Opinión | La gran certidumbre del 2025; por David Álvarez (Deloitte)
En nada comenzamos un nuevo año, y, también, para la mayoría de las empresas, un nuevo ejercicio económico. Con prácticamente la totalidad de los presupuestos empresariales ya cerrados, en mayor o menor medida, el contexto macroeconómico, geopolítico y sectorial ha sido evaluado.
Desde hace ya unos años, estos presupuestos tienen entrelazada la palabra incertidumbre, y el 2025 no va a ser menos: impacto de las medidas anunciadas por Trump, algunas con sesgo inflacionista; informe Draghi con líneas estratégicas para impulsar la economía europea donde es clave la unión, la determinación y la obtención de la financiación; China posicionándose como referente en innovación; y un largo etcétera.
Pero si bien es cierto que 2025 es un año de incertidumbres que escapan de los ámbitos de decisión de los máximos ejecutivos de las compañías aragonesas, también es de certidumbres cuya gestión es responsabilidad directa de nuestros líderes empresariales y económicos. Más allá del optimismo que conllevan las inversiones anunciadas en Aragón durante los últimos meses (centros de datos, gigafactoría, …), que impulsarán nuestro PIB, tenemos la certeza de que todos los sectores de actividad económica tienen la oportunidad de activar procesos de transformación empresarial que generen un incremento de la productividad compatible con el mantenimiento del empleo, impulsando, así, el crecimiento.
Y tenemos una gran baza. Contamos con un tejido empresarial que está sabiendo leer este contexto y que afronta, como claves, aspectos realmente estratégicos para nuestro futuro como son la innovación, la gestión del talento, la sostenibilidad y el crecimiento inorgánico.
Sobre la innovación se tiende a pensar que está muy vinculada al tamaño de las empresas, pero, en realidad, numerosos procesos de innovación se están desarrollando a través de alianzas entre compañías, incluso de sectores distintos, o de la mano de universidades y centros tecnológicos. En Aragón, sectores como el agroalimentario, cuentan con una amplia lista de innovaciones en áreas como, por ejemplo, la eficiencia en cultivos o la gestión de subproductos, críticas en mercados globales y altamente competitivos.
En cuanto a la gestión del talento, las perspectivas hacen prever alta demanda de profesionales. Más allá de contar con políticas y que el sistema educativo siga evolucionando para fomentar más la empleabilidad y el emprendimiento -cuyos resultados veremos más a medio y largo plazo-, muchas empresas están reforzando su inversión en formación y reskilling, identificando y desarrollando proyectos y líderes dentro de nuestras organizaciones. Sectores como el tecnológico llevan años ejemplificando, aquí, como esta palanca puede ser generadora de oportunidades.
Respecto a la sostenibilidad, más allá de visualizarla como un asunto de mero cumplimiento regulatorio, compañías aragonesas lo están encarando desde el convencimiento, encontrando ventajas competitivas valoradas por el mercado. De nuevo, alianzas con clientes y proveedores se muestran relevantes para detectar, desarrollar y construir estas. Aquí encontramos ejemplos muy ilustrativos en un sector tan estratégico para Aragón como el de la logística y, también, en compañías industriales donde la palabra circularidad hace años que forma parte de su estrategia.
Finalmente, las operaciones de crecimiento inorgánico también están demostrando ser una herramienta importante tanto para el desarrollo de procesos de innovación, como para eliminar incertidumbres, riesgos o dependencias de nuestra cadena de valor o para ganar tamaño ante mercados cada vez más competitivos. Hoy, el número de operaciones corporativas en Aragón se sitúa por encima claramente de las del ejercicio precedente.
De cómo afrontemos estas cuestiones, dependerá en gran medida la prosperidad económica y social de nuestra tierra. El reto es ilusionante y requiere del compromiso conjunto de los agentes sociales, económicos e institucionales. El 2025 ya está aquí, tenemos trabajo por delante y todo lo necesario: buena planificación, equipos directivos excelentes, talento preparado y capacidad de transformación. Pongámonos a ello.
*David Álvarez es socio responsable de Deloitte en Aragón y La Rioja