La odisea de Miriam Gil en un tren fallido entre Zaragoza y Madrid: "Lamentable, mucha gente estuvo de pie"
Miriam Gil vivió este viernes una odisea. Un fallo técnico registrado en un tren AVE que circulaba en la línea entre Zaragoza y Madrid obligó a interrumpir el servicio temporalmente y a trasladar a los pasajeros a un nuevo convoy. El incidente ocasionó retrasos de hasta casi 90 minutos. Lo que debía ser un trayecto rápido y sin complicaciones terminó convirtiéndose en una experiencia llena de contratiempos y desinformación, afectando a numerosos pasajeros que compartían el viaje.
El tren afectado, que había partido de Huesca y tenía como destino final Sevilla, sufrió una avería que impidió que pudiera reanudar su marcha. Según informó Renfe, los pasajeros permanecieron una hora a bordo del tren averiado hasta la llegada de un nuevo convoy. Una vez reubicados, pudieron completar su viaje tras un transbordo en paralelo realizado en la misma vía.
Un inicio aparentemente normal que pronto se complicó
El tren en el que viajaba Miriam partió de Zaragoza a las 9:45 horas. Todo parecía transcurrir con normalidad hasta que, poco antes de llegar a Medinaceli, el convoy se detuvo de manera repentina. Según relata Miriam: “Nos informaron que sería una parada de 20 minutos a consecuencia de una avería.” Pero no. Lo que parecía un retraso menor pronto se complicó.
Tras intentar reanudar la marcha, el tren volvió a detenerse. Miriam, quien pudo escuchar parte de la conversación entre el revisor y otra pasajera, descubrió que la causa del nuevo parón no era su propio tren, sino un convoy averiado delante de ellos. “Por la chica que llevaba delante, que habló con el revisor, me enteré de que el tren de delante se había averiado y no podíamos pasar por la vía”, explicó Miriam.
Finalmente, los pasajeros del tren averiado fueron trasladados al convoy en el que viajaba Miriam, generando una situación incómoda y caótica. “Hemos llegado a la altura de dos vías donde los pasajeros del tren averiado se han montado en el nuestro. Lamentable, porque mucha gente ha estado de pie”, señala con indignación.
La sobrecarga de pasajeros hizo que el viaje se volviera aún más incómodo, con personas obligadas a viajar de pie debido a la falta de asientos disponibles.
Una comunicación confusa y una compensación cuestionable
A pesar de los múltiples retrasos y de la incomodidad generada por la acumulación de pasajeros, los usuarios recibieron un mensaje de la compañía indicando que el retraso había sido de 80 minutos y que podían reclamar una compensación. Sin embargo, Miriam cuestiona la veracidad de esta información: “Nos mandaron un mensaje diciendo que podíamos reclamar porque el retraso había sido de ochenta minutos, cuando ni siquiera habíamos llegado a Atocha.”
Miriam, visiblemente frustrada, lamenta la falta de claridad y la gestión deficiente por parte de la compañía ferroviaria. A su llegada a Madrid, el retraso había superado ampliamente el tiempo anunciado en el mensaje.
El caso de Miriam Gil no es aislado; muchos pasajeros han expresado su descontento en redes sociales por la manera en que se gestionó la situación. Otro pasajero en conversación con HOY ARAGÓN, asegura que "el tren iba perfectamente hasta que fue frenando poco a poco y se paró por completo. No supimos nada en 30 minutos". Este pasajero reconoce la falta de información desde el principio y la confusión que se vivía en el tren.
"Nos dijo un operario de Renfe, cuando llevábamos más 50 de minutos esperando, que podía ser una avería por el líquido de los frenos, algo que nos alarmó muchísimo". Entre los pasajeros y los operarios de Renfe se comentó que el tren en el que viajaban tenía serias deficiencias por tener "más de 30 años". Uno de los técnicos de Renfe así lo aseguró, según detalla esta pasajera, "el tren está muerto".
Tras estar esperando más de una hora, "ha aparecido otro tren en el cual hicimos un transbordo. Tuvimos que pasar a otro vagón a través de una pasarela y nos sentamos donde podíamos. No se nos ha dado más explicación".
Mientras tanto, Miriam y el resto de los afectados esperan que sus reclamaciones sean atendidas y que la compañía tome medidas para prevenir futuras incidencias que afecten la comodidad y el tiempo de los viajeros.
Para Miriam, lo más preocupante no fue solo el retraso, sino la falta de organización y la sensación de que los pasajeros quedaron a merced de los problemas técnicos, sin una respuesta adecuada por parte de la empresa.


