La red de Casas que cuidó a generaciones enteras en Zaragoza: de la Maternidad a Tarazona
Durante décadas, Zaragoza y su provincia articularon uno de los sistemas asistenciales más singulares de España. Mucho antes de que existieran políticas sociales modernas, la Diputación Provincial de Zaragoza diseñó una red de instituciones que acogían, cuidaban y educaban a quienes no podían valerse por sí mismos: huérfanos, jóvenes sin recursos o personas sin apoyo familiar.
El corazón de esa estructura fue el Hogar Pignatelli, en pleno barrio de Torrero, pero no funcionaba solo. A su alrededor existían otras instituciones, conocidas popularmente como “Otras Casas”, que completaban un recorrido vital pensado para acompañar a las personas desde la infancia hasta la edad adulta.
Aunque no todos los acogidos pasaban por cada una de ellas, juntas formaban una red sólida basada en la educación, la disciplina y la integración social.
Un sistema pensado para educar, no para encerrar
A mediados del siglo XX, la Diputación llevaba a cabo una filosofía muy clara: educar para integrar. La idea —avanzada para su época— era que los menores acogidos no pasaran su vida dentro de estas instituciones, sino que adquirieran un oficio, una formación y una autonomía suficiente para incorporarse a la sociedad. Solo aquellos casos excepcionales, que por circunstancias extremas no podían lograr esa integración, recorrían el circuito completo de Casas.
La clave estaba en la separación por edades. No era positivo, según los responsables de la época, mezclar niños con jóvenes o adultos. Por eso cada centro cumplía una función distinta, con un ambiente y unas dinámicas propias.
La Maternidad: el primer eslabón de la cadena
Entre estas instituciones, una de las más relevantes era La Maternidad, un espacio destinado a acoger a los niños más pequeños. Para muchos, éste era el primer punto de contacto con la red asistencial. Aquí se atendía a los bebés y primeros años de vida, garantizando cuidados básicos y un entorno seguro.
Aunque el Hogar Pignatelli es el más conocido, La Maternidad representaba el inicio de muchas historias personales: un lugar donde los recién llegados empezaban una nueva vida marcada por la protección institucional.
La Casa de Calatayud: un hogar alternativo dentro de la provincia
Otra pieza esencial del sistema era la Casa de Calatayud, una institución que permitía descongestionar el Hogar Pignatelli y dar respuesta a las necesidades de menores procedentes de la comarca. Su existencia revela algo propio del Aragón de la época: la importancia de extender los recursos más allá de la capital y garantizar la atención en puntos estratégicos del territorio.
Muchos jóvenes recuerdan Calatayud como un destino más tranquilo, más cercano a lo rural, donde se convivía de manera similar a como ocurría en Zaragoza, pero con un ritmo distinto.
El Hogar Doz de Tarazona: disciplina, aprendizaje y provincia
El tercer gran pilar era el Hogar Doz de Tarazona, uno de los centros más recordados por la comunidad de antiguos alumnos. Allí se continuaba con la formación, especialmente en oficios y talleres que permitían a los jóvenes adquirir autonomía laboral. Su ubicación, cerca del Moncayo, marcaba una dinámica diferente, más silenciosa y orientada al trabajo.
Tarazona representaba el paso previo a la salida al mundo adulto: trabajar, estudiar y asumir responsabilidades.
Un recorrido vital que rara vez se completaba entero
Aunque el sistema estaba diseñado como un itinerario, la mayoría de los acogidos no recorrían todas las Casas. La intención era que los menores pasaran el menor tiempo posible en las instituciones, y solo aquellos que no contaban con apoyo familiar o cuyas circunstancias eran especialmente difíciles seguían el camino completo.
Para muchos, el paso por una de estas Casas era solo una etapa. Para otros, se convertía en el marco donde crecían, aprendían, maduraban y se preparaban para una vida independiente.
Hoy, cuando estas instituciones ya no existen y el edificio Pignatelli alberga la sede del Gobierno de Aragón, el recuerdo de las “Otras Casas” es una pieza fundamental de la memoria social de Zaragoza. Fueron lugares en los que miles de niños y jóvenes encontraron cobijo, disciplina, afecto y oportunidades en tiempos marcados por la escasez y las desigualdades.