Álvaro Sierra (HOY ARAGÓN): "Nos estamos consolidando. Con pasos firmes, sumando lectores y diversificando el negocio"
El director y socio fundador de HOY ARAGÓN, Álvaro Sierra, hace balance de un 2024 en el que el medio de comunicación ha evolucionado a un nuevo estadio: un grupo de comunicación con más empresas y líneas de negocio que basa su futuro en el crecimiento sostenido, la solvencia periodística y la visión innovadora.
Hay un privilegio y una responsabilidad en un medio de comunicación, y son la misma cosa: ser testigos de la realidad cambiante y a menudo esquiva, y trasladarla a los ciudadanos de la forma en la que la demandan. HOY ARAGÓN se ha arraigado en el último año haciendo periodismo para su creciente audiencia, y las cifras lo avalan: más de 1,5 millones de lectores mensuales y más de 280.000 seguidores en redes sociales.
Además, ha dado un nuevo paso en su vínculo con la sociedad aragonesa, con iniciativas como los Premios MIA o los Premios Cotizar, entre otros eventos, dando voz y poniendo cara a las personas con historias que merecen ser contadas. Y el nuevo año trae también nuevos proyectos para un periódico digital instalado en la evolución, pero con la esencia intacta de su fundación en 2017.
El director y socio fundador de HOY ARAGÓN, Álvaro Sierra, analiza el camino recorrido, lo que viene por delante y el contexto en el que navega: una Comunidad aragonesa que alcanza logros y también se enfrenta a retos importantes.
PREGUNTA: Para HOY ARAGÓN, 2024 ha sido un año muy intenso y de cambios sustanciales. ¿Cuál es su balance general y en qué se diferencia el diario de hoy con el de hace doce meses?
RESPUESTA: Creo sinceramente que HOY ARAGÓN se ha quitado los complejos y los lastres. 2024 ha sido un año de crecimiento, de solvencia y de visión de futuro. El crecimiento lo ampara el número de lectores y el aumento en el volumen de ventas con respecto a 2023.
Me refiero a la solvencia porque considero que hemos sabido hacer bien las cosas. Esa confianza que nos da el lector cada día en la web del periódico, el seguidor en redes sociales con miles de interacciones diarias y el cliente que confía y apuesta en nuestra influencia hace que nos consolidemos. Nos afianza cada día. Y todo sin perder el ritmo ni el aliento. El periodismo, y más el digital, es muy esclavo en su necesidad de audiencia pero seguimos manteniendo una buena y creciente tendencia.
Y las expectativas de 2025 son incluso mejores: nos afianza el número de lectores, la cuenta de resultados y la diversificación del negocio. Porque al final esto es una empresa. Por mucho que nos guíe una filosofía clara y una vocación por el periodismo, los números tienen que sustentar a la compañía.
Una de las grandes diferencias respecto a los orígenes de HOY ARAGÓN es que el medio de comunicación se ha lanzado plenamente a llevar a cabo nuevas iniciativas, tales como suplementos o especiales temáticos y, muy significativamente, la organización de eventos, que han gozado de un respaldo institucional y empresarial pleno. ¿Para qué sirven estos encuentros y qué ha empujado a desarrollarlos?
De alguna forma debíamos institucionalizarnos el mundo offline, mediante eventos públicos. El buen hacer que llevábamos años mostrando online debía contagiarse en eventos institucionales, empresariales y sociales. Lo hemos sabido hacer y, me atrevo a decir, que con un acierto absoluto.
Esa línea diferente, diferencial, de eventos desarrollados por HOY ARAGÓN no hace en otros medios de comunicación, y puedo adelantar que hemos abierto una ventana que permitirá llevar a cabo muchas más iniciativas de este tipo en el futuro.
Por otra parte, somos conscientes de que, a nivel de negocio, no podemos poner todos los huevos en la misma cesta de lo que es la publicidad orgánica en una web o un medio de comunicación. Hay que diversificar, y los eventos son una realidad que cada vez tiene más aceptación social, empresarial e institucional. Hace que la gente quiera conocer, participar y acudir.
En tercer lugar, ya no solo por estrategia periodística y empresarial, sino que hemos sabido muy bien dar con qué tipo de eventos. No desarrollamos cualquier iniciativa de este tipo, solo aquellas que no se hacían antes, de una manera distinta. Nadie había premiado a las mujeres influyentes de Aragón. Nadie había organizado un evento con los líderes de menos de 40 años del futuro. Nadie había propuesto un premio de tanto reconocimiento como el de Mejor CEO, la Mejor Trayectoria o el Talento Emergente en un mismo acto.
