El pueblo de Huesca donde Erik el Belga 'se puso las botas' y robó obras de arte

Roda de Isábena, la catedral más pequeña de España y joya pirenaica, fue víctima en 1979 del ladrón más famoso de arte religioso en Europa

A 907 metros de altitud, encaramada sobre un promontorio entre las sierras de Sis, Chordal y Esdolomada, se alza Roda de Isábena, una localidad oscense que desafía a su tamaño. Apenas 25 vecinos resisten los inviernos, aunque el censo se acerca a medio centenar.

Sin embargo, su legado histórico, artístico y religioso podría llenar una ciudad entera. Lo que hoy parece un pequeño pueblo fue en su día capital condal, sede episcopal y hogar de la que fue la catedral más pequeña de España y la más antigua de Aragón.

De capital medieval a joya perdida en el prepirineo

La llegada a Roda de Isábena ya es un viaje en el tiempo. La carretera muere antes de entrar, obligando al visitante a hacerlo a pie, como si el siglo XXI quedara fuera.

Su origen fue militar: primero fortaleza romana y más tarde capital del condado de Ribagorza en el siglo X. En 956 se consagró su sede episcopal, desde donde se organizaba un amplio territorio clave para el naciente Reino de Aragón.

Su centro espiritual, la catedral de San Vicente Mártir, se alza como un compendio del románico. Tras su destrucción en el año 1006 por las tropas de Abd al-Málik, hijo de Almanzor, fue reconstruida una década después por maestros lombardos.

El claustro conserva 191 inscripciones funerarias románicas, el mayor registro de este estilo en España. Bajo el altar, las criptas guardan el sarcófago de san Ramón, obispo venerado en la Edad Media.

Erik el Belga y el saqueo del tesoro de san Ramón

Entre las obras más singulares de la catedral se encuentra la llamada silla de san Ramón, considerada la pieza de mobiliario de madera más antigua de la península ibérica, tallada en boj y con figuras fantásticas.

Y fue precisamente esta pieza la que convirtió a Roda en objetivo del ladrón de arte sacro más conocido de Europa: Erik el Belga. En 1979 el delincuente entró en el templo y robó la silla, desmembrándola para venderla por piezas.

Parte de ella fue recuperada años después por la policía y hoy se expone reconstruida en metacrilato, como un puzzle fragmentado que narra no solo su belleza, sino la fragilidad del patrimonio rural.

Mucho más que una catedral: museo, gastronomía y paisaje

La localidad conserva otros tesoros, como el Palacio del Prior (siglo XVI) y un lugar sorprendente: el Museo de la Era de Vicén, obra de Vicente Ballarín, vecino que regresó al pueblo tras una vida vinculada al comercio marítimo. Su colección reúne: aperos de labranza y objetos etnográficos de la antigua vida rural, más de 410 maquetas de aviones y un museo naval en pleno Pirineo, con barcos en miniatura que rinden homenaje a su trayectoria personal.

En Roda, el disfrute también pasa por la mesa. La Hospedería de Roda de Isábena, ubicada en el antiguo refectorio de los canónigos de la catedral, ofrece una experiencia gastronómica dentro de un edificio que fue poder eclesiástico. A pocos metros, la Posada del Isábena mantiene los sabores tradicionales del territorio: carnes, embutidos y productos de proximidad.

Un balcón natural del Pirineo

El valle del Isábena es un escenario privilegiado para senderistas, geólogos, micólogos y amantes de la fotografía. Sus estratos rocosos conservan más de 60 millones de años de historia geológica, y sus bosques son terrenos fértiles para setas y trufas.

En sus cielos planean buitres leonados y quebrantahuesos, mientras el río Isábena discurre como un hilo sonoro que rompe el silencio dominante.

La paradoja de Roda

Un pequeño pueblo con 25 habitantes capaz de custodiar un patrimonio digno de una capital medieval; un lugar lo suficientemente escondido para sobrevivir y lo suficientemente valioso para haber tentado a ladrones como Erik el Belga.

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