"Hace cincuenta años no habría funcionado": el 'oro verde' que conquista el sur de Francia y deja a España por detrás
Benoît Dufay es agricultor en La Bastidonne, un pueblo de menos de mil habitantes en Provenza, en el sureste de Francia. Lleva años observando algo que los científicos tardaron más en reconocer: "Desde 2018, hemos visto que el clima aquí ha cambiado aún más rápido de lo que los científicos habían predicho."
Y ese cambio, que para muchos agricultores es una amenaza, para él y para decenas de productores de la región se ha convertido en una oportunidad inesperada: el pistacho.
El sureste de Francia está considerado uno de los puntos críticos del cambio climático en Europa, donde sus efectos se perciben antes y con mayor intensidad que en el resto del continente. Las temperaturas aumentan más rápido que en otras regiones francesas y la sequía se intensifica cada año.
"Sumado a una sequía más intensa, está poniendo patas arriba la región", afirma Dufay. "En la agricultura, seguimos constantemente la evolución."
Por qué el pistacho funciona donde antes no funcionaba
El pistacho silvestre es originario de las mesetas de Irán. Llegó a la cuenca mediterránea a través de los romanos pero su presencia disminuyó en el siglo XIX. El cambio climático está revirtiendo esa tendencia con una velocidad que sorprende incluso a los propios agricultores.
El árbol tiene unas preferencias muy concretas: "Le gusta el sol y detesta tener los pies mojados, por lo que un suelo seco y rocoso le favorece. Al mismo tiempo necesita viento para la polinización", explica Dufay.
En Provenza esas condiciones se dan de forma casi perfecta gracias a la combinación del calor creciente, la sequía y el mistral, el viento fuerte y seco característico del sureste francés que a menudo perjudica a otros cultivos pero que resulta ser una ventaja inesperada para el pistacho.
"Hace cincuenta años, esto probablemente no habría funcionado aquí", reconoce Dufay. Hoy funciona. Y cada vez más agricultores de la región lo están descubriendo.
De la viña al pistacho: una apuesta a doce años
Los agricultores Émilie y Fabien son uno de los ejemplos más claros de esta transformación. Han decidido convertir sus viñedos en plantaciones de pistacho ante la presión creciente de la sequía sobre sus cultivos tradicionales. Pero tienen muy claro que no es una decisión que dé resultados inmediatos.
"El verano pasado recogimos nuestra primera cosecha: cuatro kilos, aún insuficiente para vender. El pistacho es una apuesta a largo plazo", explican. "Tarda entre seis y siete años en dar una producción significativa y no es rentable hasta pasados diez o doce años."
Es una inversión que exige paciencia, capital y convicción. Pero quienes han apostado por ella lo hacen con la certeza de que el clima de Provenza va a seguir cambiando en la misma dirección y de que la demanda de pistacho no va a caer.
El boom del pistacho: de Dubái a TikTok
La apuesta por el pistacho en Provenza coincide con un momento de explosión de la demanda global del producto. El chocolate relleno de crema de pistacho popularizado desde Dubái a través de TikTok ha convertido este fruto seco en uno de los productos gastronómicos más buscados de los últimos años. Un fenómeno viral que ha tensado el mercado y elevado los precios en toda Europa.
Para los agricultores franceses que llevan años plantando pistachos esa tendencia es una validación de su apuesta. Para quienes acaban de empezar es un incentivo adicional para aguantar los años de espera hasta que la plantación sea rentable.
La lección para Aragón
La historia de Provenza no es ajena a Aragón. La comunidad aragonesa comparte con el sureste francés muchas de las condiciones que están haciendo viable el pistacho al otro lado de los Pirineos: sol intenso, suelos secos, escasez de agua y un cambio climático que avanza a la misma velocidad.
De hecho ya hay productores aragoneses que llevan años experimentando con el pistacho en comarcas como el Bajo Aragón y las Cinco Villas con resultados prometedores.
Lo que está pasando en Provenza es un anticipo de lo que puede pasar en Aragón. Y los agricultores aragoneses que miran al sur de Francia ya lo saben.