Hace hincapié en lo distinto, y HOY ARAGÓN siempre ha sido un medio con una filosofía particular y con la vocación de ocupar un espacio que nadie ocupaba. Ahora, a final de 2024, ¿considera que el diario ha sabido ocupar ese espacio?
Los primeros años, decía mucho que HOY ARAGÓN estaba gateando. En 2023, decía que HOY ARAGÓN empezaba a andar deprisa. No estamos corriendo, no queremos acelerarnos, porque este es un proyecto de 20, 30 o 50 años. Pero estamos creciendo a una velocidad importante y afianzando cada hito.
No obstante, creo que sí ocupamos nuestro espacio. Nos estamos consolidando como medio. Dando pasos firmes y solventes. Hemos encontrado un hueco y ya muchos aragoneses se informan antes por HOY ARAGÓN que por otro medio. Tienen mayor capacidad de decisión, de compra, de voto o de análisis por HOY ARAGÓN que por otro medio u otra cuenta en redes sociales. Y la gente cada vez quiere interactuar más con las historias que contamos, con las informaciones que damos y la forma que tenemos de entender lo que es un medio de comunicación y lo que es el periodismo en el mundo que vivimos.
¿Qué ha confirmado este 2024 en la hoja de ruta del Plan Estratégico de HOY ARAGÓN hasta 2026?
Que HOY ARAGÓN ya no es solo HOY ARAGÓN. Estamos empezando a construir un grupo de comunicación. En 2024 hemos constituído Gibbon como agencia de Marketing y Eventos, la cual ya tiene un volumen de ventas importante y está creciendo con solvencia. Los eventos que ha llevado a cabo HOY ARAGÓN son marca y seña de identidad de Gibbon, y son éxito absoluto. El próximo año queremos seguir creciendo en esta línea y seguir añadiendo a este grupo de comunicación nuevas marcas y nuevas iniciativas.
Hablemos del contexto: Aragón en general, y Zaragoza en particular, se encuentran en un punto de la legislatura que ha alcanzado su madurez, consolidando proyectos concebidos en su inicio. ¿Qué cree que se está haciendo bien?
Diría tres razones por las que Aragón, o Zaragoza y su entorno, está en el foco ahora mismo, principalmente en el ámbito económico y de atracción de inversiones. Lo primero que creo es que en Aragón hemos sido leales, fieles y consecuentes con lo que somos. Reclamamos lo que nos merecemos, y no más de lo que nos merecemos. El carácter aragonés genera confianza para los negocios y las inversiones.
Lo segundo es la paz social: es una evidencia que aquí, a pesar de la riña política del día a día, hay un consenso en las cuestiones básicas. Estoy hablando de seguridad jurídica, atracción de inversiones y la defensa del Estado del bienestar. La institucionalidad de los grupos políticos, principalmente por parte del Partido Popular y del Partido Socialista, se sigue manteniendo, a pesar de que la bronca es más acentuada en el resto del país.
La seguridad jurídica y la captación de inversiones no entienden de ideologías. No debe haber prejuicios. Da igual que seas de derechas que de izquierdas. Todos aquellos líderes políticos que han tomado decisiones en los últimos años han sabido entender que la captación de inversiones propicia más pago de impuestos y que éstos mejoren el Estado del bienestar. Eso hace que hoy Aragón esté destacando por encima de la media.
A menudo contemplamos un escenario político nacional fuertemente crispado, falto de ideas transformadoras, en el que los representantes públicos se limitan a tirarse los trastos a la cabeza. ¿Considera que Aragón está siendo un modelo de cómo debería ejercerse la política?
Sí, absolutamente. No obstante –y esto es un mea culpa que tenemos que entonar desde los medios de comunicación-, muchas veces ponemos excesivo foco mediático y periodístico en lo que sucede en la M-30 y en la carrera de San Jerónimo. España es mucho más que Madrid y el Congreso de los Diputados y, quizá, en el periodismo nacional haría falta hacer más información de los que sucede en otros territorios, alejados de prejuicios, ideologías y oportunismos.
Aragón es un ejemplo, evidentemente. Aquí, en cuestiones que no son coyunturales sino a largo plazo, la paz social es un bien tanto tangible como intangible. Es aplicar ese mensaje más que manido: los gobiernos deben estar más en las futuras generaciones que en el cortoplacismo. Aragón, en lo básico e importante, piensa de aquí a 50 años. Se nos queda corto 2030.
