Fernando Rodrigo (ADEA): "Si mejoramos nuestra productividad, llegarán más inversiones, empleo y exportaciones"
En pleno ciclo de inversión industrial y transformación tecnológica, Aragón encara 2026 con más oportunidades que nunca, y con decisiones estratégicas que no admiten demora. Productividad, talento y ejecución se sitúan en el centro del debate económico de la Comunidad, en un momento en el que las cifras deben traducirse en competitividad real y arraigo empresarial.
Fernando Rodrigo, presidente de ADEA, analiza el escenario que se abre ante las empresas aragonesas, señala los principales frenos al crecimiento y marca las prioridades para convertir la inversión en un verdadero cambio de modelo productivo.
PREGUNTA. Si tuviera que resumir el 2026 económico de Aragón en una sola frase, ¿cuál sería y por qué?
RESPUESTA. Aragón afronta 2026 con una oportunidad histórica: que las elevadas inversiones anunciadas para Aragón den inicio a un gran ciclo económico de crecimiento sólido basado en la productividad y la tecnología, con más y mejores empleos, fortaleciendo nuestro tejido empresarial más fuerte y todo ello sin perder las raíces aragonesas.
¿Qué indicador miraría cada mes para saber si Aragón va bien: empleo, exportaciones, inversión, productividad?
Miraría, sin duda, la productividad, porque es el indicador que mejor refleja la salud real de nuestra economía.
Si mejoramos nuestra productividad, llegarán más inversiones, más empleo y más exportaciones. Empleo, inversión o exportaciones pueden crecer sin que mejore el valor generado, por lo que el PIB per cápita no mejorará.
La productividad nos dice si estamos utilizando mejor el talento, la tecnología y el capital. Y es ahí donde Aragón se juega su competitividad futura frente a otros territorios de España, de Europa y del mundo.
¿Qué está frenando más a las empresas aragonesas ahora mismo: falta de talento, costes energéticos, financiación, burocracia, suelo industrial, vivienda para atraer perfiles…?
El principal freno es una la falta de talento cualificado y el reto es formarlo, atraerlo y retenerlo. En esto último son determinantes factores como vivienda, formación y agilidad administrativa.
Son muchas las empresas que quieren crecer, innovar o internacionalizarse, pero no siempre encuentran los perfiles adecuados o las condiciones necesarias para incorporarlos con rapidez. Esto es especialmente visible en sectores industriales, tecnológicos y logísticos donde Aragón está creciendo por encima de otros territorios.
¿Cuál sería la medida más rápida y efectiva para destrabar ese freno en 2026?
Impulsar acuerdos prácticos y operativos entre empresas, administraciones y sistema educativo, con objetivos claros y medibles.
Algunas medidas prácticas podrían ser reforzar la formación dual alineada con necesidades reales, medidas que faciliten el acceso a la vivienda a los más jóvenes o la digitalización de procesos administrativos para reducir los plazos lastrados por la carga burocrática. No son grandes reformas teóricas, sino decisiones concretas que tienen impacto inmediato en la competitividad.
La economía europea está obsesionada con la productividad. ¿Qué debería hacer Aragón en 2026 para “producir más y mejor”: digitalización real, IA, automatización, formación dual, cambios organizativos?
Aragón lleva tiempo haciendo muy bien sus deberes y la prioridad en este momento no es la estrategia sino la ejecución.
La digitalización, la IA o la automatización ya no son opcionales y deben aplicarse de forma práctica, con el agravante del tamaño de las empresas aragonesas. Además, hay un elemento clave que no debemos olvidar: los cambios organizativos. Mejorar procesos, formar a mandos intermedios, revisar modelos de liderazgo y fomentar culturas empresariales más ágiles y colaborativas. La productividad no depende solo de tecnología, sino de cómo ésta se pone a trabajar al servicio de cada empresa.
¿En qué sectores ve una oportunidad inmediata y en cuáles hay riesgo de quedarse atrás?
Las oportunidades están claras en industria avanzada, logística, defensa, agroalimentación tecnificada, energías y tecnología aplicada. Aragón tiene posición geográfica, tradición industrial y capacidad de atracción.
El riesgo está en que algunos sectores de servicios no den el salto tecnológico a tiempo lastrados por el tamaño de sus pymes. Si no incorporan digitalización, talento y nuevos modelos de gestión, pueden perder el tren de la competitividad.
Aragón vive un ciclo fuerte de inversión industrial y tecnológica. ¿Cuál es la prioridad: captar más proyectos o asegurar que los que llegan “enraícen”?
Ahora mismo la prioridad debe ser la ejecución de esos planes de inversión mientras nos aseguramos de su arraigo para conseguir que Aragón genere un círculo virtuoso similar al que supuso en su momento la factoría de General Motors.
Captar proyectos es importante, pero el verdadero impacto económico llega cuando las empresas se integran en el territorio, colaboran con proveedores locales, generan talento y toman decisiones estratégicas desde Aragón. Eso es lo que construye un ecosistema fuerte y sostenible.
¿Qué le pediría ADEA a las administraciones para que esa inversión se convierta en un salto de competitividad y no solo en cifras?
Desde ADEA pedimos estabilidad, coordinación y diálogo continuo, aspectos que han sido clave para que Aragón se haya convertido en un modelo de éxito que otras regiones están utilizando como ejemplo.
Las políticas económicas funcionan mejor cuando se diseñan escuchando a quienes gestionan empresas cada día. Hace falta continuidad en el tiempo, menos fragmentación y una visión compartida de territorio que debe ir más allá de ideologías políticas porque las reformas estructurales requieren de más tiempo que una legislatura.
¿Qué consejo daría al empresario aragonés para 2026: cautela, inversión, diversificación, alianzas…?
Le diría que combine ambición con prudencia. Afrontamos un momento histórico que puede cambiar el devenir de nuestra Comunidad, por lo que hace falta valentía para invertir. Pero no es menos cierto que el contexto económico global no está exento de riesgos, así que hay que actuar con cautela.
Una receta de éxito que combina ambición y prudencia es aumentar el tamaño de nuestras empresas, profesionalizando estructuras y buscando alianzas estratégicas. Compartir conocimiento, colaborar con otros empresarios y abrirse a nuevas formas de liderazgo será clave para competir en un entorno cada vez más exigente.
En ADEA llevamos tiempo impulsando este enfoque de reflexión y acción. Este año lo hemos hecho visible con encuentros de alto nivel. El último de ellos fue el Foro ADEA con Felipe González que celebramos en Teruel, donde se habló de liderazgo, territorio, empresa y visión de país.
Desde ADEA seguiremos trabajando para conectar a los directivos que están cambiando Aragón y convertir las ideas en decisiones reales, siempre desde una mirada humana, rigurosa y comprometida con el futuro del territorio.