadra en esa época de explosión demográfica, con la llegada de población desde los pueblos de Aragón a la capital; y la creación de nuevos barrios, como la expansión hacia Delicias, Universidad, Casablanca y los suelos que hoy rodean Gómez Laguna.

Hay un hito que resuelve Gómez Laguna y da pie a la ciudad que conocemos. Provoco un cambio de modelo urbano: se pasa de calles estrechas a grandes avenidas y rondas que empiezan a dibujar la Zaragoza moderna. Como otros alcaldes de la época, Gómez Laguna no fue elegido en las urnas, sino designado por la autoridad del régimen franquista. Aun así, su nombre quedó unido a esa Zaragoza que comenzaba a mirar más allá del casco histórico, del Coso y del Ebro.

¿Quién fue Gómez Laguna?

Pero, ¿qué fue de Luis Gómez Laguna antes de ser alcalde? El que terminó siendo alcalde de la ciudad, fue criado en el seno de una familia de comerciantes de Zaragoza. Desde niño, habló inglés, alemán y francés. Pensando en la carrera consular, realizó estudios de Derecho y de Filosofía y Letras, rama de Historia. Sus primeros contactos políticos arrancaron en 1934 desde la Federación Universitaria de Estudiantes.

Durante la Guerra Civil, tomó partido por el ejército sublevado y desempeñó diversas funciones vinculadas al frente, entre ellas labores de interpretación para la Legión Cóndor y el mando de una unidad de esquiadores. Tras el conflicto, inició su trayectoria en la vida pública zaragozana.

En 1939 pasó a formar parte del Ayuntamiento como edil, asumiendo las responsabilidades del área económica. Paralelamente, desarrolló una intensa actividad en el tejido empresarial de la ciudad: estuvo al frente de la Cámara de Comercio entre 1943 y 1944, ocupó cargos en los consejos de entidades financieras como los Bancos de Aragón y de Crédito de Zaragoza y también participó en empresas de relevancia industrial, entre ellas Cementos Portland.

Su salto a la alcaldía llegó en 1954. Durante los doce años que permaneció al frente del consistorio, Zaragoza vivió una etapa de fuertes transformaciones urbanas. Se remodeló el Paseo de la Independencia, se reordenó la Plaza del Pilar, se levantó el estadio de La Romareda y se ejecutaron proyectos estratégicos como el paso elevado de Delicias o el Puente de Santiago, infraestructuras que marcaron la fisonomía moderna de la ciudad.

En 1966 dejó el cargo municipal tras ser designado procurador en las Cortes del régimen, representando al llamado “tercio familiar”.

Fuera del ámbito institucional, fue miembro activo de entidades culturales y sociales de notable influencia: la Real Sociedad Económica Aragonesa de Amigos del País, el Ateneo de Zaragoza o la Real Academia de Bellas Artes de San Luis. En la última etapa de su vida ejerció también la presidencia de los Caballeros del Pilar.

Hoy, su nombre pervive en una de las avenidas principales de la capital aragonesa, recordando la huella que dejó en la vida política y urbana de Zaragoza.

En su esfera personal, a finales de los años veinte, conoció el mundo del montañismo a través de su tío, Lorenzo Almarza: fue uno de los fundadores de la asociación Montañeros de Aragón, en 1929. Destacó por las primeras escaladas en el Pico del Águila y el Aspe (Huesca), amén de sus once asaltos al Mallo Firé de Riglos (Huesca).

Como compañeros de aventuras verticales, llevaría a José Serrano, Manuel Marraco y Fernando Almarza. Entre 1933 y 1935, Luis Gómez Laguna realizó importantes salidas a los Alpes: Mont-Blanc por los Grands-Mulets; el Cervino en solitario por la arista Hornli y el Breithorn; la arista Zmutt al Cervino; la travesía del Mer de Glace, la Aiguille des Pélerins, etc.

De campo y huertas… a eje clave de la Zaragoza actual

Si hoy bajas a comprar el pan, a pasear al perro o a coger el bus en Gómez Laguna, cuesta imaginar que hace unas décadas buena parte de esa zona eran huertas, campos y caminos, muy lejos de la densidad actual.

Con el tiempo, la avenida se ha convertido en un eje residencial muy potente, rodeado de viviendas modernas y familias jóvenes. Así como un corredor entre barrios: conecta el área de Romareda–Universidad con Casablanca, Vía Hispanidad, Valdespartera y Montecanal.

Es decir, un resumen perfecto de la Zaragoza del siglo XXI: ciudad de tamaño medio, densa, con buena conexión viaria y cada vez más orientada a la vida de barrio.

Puede que no conozcamos al detalle la biografía completa de ese alcalde, pero su legado está debajo de tus pies: en la traza de la avenida, en cómo se conectan los barrios y en la forma en que la ciudad ha ido creciendo alrededor de tu portal. Cada vez que lees tu dirección, estás pisando un capítulo de la historia reciente de Zaragoza.

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