El rincón secreto de Zaragoza que parece Londres: así es la calle de las casas de colores

Un pequeño Notting Hill, sin alfombra roja ni estrenos de cine, pero con algo mucho más difícil de conseguir: personalidad propia.
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A un paso de la plaza San Francisco, escondida entre el tráfico, las prisas y los bloques de viviendas, Zaragoza guarda su pequeño Notting Hill. Es la calle Mariano Supervía, una vía corta y discreta en el mapa, pero inconfundible a primera vista: una hilera de casitas bajas, casi como chalets urbanos, pintadas en una paleta de colores que va del pastel suave a los tonos más audaces. Verde, morado, azul, amarillo, rosa… Aquí cada fachada parece contar su propia historia.

En una ciudad donde dominan los edificios altos y las medianeras grises, Mariano Supervía irrumpe como un paréntesis visual. Las viviendas, de escasa altura y con proporciones casi de unifamiliar, generan una sensación extraña pero agradable: la de haber salido del bullicio de Zaragoza sin haber abandonado el centro.

Una de las viviendas muestran detalles que le dan un toque distintivo / HOY ARAGÓN

El contraste es mayor al saber que está a apenas unos minutos andando de la plaza San Francisco, uno de los epicentros universitarios y comerciales de la ciudad.

La comparación con Notting Hill no es gratuita. Igual que en el barrio londinense popularizado por la película de Julia Roberts y Hugh Grant, aquí también hay algo de postal cinematográfica. No hay mercado de Portobello ni hordas de turistas con cámara al cuello, pero sí una atmósfera que invita a pasear despacio, a detenerse en los detalles: las molduras, las rejas, las puertas de madera, las macetas que algunos vecinos colocan en las entradas.

El cromatismo de Mariano Supervía rompe con la sobriedad habitual del caserío zaragozano. Los tonos pastel conviven con verdes intensos, violetas y otros colores poco habituales en las fachadas residenciales de la ciudad. Esa mezcla, lejos de resultar estridente, acaba construyendo un conjunto armónico, casi poético, que convierte a la calle en un pequeño refugio urbano. Quien entra desde una de sus esquinas tiene la sensación de cruzar una frontera invisible entre la rutina y un escenario más amable.

Dos viviendas de la calle Mariano Supervía, con tonos de fachada muy característicos / HOY ARAGÓN

La tranquilidad es otra de sus señas de identidad. Pese a estar en una zona muy viva, el tráfico es escaso y el ruido parece amortiguarse entre las fachadas de colores. Es habitual ver a vecinos conversando en la puerta, niños entrando y saliendo, o algún viandante que, móvil en mano, se queda haciendo fotos al descubrir el lugar por primera vez.

Mariano Supervía no figura en las guías turísticas ni aparece en grandes campañas de promoción, pero se ha ganado un lugar especial en el imaginario de muchos zaragozanos. Es una de esas calles que se recomiendan en voz baja: “Te voy a enseñar un rincón que no parece Zaragoza”. Un pequeño Notting Hill, sin alfombra roja ni estrenos de cine, pero con algo mucho más difícil de conseguir: personalidad propia.

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