La torre de Pisa zaragozana: ¿Por qué está inclinada esta joya que vigila la plaza del Pilar?

La sorprendente historia de San Juan de los Panetes, el templo que estuvo a punto de desaparecer y hoy es uno de los rincones más curiosos del Casco Histórico.
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La torre de Pisa zaragozana: la joya inclinada que vigila la plaza del Pilar

No hace falta viajar a Italia para quedarse boquiabierto ante una torre inclinada. En pleno corazón de Zaragoza, junto a los restos de la muralla romana y frente al Torreón de la Zuda, se alza la torre mudéjar de San Juan de los Panetes, un campanario que desafía a la gravedad desde hace siglos y que ha convertido a este templo barroco en uno de los rincones más insólitos de la ciudad.

La iglesia, declarada Monumento Nacional en 1933 y posteriormente Bien de Interés Cultural, guarda una de las estampas más curiosas del casco histórico: una torre octogonal del siglo XVI que, debido a problemas de cimentación, se inclina de forma visible hacia la plaza del Pilar. 

Un templo con más de 1.500 años de historia

Los investigadores sitúan los orígenes del primer templo en los primeros siglos de la ciudad romana, posiblemente sobre uno de los bastiones de la muralla. Sobre aquel edificio primitivo se levantó una iglesia románica perteneciente a la Orden de San Juan de Jerusalén, considerada por muchos como la primera iglesia cristiana consagrada en Zaragoza.

Ese antiguo templo medieval fue derribado en el siglo XVIII por el Castellán Don Vicente de Oña, quien inició la construcción de la iglesia actual. Las obras concluyeron en 1725, ya bajo la dirección del Castellán Don Francisco Gaspar la Figuera, configurando el edificio barroco que conocemos hoy.

Una torre inclinada que estuvo a punto de desaparecer

Aunque ahora es uno de los símbolos discretos del casco histórico, su futuro no siempre estuvo asegurado. A comienzos de los años 30 se llegó a proyectar el derribo de la torre, cuyo asentamiento generaba preocupación. Sin embargo, la presión de arquitectos y defensores del patrimonio logró no solo frenar el turricidio, sino que el edificio fuese declarado Monumento Nacional en 1933, blindando así su supervivencia.

Tras la Guerra Civil volvió a ponerse sobre la mesa su demolición, pero la protección legal impidió la pérdida de uno de los elementos mudéjares más singulares de Zaragoza.

Un interior marcado por los incendios

Pese a su relevancia histórica, el interior del templo no destaca por su riqueza artística. Y no lo hace porque dos incendios devastaron prácticamente todas sus joyas, sobreviviendo únicamente un Calvario del siglo XVI, ubicado hoy en el ábside. La ornamentación, sobria y realizada en estuco con motivos vegetales, responde al gusto del barroco dieciochesco.

En su fachada principal se conserva además uno de los pocos crismones románicos que todavía existen en Zaragoza. Solo quedan tres: el del Pilar, el del Santo Sepulcro y el de San Juan de los Panetes.

Del reparto de pan a la escalinata moderna

El peculiar nombre de la iglesia también tiene historia. “Panetes” procede del reparto de pan que se realizaba en su exterior para atender a los más desfavorecidos, una tradición caritativa profundamente arraigada en la antigua Zaragoza.

Su entorno cambió radicalmente con las obras del tranvía y la reforma urbana de la década de 2010, que incorporó la gran escalinata–graderío que hoy vemos frente a su pórtico, convirtiendo este espacio en un lugar de paso, descanso y mirador hacia la Muralla y la Zuda.

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