El kilo de cerdo cuesta 1,30 euros en la granja y 6,90 en el supermercado: la brecha que nadie explica
Cuando compras carne de cerdo en el supermercado estás pagando 6,90 euros por kilo. Es el precio más alto registrado en toda la serie histórica analizada. Mientras tanto, el ganadero que cría ese cerdo cobra 1,30 euros por kilo en origen. Hace dos años cobraba 1,83 euros.
Ha perdido un 28,9% de sus ingresos por kilo en ese periodo. Tú has pagado un 6,9% más. La diferencia entre lo que recibe el ganadero y lo que pagas tú en el lineal ha pasado del 252% al 431% en apenas dos años. Alguien se está quedando con esa diferencia. Y no es ni el productor ni el consumidor.
Estos son los datos del Índice de Precios en Origen y Destino (IPOD), analizados por la Coordinadora de Organizaciones de Agricultores y Ganaderos (COAG) para el periodo abril 2024 — abril 2026.
Los números que lo explican todo
La comparativa es tan clara que no necesita mucha interpretación. En abril de 2024, el ganadero recibía 1,83 euros por kilo de cerdo. El consumidor pagaba 6,45 euros en el supermercado. La diferencia entre ambos precios era de 3,52 euros por kilo, con un diferencial del 252%.
En abril de 2026, el ganadero recibe 1,30 euros por kilo. El consumidor paga 6,90 euros. La diferencia ha escalado hasta 5,31 euros por kilo y el diferencial al 431%.
En dos años, el ganadero ha perdido 53 céntimos por kilo. El consumidor paga 45 céntimos más. Y el margen que se queda la cadena de distribución e industria cárnica ha crecido en 179 puntos porcentuales. Ese dinero no ha desaparecido: ha cambiado de bolsillo.
Por qué no ha bajado el precio en el supermercado
La lógica del mercado dicta que cuando el precio de un producto baja en origen, esa bajada debería trasladarse —al menos en parte— al consumidor final. No ha ocurrido en este caso.
COAG lo documenta con claridad: a lo largo de 2025 y principios de 2026, mientras el ganadero sufría una caída continuada de sus ingresos, el precio en el supermercado no solo se mantenía estable sino que seguía subiendo, alcanzando su máximo histórico en abril de 2026.
La explicación que apunta la organización agraria es una transferencia neta de rentas desde el productor hacia la cadena de distribución e industria cárnica. Los intermediarios —mataderos, industria de transformación, grandes superficies— han absorbido la bajada del precio en origen como margen adicional en lugar de trasladarla al consumidor.
El resultado es que ninguno de los dos extremos de la cadena sale beneficiado: ni el ganadero, que sigue cobrando por debajo de lo que cobraba hace dos años, ni el consumidor, que paga más que nunca por el mismo producto.
A ese problema se suma el impacto de la Guerra en Irán sobre los costes de producción. Los ganaderos han visto cómo sus gastos —piensos, energía, transporte— han subido por el conflicto mientras sus ingresos por kilo caían. Una combinación que está poniendo en serio aprieto la viabilidad económica de muchas explotaciones de porcino en Aragón y en el resto de España.
Lo que COAG exige al Ministerio
COAG no se limita a denunciar los datos. La organización reclama al Ministerio de Agricultura —en concreto al Director General de Alimentación, José Miguel Herrero— la actualización y publicación de los estudios de cadena de valor y costes de los alimentos básicos más consumidos.
El argumento es contundente: el último estudio publicado por el MAPA sobre el sector del porcino data de 2013. Trece años de antigüedad con datos totalmente obsoletos sobre márgenes y costes de cada eslabón de la cadena. En ese tiempo, el sector ha cambiado radicalmente, los costes han subido y los márgenes de distribución han crecido de forma exponencial, pero no existe una referencia pública actualizada que lo documente.
"No es una petición menor. Es precisamente una forma de fortalecer la transparencia desde lo público. Sin embargo, esos estudios dejaron de realizarse. Y con ello, el Estado dejó de ofrecer una referencia clara y accesible sobre cómo evolucionan los precios a lo largo de la cadena. Es una dejación de funciones negligente", afirmó Andoni García, responsable de Cadena Alimentaria de COAG.
La organización también reclama la recuperación de la publicación oficial de precios origen-destino que el propio Ministerio realizaba hasta 2017 y que dejó de publicarse sin explicación pública suficiente. Sin esa referencia, es imposible para el consumidor —y difícil incluso para los propios productores— conocer en tiempo real cómo se distribuyen los márgenes a lo largo de la cadena alimentaria.
Qué significa esto para el ganadero aragonés
Aragón es una de las comunidades autónomas con mayor peso del sector porcino en su economía agraria. Las explotaciones de cerdo —especialmente en comarcas como Los Monegros, Cinco Villas o el Bajo Aragón— son una parte fundamental del tejido productivo rural aragonés. Cuando el precio en origen cae un 28,9% en dos años, las consecuencias se sienten en esas explotaciones directamente.
Un ganadero que en 2024 ingresaba 1,83 euros por kilo y hoy ingresa 1,30 euros está cobrando 53 céntimos menos por cada kilo vendido.
En una explotación mediana que puede mover decenas de miles de kilos al año, esa diferencia se traduce en pérdidas de decenas de miles de euros en ingresos. Con los costes de producción al alza por la energía y los piensos, muchas explotaciones están trabajando en el límite de la rentabilidad o directamente por debajo de ella.
Lo que los datos del IPOD analizados por COAG ponen de manifiesto es que esa situación no es una consecuencia inevitable del mercado.
Es el resultado de una cadena de distribución que ha aprovechado la caída de precios en origen para ampliar sus márgenes en lugar de trasladar el beneficio al consumidor. Y de un Estado que lleva años sin publicar los datos que permitirían documentarlo con rigor.