Esto se traslada fácilmente a las inversiones que está recibiendo la Comunidad.
Exacto. No son de hoy para mañana; son grandes proyectos milmillonarios que asientan población y economía, y vertebran el territorio de aquí a 2050. O más. Si en los años 80 hablábamos de General Motors y seguimos hablando ahora de que el impacto de Stellantis y su industria auxiliar genera más de un 6% del PIB o un 30% del empleo industrial, qué no se dirá dentro de 20 o 30 años sobre los centros de datos, sobre la agroindustria –con el proyecto clave del Grupo Costa-, sobre la gigafactoría de baterías de Stellantis o sobre las energías renovables capitalizadas por Forestalia y otras empresas.
Cerramos 2024 con grandes anuncios en este sentido, como la mencionada gigafactoría del Grupo Stellantis en Figueruelas, que se suma a otros proyectos muy ambiciosos en marcha, como el despliegue de BonÀrea en Épila o el que comentaba del Grupo Costa. ¿Qué hace posible que Aragón se esté posicionando de esta forma en cuanto a atracción de inversiones?
Una clave es el territorio: Aragón es el 10% de la geografía nacional. Es decir, tenemos territorio para aburrir y lo que las empresas necesitan es suelo. Invertir en Zaragoza, que es la plaza con el suelo industrial más caro de la Comunidad, es mucho más competitivo que hacerlo en Madrid, Barcelona, Valencia o Bilbao.
Aragón es competitivo en suelo y es competitivo en energía. Lo estamos viendo con la apuesta por las renovables: que la Comunidad sea capaz ya de obtener de ellas el 80% de su consumo es un éxito absoluto. Ese buen hacer va ligado también al autoconsumo: cuando se implanta una industria pesada que genera mucho volumen de producción, necesita autoabastercerse, por lo tanto cuando das facilidades para que puedan autoproducir su energía, tienes mucho terreno ganado.
Hay aciertos, pero también desafíos. ¿Cuáles son en su opinión los más importantes a los que se enfrenta Aragón?
Creo que Aragón tiene dos retos. Uno de ellos es bajar de las musas al teatro: las nuevas inversiones suenan de maravilla, la música nos gusta, pero hay que hacer eso tangible. El otro desafío es generar, con esa industria tecnológica que llega, un ecosistema de alto valor añadido en torno a las inversiones en los centros de datos.
La Virginia europea, como dice el presidente Azcón, suena espectacular: que alrededor de los centros de datos, las universidades apuesten por los ingenieros informáticos, que las empresas aragonesas sigan contratando y creciendo desde el punto de vista tecnológico… Ese es el verdadero cambio y reto. Que no todo quede en sólo grandes centros de datos repartidos por el territorio.
Volviendo a General Motors, lo que significó cuando llegó a Figueruelas y revolucionó el sector de la automoción, generando una industria auxiliar, pues lo mismo: que alrededor de los centros de datos se conforme un hub del sector.
Un medio de comunicación tiene un input muy valioso: conocer el pulso social del día a día. ¿Cómo definiría el estado de la ciudadanía aragonesa en este momento?
Creo que estamos perdiendo cada vez más lo identitario o lo autóctono, lo que nos hace únicos. Adoptamos, de manera cada vez más reiterada, formas de entender la política, la sociedad, la economía, etc. como las del resto de España. Pero Aragón, históricamente y ahora también, tiene connotaciones distintas, ni mejores ni peores, pero sí distintas.
A la vez, en el plano económico, considero que los aragoneses viven mejor ahora que hace años. El cambio ha sido sustancial con el autogobierno, pero aún conviene explicar bien por qué hay dos velocidades, la diferencia entre las inversiones que anuncian las grandes empresas en la comunidad o la todavía lenta apuesta de los sucesivos gobiernos centrales en infraestructuras históricas que reclama Aragón.
Y, ligado a todo ello, pienso que en Aragón no nos suele gustar levantar la cabeza para reclamar lo que nos merecemos. En ciertas cuestiones, seguimos siendo un territorio de segunda, y hablo de ámbitos tan diversos como las infraestructuras o la cultura. No nos merecemos un nacionalismo aragonés excluyente, pero debemos ser más identitarios y recordar que aquí las cosas se hacen bien y tenemos el mismo derecho que otros que gritan en exceso o tienen más peso político en Madrid.