El fin de la Torre del Agua en Zaragoza: cambio absoluto para dejar de ser cómo nació en 2008

El edificio símbolo de la Expo 2008 deja atrás años de infrautilización: Aragón inicia una reforma integral para hacerlo más accesible, más “inteligente” y con nuevos usos, desde un mirador acristalado hasta espacios para eventos.

La Torre del Agua vuelve a moverse. Y esta vez no es nostalgia de Expo: es un plan para darle una segunda vida con usos reales, gente entrando y saliendo, y una imagen potente de ciudad. El Gobierno de Aragón, a través de la sociedad pública Expo Zaragoza Empresarial, ha iniciado este miércoles los trabajos de adecuación, reparación y ampliación del edificio, un proyecto que se extenderá durante los próximos meses y que busca convertirla en el llamado “Faro de la Logística”.

La idea de fondo es clara: ya no vale con que sea un icono que se mira desde fuera. El objetivo es que se pueda vivir por dentro, con actividad continua, contenido, eventos y un acceso mucho más amable.

La intervención se divide en dos grandes bloques. Por un lado, los trabajos orientados a reparar patologías y adaptar el edificio a la normativa vigente, que ha evolucionado desde 2008. Por otro, una reforma pensada para incorporar nuevos servicios: un mirador en la cubierta, mejoras del espacio de restauración y una batería de salas multifunción en la planta baja.

Lo primero: recuperar la funcionalidad (y blindarla contra lluvia y viento)

Tras años de infrautilización, el primer objetivo es devolverle la funcionalidad. La torre, diseñada para simular una gota de agua vista desde arriba, exige una intervención meticulosa: se revisarán y sustituirán elementos de sellado, con especial atención a filtraciones por lluvia y viento. También se hará una puesta a punto de instalaciones para que el interior sea confortable y operativo para el uso que se pretende.

El gran “wow”: un mirador acristalado en la cubierta

El punto más llamativo es la creación de un mirador en la planta superior. Hasta ahora, esa zona estaba reservada para usos técnicos o visitas muy puntuales. Con la reforma, se proyecta un espacio acristalado que implicará prácticamente una nueva planta en el edificio.

Para que eso funcione, hay que tocar lo más delicado: los accesos verticales.

Quienes visitaron la Expo recuerdan los ascensores panorámicos como uno de los grandes atractivos. Volverán, pero con una actualización técnica completa para cumplir las normas actuales de seguridad y permitir una parada fluida en esa nueva cota, desde donde se promete una panorámica de 360 grados única en Aragón.

Más cambios y nueva piel

La planta baja se transformará en salas multifunción pensadas para ser versátiles: desde exposiciones de arte contemporáneo hasta conferencias o eventos corporativos. El concepto es que la Torre del Agua no sea “un monumento” sino un edificio que genere actividad y se adapte a usos cambiantes.

La Torre del Agua de 2026 no solo será más accesible: también será más tecnológica. La reforma prevé centralizar la gestión del edificio en un puesto de control de última generación, desde el que se monitorizarán y operarán sus instalaciones.

Otro de los trabajos grandes está en la envolvente: la “piel” de la torre, compuesta por parasoles y grandes superficies acristaladas. Se actuará sobre elementos deteriorados y se realizará una limpieza profunda de óxidos en componentes metálicos. La superficie de actuación roza los 9.000 m², con la idea de recuperar el aspecto original tras casi dos décadas a la intemperie.

Y habrá remate visual: una nueva iluminación exterior que la convertirá en un faro dinámico y reconocible.

Calendario: objetivo enero de 2027

La previsión es que las obras finalicen en enero de 2027. Si se cumplen los plazos, Zaragoza recuperará uno de sus símbolos con un enfoque distinto al de 2008: menos “evento masivo” y más experiencia continua, útil y viva. Una torre que deje de ser recuerdo… para volver a ser lugar.

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