El Cairo ya no es la capital de Egipto: así es la mega ciudad construida en pleno desierto

La problemática de El Cairo, superpoblada y en pleno crecimiento demográfico, es uno de los motivos subyacentes de este proyecto

En la era contemporánea, la construcción de megaciudades emerge como una respuesta a la urbanización acelerada. Mientras que Arabia Saudí y Qatar buscan consolidarse en este frente con proyectos como Neom y las infraestructuras para el Mundial de Fútbol, Egipto no se queda atrás y anuncia su ambiciosa Nueva Capital Administrativa.

La visión de un Egipto moderno liderada por el presidente Abdel Fattah Al Sisi, promete transformar la identidad urbana del país. La Nueva Capital Administrativa será un epicentro de innovación y modernidad, con rascacielos – incluyendo el que será el edificio más alto de África – aeropuertos de última generación, universidades de vanguardia, y centros comerciales que aspiran a ser referencia mundial.

Pero más allá de la ostentación y la infraestructura, el verdadero reto, como señala Al Sisi, es lograr que esta ciudad se convierta en un hogar vibrante y sostenible para sus habitantes.

La problemática de El Cairo, superpoblada y en pleno crecimiento demográfico, es uno de los motivos subyacentes de este proyecto. La capital actual se encuentra asfixiada con edificios en declive, tráfico desbordante y una infraestructura que lucha por mantenerse al día.

La Nueva Capital, situada a 50 kilómetros de distancia, promete ser un respiro. Con un espacio que emula las dimensiones combinadas de Madrid y Barcelona, se espera que albergue a 6.5 millones de habitantes.

El corazón financiero de esta nueva ciudad es otro de sus puntos fuertes. No obstante, existe cierta reticencia en el mundo empresarial. La reubicación de grandes entidades financieras y la consolidación del mercado bursátil en este nuevo espacio es un proceso que requiere tiempo y confianza.

Como apunta Sameh El Alayli en Wall Street Journal, experto en planificación urbana, la población de la ciudad estará ligada directamente a su capacidad para atraer negocios.

Sin embargo, no todos ven el proyecto con buenos ojos. El Alayli también plantea que, más allá de los rascacielos y la modernidad, se debe pensar en las verdaderas necesidades del país.

El factor económico, evidentemente, no puede ser ignorado. Con un presupuesto inicial de 45.000 millones de dólares, la cifra ya ha sido superada en gastos y el conflicto en Ucrania ha añadido presiones inflacionarias al costo de construcción.