La decisión de Becton Dickinson pilla por sorpresa a las instituciones suponiendo un gran revés para Aragón
La reciente decisión de la multinacional Becton Dickinson de cancelar su ambicioso proyecto de construcción de una planta de jeringuillas en Zaragoza ha generado una oleada de reacciones, como era de esperar, y una gran preocupación sobre el futuro industrial de la comunidad.
La fábrica, que ya había alcanzado un 80% de su ejecución y prometía una inversión de 206 millones de euros, ha sido repentinamente abandonada, dejando a Zaragoza y a la comunidad de Aragón en su conjunto sin un proyecto que suponía una gran repercusión en el tejido empresarial aragonés.
Una situación que más allá de la economía aragonesa, deja en el limbo a los 35 empleados que ya estaban operando en la factoría, muchos de ellos con perfiles en áreas especializadas como electromecánica, metrología, robótica y control de calidad de procesos, que se enfrentan ahora a un futuro incierto.
Javier Martínez, Director General de Política Económica del Gobierno de Aragón, ha calificado la decisión de Becton Dickinson como "una mala noticia", enfatizando en que se trata de una "decisión estrictamente empresarial".
Martínez ha subrayado que cuando se trata de grandes multinacionales, siempre existe la posibilidad de que decisiones tomadas lejos de Zaragoza, como un mal desempeño bursátil o un cambio en la dirección, puedan alterar los planes de expansión de una empresa. "Nuestra labor está en ayudar a los trabajadores a que se recoloquen lo antes posible y en seguir atrayendo nuevas empresas a Aragón", señaló, destacando el esfuerzo continuo del gobierno regional por fortalecer la economía local.
Julio Calvo, portavoz de VOX en el Ayuntamiento de Zaragoza, ha expresado su "desagrado" por la noticia, resaltando que el anuncio de Becton Dickinson llega cuando la fábrica estaba casi terminada, programada para estar a pleno rendimiento a principios de 2025.
Calvo ha querido reafirmar el compromiso de su grupo con la industrialización y el cuidado de los polígonos industriales, proponiendo mejoras en infraestructuras, seguridad y servicios para asegurar un futuro sólido para la economía aragonesa.
Fuentes del ayuntamiento de Zaragoza consultadas también han lamentado la cancelación del proyecto, describiéndolo como "un proyecto interesantísimo". Sin embargo, han manifestado su esperanza en que otras empresas puedan mostrar interés en las instalaciones, reafirmando que Zaragoza sigue siendo "uno de los grandes referentes de atracción de inversiones".
El impacto de esta cancelación es particularmente severo, dado que la planta había sido declarada de Interés Autonómico por su potencial de crear empleo y generar desarrollo económico. En su primera fase, se esperaba la creación de 150 puestos de trabajo cualificados, con la posibilidad de llegar a 600 empleados cuando todas las líneas de producción estuvieran en funcionamiento.
Además, la planta estaba diseñada para producir más de 400 millones de jeringuillas de vidrio anualmente, lo que habría convertido a Zaragoza en un referente en tecnología médica y manufactura avanzada.
REESTRUCTURACIÓN Y CAMBIOS ESTRATÉGICOS EN BECTON DICKINSON
La decisión de Becton Dickinson está aparentemente vinculada a una reestructuración interna, marcada por la reciente incorporación de Michael Feld como vicepresidente ejecutivo y presidente del segmento de ciencias biológicas. Esta reorientación estratégica a nivel global, junto con una caída del 15% en el valor de las acciones de la compañía en el último año, parece haber motivado la cancelación del proyecto en Zaragoza.
A pesar de la avanzada fase de construcción y las expectativas creadas, Becton Dickinson ha comunicado que, tras una revisión exhaustiva, se ha decidido optimizar sus operaciones utilizando instalaciones existentes en lugar de abrir la nueva fábrica en Zaragoza.
La cancelación de la fábrica de Becton Dickinson representa un revés significativo para Zaragoza y Aragón, truncando lo que se había presentado como un proyecto transformador para la comunidad. Mientras los trabajadores afectados y las autoridades locales intentan adaptarse a esta nueva realidad, queda por ver si otras oportunidades podrán llenar el vacío dejado por la retirada de esta multinacional. Lo que es claro es que la economía aragonesa se enfrenta a un desafío importante, uno que requerirá de esfuerzos redoblados para atraer nuevas inversiones y asegurar un futuro próspero para la región.