Ni Aínsa ni Benasque: el tesoro medieval del Pirineo que pasa desapercibido

Fue un importante centro agrícola, ganadero y forestal, y su influencia se reflejó en la arquitectura de muchos de sus edificios.
Iglesia de Borau. / Turismo de Aragón
Iglesia de Borau. / Turismo de Aragón

En los Pirineos, entre montañas que aún guardan secretos de tiempos pasados, se encuentran pequeños pueblos que parecen haber detenido el tiempo. Estos rincones, alejados del bullicio turístico, conservan un encanto único que transporta a sus visitantes a épocas medievales, cuando las historias de caballeros y monjes se entrelazaban con la vida cotidiana. 

Situado en la comarca de Jacetania, Borau es un ejemplo de la conservación de la arquitectura tradicional pirenaica. Sus calles angostas y empedradas, sus casas de piedra con tejados de pizarra y las chimeneas que se asoman tímidamente de los techos le dan una apariencia pintoresca, casi de cuento. A lo lejos, la iglesia del pueblo vigila desde lo alto y en sus alrededores, el paisaje de montañas y praderas invita a disfrutar de la tranquilidad que caracteriza a esta parte del Pirineo.

El casco urbano de Borau es un testimonio de su importancia en tiempos pasados. Aunque hoy día es un pueblo tranquilo, la villa tuvo en su época medieval un papel destacado en la región. En el siglo X, Borau fue un importante centro agrícola, ganadero y forestal, y su influencia se reflejó en la arquitectura de muchos de sus edificios. De hecho, el pueblo conserva aún algunas de sus estructuras más antiguas, lo que lo convierte en uno de los lugares mejor preservados del Valle del Aragón.

Un monasterio con historia

Sin embargo, uno de los grandes tesoros de Borau se encuentra en sus alrededores, en el paraje natural que rodea la ermita de San Adrián de Sasabe. Este antiguo monasterio, que data del siglo X, fue uno de los más importantes de la Alta Edad Media en Aragón. En su época, San Adrián de Sasabe llegó a ser sede episcopal del Reino de Aragón, un lugar de gran relevancia tanto religiosa como política.

Hoy en día, solo queda en pie la ermita y la tradición sostiene que en este monasterio se custodió durante un tiempo el Santo Grial. Aunque no se puede confirmar esta leyenda, el monasterio jugó un papel crucial en la historia del cristianismo en Aragón, siendo un refugio para los obispos de Huesca durante la invasión musulmana. En la actualidad, la ermita de San Adrián de Sasabe es uno de los monumentos más emblemáticos de la región, y su ubicación en medio de un paisaje natural de barrancos y montañas le da un valor añadido como destino de turismo rural.

El edificio es un claro ejemplo del arte románico aragonés, con una simple pero imponente estructura de una sola nave rectangular y un ábside semicircular. Su interior es austero, sin adornos, lo que acentúa la sobriedad del lugar. Sin embargo, en el exterior, la portada occidental presenta detalles arquitectónicos característicos del románico jaqués, como el ajedrezado que enmarca el arco de la puerta sur. 

Un destino para los amantes del turismo rural

Borau, con su rica herencia medieval y su entorno natural, es el destino perfecto para aquellos que buscan escapar del bullicio de la ciudad. Además de la ermita de San Adrián de Sasabe, el pueblo ofrece numerosas rutas de senderismo que permiten explorar el valle del Aragón y disfrutar de unas vistas espectaculares. El río Lubierre, que atraviesa el pueblo, y las montañas circundantes crean un entorno idóneo para la práctica de deportes al aire libre o simplemente para relajarse y desconectar.

La arquitectura bien conservada de Borau, junto a su cercanía con otros destinos de interés, como Jaca o el Parque Natural de los Valles Occidentales, hace que este pintoresco pueblo sea un punto de partida ideal para explorar los Pirineos. Borau es sin duda una de las joyas escondidas del Pirineo que merece ser descubierta.

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